Discurso del 7o. Aniversario de RMCO web /16 octubre 2011-2018

Queridos hermanos/as, de “Red Mundial Cristiana de Oración”, “Oraciones Por la Vida”, “Red Mundial de Jesús y María”, “Red Mundial Católica” , ”Dios es Mi Prioridad”, El Niño del Pesebre”,  “Misioneros de Jesús Misericordioso”, ”Oración Rancagua”, “Donante Vivo”,  “Mario Pantaleo, Saber Dar”,  “Lluvia de Rosas”,   “ Expedigrup- grupo de Oración”, “Santo Rosario”, “ El Rezo del Santo Rosario en Cadena”, “ Madre, Reina y Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt”,”Hombres Y Mujeres, de Conciencia y recto Corazón”, ” Virgen María Auxiliadora ¡Madre Santísima!, ¡¡Madre de Dios!!”,” Virgen María Dulzura y Auxilio de mi Vida”, “Almas Purgatorio”, “Santas Maravillas de Jesús”, “ Por Amor a Nuestra Madre María”,- Rosario Viviente Universal Santa Filomena y sus casas misioneras de todo el mundo.   Un día como hoy, 16 de Octubre del 2011,  nace este sitio web de Oración, después de largos años en Facebook, Buscamos expandir nuestro testimonio real del  milagro recibido  por Yasmin Valentina, para compartirlo por los diferentes canales de difusión de la web, de esta forma poder compartir con la mayor cantidad de personas necesitadas de una oración, en vivo, Santa Misa  y compartir la palabra de Dios,con todos los que no pueden acercarsermco3 a un templo a orar.

Desde ese momento comenzamos estrechando nuestros lazos de Hermandad con los distintos países del mundo, gracias a la tecnología actual que nos permitió crear este sitio web, con la valiosa ayuda de Brigitte Godel de OPV, para poder llevar así el mensaje de Cristo a todos los rincones del mundo,  haciendo vida nuestro lema “Orando Todos por Todos “.

Durante este recorrido ha habido altos y bajos, como en todo lugar de oración, las pruebas siempre se encuentran presentes en nuestras vidas, pero es prueba firme que estamos Obrando para bien,  nos llena de mucha alegría saber que  a la fecha de hoy  hemos engrandecido la Gran Familia RMCO, al llegar a estos 7 años hacemos un alto en nuestras vidas y los invitamos a meditar: el camino recorrido, los días buenos  no tan buenos,  lo fácil, lo difícil,  lo controlable y lo no controlable, las personas presentes y las ausentes las que han caminado junto a nosotros  desde el inicio,  y las que partieron y que dejaron su huella innegable, las nuevas que llegan, los oyentes, los que nos acompañan a diario en nuestros rosarios en vivo, las que siguen las publicaciones y forman los diferentes grupos de La Red Mundial Cristiana de Oración, tales como: 

RMCO WordPress, RMCO Youtube, RMCO Twiter. RMCO gloria tv, RMCO Google+ RMCO Skype, RMCO fans page FB, RMCO grupo FB, Tratando de esta manera ocupar todas las herramientas de evangelización por internet de las que disponemos, junto a todos los grupos adheridos a RMCO nombrados al inicio.

Agradecemos a todos y cada uno de los que formamos esta gran familia de oración, fiel compañía día a día, en nuestras oraciones, rosarios, eventos, y todo lo que en el sitio web se realiza.

Que este día seade mucha alegría, ya que como familia estamos de fiesta con Jesús y María, que estos 7 años sean solo el inicio de  muchos años venideros,  y poniendo la confianza  que seguiremos expandiendo este Sitio de Oración, uniéndolo a todos los demás existentes para ser una gran voz de Jesús y María en la web.

Pedimos  a Dios nos conceda Salud, Fortaleza  y derrame muchas Bendiciones a todas nuestras familias y también para los que se irán integrando con el tiempo.

Este día elevamos Nuestro  corazón a Dios en busca de su mirada de padre amoroso y misericordioso y renovar  lo que hicimos al inicio de este proyecto y ponernos nuevamente en sus manos y  decirle “Tú eres nuestro Dios en quien confiamos ” para ti sea siempre el honor, la gloria y la honra por los siglos de los siglos. 

Guíanos Tu Señor que eres bueno y que Tu espíritu santo nos ayude en cada paso que damos en nuestro caminar diario, que nuestra boca sea hoy la expresión de nuestro interior; que nuestras palabras arranquen de lo profundo y sean verdaderas. Señor, danos un corazón limpio y recto como el tuyo. 

Tenemos un Dios grande y maravilloso, un Dios bueno y poderoso, que nos colma de favores y misericordias cada día, todos los días. Un Dios, que no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Por tanto tenemos muchas grandes razones y muy poderosos motivos por los cuales estar y ser agradecidos con nuestro buen Dios y Padre celestial. 

Si empezáramos a enumerar todas las razones por las cuales agradecer a Dios no tendría fin nuestra lista. (Por la vida, la salud, el alimento, por su sacrificio, por rescatarnos del pecado, del demonio, de la muerte, por el don de ser llamados hijos suyos, por su Espíritu, su gracia, por su presencia, por su eterno amor, por su bondad, porque Él es bueno, porque nos ha dado  un gran regalo Su madre, nuestra madre  La virgen María que nos acompaña, que intercede por nosotros, que es nuestro refugio, consuelo, socorro y amparo, Más aun, se quedó  Él mismo en la sagrada Eucaristía. 

¿Te has puesto a pensar si eres o no agradecido con Dios? 

Una de las razones por las cuales no somos agradecidos es precisamente por la carencia del conocimiento de todo las cosas que Dios hace por nosotros. 

Si nosotros supiéramos, realmente que es lo que Dios hizo y hace y aun hará por nosotros, que es lo que Él nos ha dado y quienes somos para Él, estaríamos todos los días, todo el tiempo de rodillas adorándole y agradeciéndole.

Si verdaderamente estuviéramos consientes, sabidos de su obra por nosotros y en nosotros, fuésemos agradecidos. 

Aprendamos a reconocer todas las obras de Dios en nuestra vida, porque muchas veces esperamos cosas sorprendentes, milagros maravillosos y estamos tan a la espera de eso, que no nos damos cuenta que Dios ya está actuando tan sutilmente y de manera habitual que cometemos el error de asumir los hechos como lógicos o naturales y no le damos la gloria

a Dios, no le damos gracias porque pensamos que paso por que tenía que pasar o porque era obvio o lógico que pasara y no nos damos cuenta del milagro extraordinario que Dios hizo para que sucediera. 

Hermanos y hermanas  los invitamos  a cada uno de ustedes   a poner nuestra confianza en Dios, en depositar nuestras peticiones en su corazón, y en el inmaculado corazón de María. 

Al hacer un resumen rápido de nuestro sitio web nos encontramos que tenemos 268968000 visitantes, de todo el mundo, de países que jamás hubiéramos pensado nos visitarían, pero allí están,  como todo sitio que se trabaja Online hemos tenido dificultades técnicas,  en algunas ocasiones han sido mínimas, otras han estado fuera de nuestro alcance y ha perjudicado la transmisión, de antemano pedimos disculpas a todos ustedes por no haber entregado lo que esperábamos, pero podemos asegurar a cada uno de ustedes, que siempre haremos nuestro mejor esfuerzo por dar lo mejor que tenemos. 

Las páginas de RMCO tienen mucho contenido importante, el cual los invitamos a que se interioricen en descubrir y meditar las oraciones, lecturas Bíblicas que día a Día se están actualizando para todos ustedes y que bien vale la pena que las lean y compartan en sus muros y familiares y amigos. 

Hoy estamos de fiesta, un año más de historia, de nervios, emoción, alegría, son muchos los sentimientos que hasta este momento nos llenan el corazón, cosas que nunca pudimos realizar, sueños inconclusos, tareas pendientes, pero este instante nos da nuevas fuerzas para continuar avanzando, mañana lo haremos mejor, porque trabajamos día a día para que así sea, el señor espera lo mejor de cada uno, de todo lo malo que quedo, sacamos lo bueno, lo que nos ayudará a ser mejores, mejores personas, mejores hermanos en Jesús y María.  

Agradecemos a todos los que han brindado su apoyo a este hermoso apostolado que es RMCO, principalmente a los que han hecho posible que este sitio web exista, a los que trabajan día a día en los diferentes rosarios y horarios de la programación, a los que acompañan los rosarios en vivo, pegando oraciones, escuchando en silencio, los que promueven estas oraciones en fin a todos y cada uno de ustedes, solo me cabe decir Gracias hermanas, gracias amigas y amigos, gracias Familias RMCO, RVU, Sto Rosario. Doy gracias a Dios por permitirme formar parte de este apostolado y poder testimoniar públicamente, que Dios  “SI EXISTE Y SI NOS OYE”, gracias señor por el milagro concedido a través de Yasmin Valentina, símbolo de esta RMCO. Familia que reza Unida, permanece unida.

Oración:

Gracias Señor por traerme a la oración. Gracias por la alegría de la entrega, el arrepentimiento y el perdón. Gracias por enviarme a Tu Espíritu Santo a enseñarme y a guiarme. Gracias por los frutos que Tu Espíritu está trabajando en mí como el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, el control de mi mismo. Gracias por enviarme personas que necesitan ayuda. 

Gracias por romper el dominio de hábitos pasados y traerme a una conversión más profunda. Gracias por hacerte presente en todos los momentos de mi vida, por tu Palabra que me da vida y por levantarme cuando caigo. Gracias por hacer que las cosas trabajen para mi bien al depositar yo mi confianza en Ti. Gracias por tus ángeles que me protegen en todos mis caminos. Gracias por guiarme y darme sabiduría, por Tu amor abundante que quita todo temor.Gracias por abrirme las puertas del cielo y derramar Tus bendiciones sobre mí. Gracias por suplir todas mis necesidades con Tu riqueza. Gracias por la salud. Gracias por abrir mis ojos a las necesidades de mis hermanos. Abre mi corazón para amar a los heridos y a los perdidos, abre mis labios para hablar de Tu amor. Gracias por aquellos que me han ayudado en mi camino hacia Ti, bendícelos Señor. Gracias por el regalo de mi vida, así como es. Gracias por el mejor regalo de todos, Tu hijo Jesús. 

 Feliz Aniversario Familia de la Red Mundial Cristiana de Oración , 2018. Dios bendiga a cada uno de ustedes y sus familias.

YO TE AGRADEZCO ,. MARCIO GREYCK (4:12)

POR LA VECES QUE YO TE NEGUÉ Y NO ME CONDENASTE

POR LAS VECES EN QUE TE OFENDÍ Y QUE TU PERDONASTE

POR LAS VECES EN QUE TE OLVIDE Y NO ME ABANDONASTE

POR LAS VECES EN QUE ME PERDÍ Y QUE TU ME ENCONTRASTE

YO TE AGRADEZCO

POR LAS VECES EN QUE TROPECÉ Y QUE TU ME SALVASTE

POR LAS LAGRIMAS QUE DERRAME Y QUE TU ME ENJUGASTE

POR LAS VECES EN QUE ME ENFURECÍ Y QUE TU ME CALMASTE

POR LAS VECES QUE A CIEGAS QUEDE Y QUE TU ME ALUMBRASTE 

CORO: 

YO TE AGRADEZCO, POR DARME SUEÑOS, POR DARME EMPEÑO, PARA LUCHAR

YO TE AGRADEZCO, SER HOMBRE LIBRE, COMO OTROS HOMBRES PRONTO SERÁN

YO TE AGRADEZCO, POR ESTAS MANOS QUE A MIS HERMANOS AYUDARAN

YO TE AGRADEZCO SER HOMBRE LIBRE, COMO OTROS HOMBRES PRONTO SERÁN 

HUMILDEMENTE, YO TE AGRADEZCO, POR ESTAR VIVO POR EXISTIR

PORQUE CAMINAS SIEMPRE CONMIGO Y EN ESTE INSTANTE ESTAS AQUÍ

YO TE AGRADEZCO POR DARME SUEÑOS, POR DARME EMPEÑO PARA LUCHAR

YO TE AGRADEZCO HUMILDEMENTE POR ESTAR VIVO, POR EXISTIR

 

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El Dulce Nombre de María

1. María, nombre santo

El augusto nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen. Este nombre fue elegido por el cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan san Jerónimo, san Epifanio, san Antonino y otros. “Del Tesoro de la divinidad –dice Ricardo de San Lorenzo– salió el nombre de María”. De él salió tu excelso nombre; porque las tres divinas personas, prosigue diciendo, te dieron ese nombre, superior a cualquier nombre, fuera del nombre de tu Hijo, y lo enriquecieron con tan grande poder y majestad, que al ser pronunciado tu nombre, quieren que, por reverenciarlo, todos doblen la rodilla, en el cielo, en la tierra y en el infierno. Pero entre otras prerrogativas que el Señor concedió al nombre de María, veamos cuán dulce lo ha hecho para los siervos de esta santísima Señora, tanto durante la vida como en la hora de la muerte.

2. María, nombre lleno de dulzura

En cuanto a lo primero, durante la vida, “el santo nombre de María –dice el monje Honorio– está lleno de divina dulzura”. De modo que el glorioso san Antonio de Papua, reconocía en el nombre de María la misma dulzura que san Bernardo en el nombre de Jesús. “El nombre de Jesús”, decía éste; “el nombre de María”, decía aquél, “es alegría para el corazón, miel en los labios y melodía para el oído de sus devotos”. Se cuenta del V. Juvenal Ancina, obispo de Saluzzo, que al pronunciar el nombre de María experimentaba una dulzura sensible tan grande, que se relamía los labios. También se refiere que una señora en la ciudad de colonia le dijo al obispo Marsilio que cuando pronunciaba el nombre de María, sentía un sabor más dulce que el de la miel. Y, tomando el obispo la misma costumbre, también experimentó la misma dulzura. Se lee en el Cantar de los Cantares que, en la Asunción de María, los ángeles preguntaron por tres veces: “¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo? ¿Quién es ésta que va subiendo cual aurora naciente? ¿Quién es ésta que sube del desierto rebosando en delicias?” (Ct 3, 6; 6, 9; 8, 5). Pregunta Ricardo de San Lorenzo: “¿Por qué los ángeles preguntan tantas veces el nombre de esta Reina?” Y él mismo responde: “Era tan dulce para los ángeles oír pronunciar el nombre de María, que por eso hacen tantas preguntas”.

Pero no quiero hablar de esta dulzura sensible, porque no se concede a todos de manera ordinaria; quiero hablar de la dulzura saludable, consuelo, amor, alegría, confianza y fortaleza que da este nombre de María a los que lo pronuncian con fervor.

3. María, nombre que alegra e inspira amor

Dice el abad Francón que, después del sagrado nombre de Jesús, el nombre de María es tan rico de bienes, que ni en la tierra ni en el cielo resuena ningún nombre del que las almas devotas reciban tanta gracia de esperanza y de dulzura. El nombre de María –prosigue diciendo– contiene en sí un no sé qué de admirable, de dulce y de divino, que cuando es conveniente para los corazones que lo aman, produce en ellos un aroma de santa suavidad. Y la maravilla de este nombre –concluye el mismo autor– consiste en que aunque lo oigan mil veces los que aman a María, siempre les suena como nuevo, experimentando siempre la misma dulzura al oírlo pronunciar.

Hablando también de esta dulzura el B. Enrique Susón, decía que nombrando a María, sentía elevarse su confianza e inflamarse en amor con tanta dicha, que entre el gozo y las lágrimas, mientras pronunciaba el nombre amado, sentía como si se le fuera a salir del pecho el corazón; y decía que este nombre se le derretía en el alma como panal de miel. Por eso exclamaba: “¡Oh nombre suavísimo! Oh María ¿cómo serás tú misma si tu solo nombre es amable y gracioso!”.Contemplando a su buena Madre el enamorado san Bernardo le dice con ternura: “¡Oh excelsa, oh piadosa, oh digna de toda alabanza Santísima Virgen María, tu nombre es tan dulce y amable, que no se puede nombrar sin que el que lo nombra no se inflame de amor a ti y a Dios; y sólo con pensar en él, los que te aman se sienten más consolados y más inflamados en ansias de amarte”. Dice Ricardo de San Lorenzo: “Si las riquezas consuelan a los pobres porque les sacan de la miseria, cuánto más tu nombre, oh María, mucho mejor que las riquezas de la tierra, nos alivia de las tristezas de la vida presente”.

Tu nombre, oh Madre de Dios –como dice san Metodio– está lleno de gracias y de bendiciones divinas. De modo que –como dice san Buenaventura– no se puede pronunciar tu nombre sin que aporte alguna gracia al que devotamente lo invoca. Búsquese un corazón empedernido lo más que se pueda imaginar y del todo desesperado; si éste te nombra, oh benignísima Virgen, es tal el poder de tu nombre –dice el Idiota– que él ablandará su dureza, porque eres la que conforta a los pecadores con la esperanza del perdón y de la gracia. Tu dulcísimo nombre –le dice san Ambrosio– es ungüento perfumado con aroma de gracia divina. Y el santo le ruega a la Madre de Dios diciéndole: “Descienda a lo íntimo de nuestras almas este ungüento de salvación”. Que es como decir: Haz Señora, que nos acordemos de nombrarte con frecuencia, llenos de amor y confianza, ya que nombrarte así es señal o de que ya se posee la gracia de Dios, o de que pronto se ha de recobrar.

Sí, porque recordar tu nombre, María, consuela al afligido, pone en camino de salvación al que de él se había apartado, y conforta a los pecadores para que no se entreguen a la desesperación; así piensa Landolfo de Sajonia. Y dice el P. Pelbarto que como Jesucristo con sus cinco llagas ha aportado al mundo el remedio de sus males, así, de modo parecido, María, con su nombre santísimo compuesto de cinco letras, confiere todos los días el perdón a los pecadores.

4. María, nombre que da fortaleza

Por eso, en los Sagrados cantares, el santo nombre de María es comparado al óleo: “Como aceite derramado es tu nombre” (Ct 1, 2). Comenta así este pasaje el B. Alano: “Su nombre glorioso es comparado al aceite derramado porque, así como el aceite sana a los enfermos, esparce fragancia, y alimenta la lámpara, así también el nombre de María, sana a los pecadores, recrea el corazón y lo inflama en el divino amor”. Por lo cual Ricardo de San Lorenzo anima a los pecadores a recurrir a este sublime nombre, porque eso sólo bastará para curarlos de todos sus males, pues no hay enfermedad tan maligna que no ceda al instante ante el poder del nombre de María”.

Por el contrario los demonios, afirma Tomás de Kempis, temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara. La misma Virgen reveló a santa Brígida, que no hay pecador tan frío en el divino amor, que invocando su santo nombre con propósito de convertirse, no consiga que el demonio se aleje de él al instante. Y otra vez le declaró que todos los demonios sienten tal respeto y pavor a su nombre que en cuanto lo oyen pronunciar al punto sueltan al alma que tenían aprisionada entre sus garras.

Y así como se alejan de los pecadores los ángeles rebeldes al oír invocar el nombre de María, lo mismo –dijo la Señora a santa Brígida– acuden numerosos los ángeles buenos a las almas justas que devotamente la invocan.

Atestigua san Germán que como el respirar es señal de vida, así invocar con frecuencia el nombre de María es señal o de que se vive en gracia de Dios o de que pronto se conseguirá; porque este nombre poderoso tiene fuerza para conseguir la vida de la gracia a quien devotamente lo invoca. En suma, este admirable nombre, añade Ricardo de San Lorenzo es, como torre fortísima en que se verán libres de la muerte eterna, los pecadores que en él se refugien; por muy perdidos que hubieran sido, con ese nombre se verán defendidos y salvados.

Torre defensiva que no sólo libra a los pecadores del castigo, sino que defiende también a los justos de los asaltos del infierno. Así lo asegura el mismo Ricardo, que después del nombre de Jesús, no hay nombre que tanto ayude y que tanto sirva para la salvación de los hombres, como este incomparable nombre de María. Es cosa sabida y lo experimentan a diario los devotos de María, que este nombre formidable da fuerza para vencer todas las tentaciones contra la castidad. Reflexiona el mismo autor considerando las palabras del Evangelio: “Y el nombre de la Virgen era María” (Lc 1, 27), y dice que estos dos nombres de María y de Virgen los pone el Evangelista juntos, para que entendamos que el nombre de esta Virgen purísima no está nunca disociado de la castidad. Y añade san Pedro Crisólogo, que el nombre de María es indicio de castidad; queriendo decir que quien duda si habrá pecado en las tentaciones impuras, si recuerda haber invocado el nombre de María, tiene una señal cierta de no haber quebrantado la castidad.

5. María, nombre de bendición

Así que, aprovechemos siempre el hermoso consejo de san Bernardo: “En los peligros, en las angustias, en las dudas, invoca a María. Que no se te caiga de los labios, que no se te quite del corazón”. En todos los peligros de perder la gracia divina, pensemos en María, invoquemos a María junto con el nombre de Jesús, que siempre han de ir estos nombres inseparablemente unidos. No se aparten jamás de nuestro corazón y de nuestros labios estos nombres tan dulces y poderosos, porque estos nombres nos darán la fuerza para no ceder nunca jamás ante las tentaciones y para vencerlas todas. Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María, como lo dio a entender a santa Brígida hablando con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cual conviene, la fortaleza para alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no puedo negarte lo que me pides.

En suma, llega a decir san Efrén, que el nombre de María es la llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción. Por eso tiene razón san Buenaventura al llamar a María “salvación de todos los que la invocan”, como si fuera lo mismo invocar el nombre de María que obtener la salvación eterna. También dice Ricardo de San Lorenzo que invocar este santo y dulce nombre lleva a conseguir gracias sobreabundantes en esta vida y una gloria sublime en la otra. Por tanto, concluye Tomás de Kempis: “Si buscáis, hermanos míos, ser consolados en todos vuestros trabajos, recurrid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Disfrutad con María, llorad con María, caminad con María, y con María buscad a Jesús. Finalmente desead vivir y morir con Jesús y María. Haciéndolo así siempre iréis adelante en los caminos del Señor, ya que María, gustosa rezará por vosotros, y el Hijo ciertamente atenderá a la Madre”.

6. María, nombre consolador

Muy dulce es para sus devotos, durante la vida, el santísimo nombre de María, por las gracias supremas que les obtiene, como hemos vitos. Pero más consolador les resultará en la hora de la muerte, por la suave y santa muerte que les otorgará. El P. Sergio Caputo, jesuita, exhortaba a todos los que asistieran a un moribundo, que pronunciasen con frecuencia el nombre de María, dando como razón que este nombre de vida y esperanza, sólo con pronunciarlo en la hora de la muerte, basta para dispersar a los enemigos y para confortar al enfermo en todas sus angustias. De modo parecido, san Camilo de Lelis, recomendaba muy encarecidamente a sus religiosos que ayudasen a los moribundos con frecuencia a invocar los nombres de Jesús y de María como él mismo siempre lo había practicado; y mucho mejor lo practicó consigo mismo en la hora de la muerte, como se refiere en su biografía; repetía con tanta dulzura los nombres, tan amados por él, de Jesús y de María, que inflamaba en amor a todos los que le escuchaban. Y finalmente, con los ojos fijos en aquellas adoradas imágenes, con los brazos en cruz, pronunciando por última vez los dulcísimos nombres de Jesús y de María, expiró el santo con una paz celestial. Y es que esta breve oración, la de invocar los nombres de Jesús y de María, dice Tomás de Kempis, cuanto es fácil retenerla en la memoria, es agradable para meditar y fuerte para proteger al que la utiliza, contra todos los enemigos de su salvación.

7. María, nombre de buenaventura

¡Dichoso –decía san Buenaventura– el que ama tu dulce nombre, oh Madre de Dios! Es tan glorioso y admirable tu nombre, que todos los que se acuerdan de invocarlo en la hora de la muerte, no temen los asaltos de todo el infierno.

Quién tuviera la dicha de morir como murió fray Fulgencio de Ascoli, capuchino, que expiró cantando: “Oh María, oh María, la criatura más hermosa; quiero ir al cielo en tu compañía”. O como murió el B. Enrique, cisterciense, del que cuentan los anales de su Orden que murió pronunciando el dulcísimo nombre de María.

Roguemos pues, mi devoto lector, roguemos a Dios nos conceda esta gracia, que en la hora de la muerte, la última palabra que pronunciemos sea el nombre de María, como lo deseaba y pedía san Germán. ¡Oh muerte dulce, muerte segura, si está protegida y acompañada con este nombre salvador que Dios concede que lo pronuncien los que se salvan! ¡Oh mi dulce Madre y Señora, te amo con todo mi

 

LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA: MARÍA REINA DE TODO LO CREADO

Los últimos dos misterios Gloriosos del santo Rosario son: La Asunción del María al cielo en cuerpo y alma y la Coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado. La Asunción de María es el cuarto dogma proclamado en noviembre de 1950. Estas dos fiestas marianas y litúrgicas deberían rebosar nuestro corazón con inmenso gozo.

Litúrgicamente, la Iglesia celebra la Asunción de la Virgen María a mediados del mes de agosto, en plana temporada de verano – el 15 de agosto, y una semana después, la Iglesia celebra la Coronación de la Virgen María.

Cristo Jesus es el Rey del Universo. La Iglesia celebra la Fiesta de Cristo Rey el último domingo del año litúrgico. Jesús Rey tiene todo dominio y potestad sobre el cielo y la tierra. El Rey desahoga sus afectos celestiales amando a la reina; de manera que, en el momento que la Madre Reina dirige su mirada amorosa a su Rey Cristo Jesús, la fuerza y el poder del amor se manifiesta. Siendo así, nosotros no debemos desprender la mirada de tan amable Madre, e implorarle nos conceda gracias singulars; ella pronto saldra a nuestro auxilio. En la hermosa oración mariana Acordaos que se atribuye a san Bernardo, imploramos: “Jamás se ha oído decir que alguno de los que haya acudido a Vos, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro Socorro, haya sido abandonado de Vos.” Con esta confianza y certeza absoluta en nuestra Reina, Señora y camino más perfecto para llegar a Jesús el Rey, acudamos a ella y pidamos las siguientes gracias.

1.MARIA ENSEÑANOS A REZAR, Y, MARIA REZA POR NOSOTROS.  En nuestra jerarquía de oraciones y plegarias deberíamos primero implorar a Nuestra Señora y Señora de los ángeles y santos, que ruegue por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte, e igual debemos pedir que nos enseñe el sublime arte de la oración, para que recemos más y mejor y que tengamos un fuego y sed de rezar. Toda la vida de María, imbuida del Espíritu Santo, fue esplendor de amor a la oración; efectivamente fue su unión con Dios.

2.AMPARANOS DE LOS ENEMIGOS DE NUESTRA SALVACION. La vida cristiana es un combate contra el demonio, el mundo y las pasiones de la carne; estos son nuestros tres enemigos constantes y persistentes. El diablo tiene una increíble y torcida habilidad para jugar juegos con nuestra mente, de poner trampas, de tentarnos, y es persistente especialmente cuando estamos en un estado de desolación. La carne: se revela y se rehusa a obedecer al espíritu. Una de dos, ganará la carne y nos esclavizará o saldrá victorioso el espíritu y reinará la paz en nuestro interior. El tercer enemigo del hombre, el mundo, nos seduce haciéndonos pensar que la felicidad la encontraremos aquí en la tierra. Estos son los tres enemigos de nuestra salvación. Nuestra Señora es quien nos ayuda a pelear la batalla y nos acompaña hasta el último momento de nuestra vida. Al invocar a la Reina y Señora de todo lo creado, ella aplasta le aplasta la cabeza a la serpiente antigua, al diablo. (Gen 3, 15) Por sus oraciones, la Santísima Virgen María nos puede alcanzar la gracia del auto dominio, de dominar el cuerpo y sus pasiones ya que todos estamos llamados a dominarnos. En Lourdes, Nuestra Señora dijo a santa Bernardita con términos claros e inequívocos: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo.” Alcemos la mirada y fijemos nuestros ojos en la Reina del Cielo, que ella nos ayudará a mantenernos firmes, con nuestros ojos puestos en el cielo, que es nuestro verdadero hogar. Busquemos protección en el manto de María, la Reina del Universo.

3.LA SANTÍSIMA Y PURISIMA VIRGEN MARÍA. Hoy tristemente, muchas son las tentaciones a todo nuestro alrededor, especialmente al tentación contra la virtud de la pureza. Digámoslo sin rodeos, vivimos en un mundo pornográfico. El mundo cinematográfico, la televisión, las vallas publicitarias, las revistas, la moda y de forma más perniciosa en el internet, todos estos son canales que dan entrada a imágenes impuras que conducen a actos impuros. En esta batalla, nuestra Señora y Reina de todos los ángeles y los santos y Reina de las vírgenes es nuestro refugio seguro. Un gran orador y conocido autor confesó que en su vida anterior, que cuando se encontraba en una librería, se sentía arrastrado a ojear revistas pornográficas. A pesar que sabía que estaba mal, una poderosa fuerza lo arrastraba a este fruto prohibido, no podía resistir! No fue hasta que un día, empezó rezar el santo Rosario. Y desde entonces, esa fuerza dejó de arrastrarlo, y nunca más sintió la necesidad de buscar revistas pornográficas. Vemos el poder de intercesión de María Reina. Por lo tanto, en la batalla por la pureza, levantemos la mente, el corazón y el alma a María!

4.LA VIRGEN MARÍA Y NUESTRA VIDA APOSTÓLICA. No solo estamos llamados a amar a Dios, sino también a nuestro hermano. El amor a Dios nos debe impulsar a buscar la salvación de nuestros hermanos, ¡único y sumo bien! Las Sagradas Escrituras nos relatan que Nuestra Señora “salió presurosa” para visitar a su prima Isabel, de igual manera, con esta prontitud debemos acercar a las almas a Dios. Porque si verdaderamente amamos a Jesús y María, debemos amar lo que ellos más aman; la salvación de las almas. Todo el mundo creado no iguala el valor de una sola alma, porque esa alma fue redimida por la Sangre de Jesús, la misma sangra dada a Él por María! San Maximiliano Kolbe, san Luis de Montfort, san Antonio María Claret, san Alfonso María Ligorio – todos estos santos tienen dos cosas en común: gran amor y devoción por María Reina y hambre y sed por la salvación de las almas. Que los ruegos de María nos alcancen sed y celo por la salvación de las almas!

5.DON DE DONES Y GRACIA DE DIOS: GRACIA DE LA PERSEVERANCIA FINAL. No hay cosa más importante para nosotros que llegar al cielo, no hay nada que supera esta empresa y trabajo espiritual. De hecho, cada vez que rezamos el Avemaría, nos preparamos para el momento en que nos presentaremos ante nuestro Creador, nos estamos preparando para el momento culmen de nuestra vida – ¡nuestra muerte! Decimos, “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén” Si rezamos cinco décadas de Rosario cada día, nos estamos preparando cincuenta veces para el momento de nuestra muerte. No cabe la menor duda que Nuestra Señora, nos alcanzará la gracia de todas las gracias, morir santamente en la gracia de Dios, porque solo así llegaremos al cielo para estar con la Santísima Trinidad por toda la eternidad. La Virgen María, es Reina de los corazones; ¡a partir de hoy que Ella sea la Reina de tu corazón!

El padre Ed Broom, OMV (Oblato de la Virgen María), conocido también como Padre Escobita, fue ordenado sacerdote por san Juan Pablo II en 1986. 

 

Lo que todo Cristiano debe leer y saber

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La noticias de esta semana han llenado de estupor y vergüenza a toda la Iglesia. De eso, nadie que se llame cristiano, puede dudar. Casos todos dignos de un clamoroso repudio y condena. Son casos tan horribles, -ya veremos pronto explotar el tema por Hollywood- que usarán el dolor de tantas víctimas para sus lucrativos negocios. Pero, ¿de verdad Hollywood y demás sectores sociales (televisión, prensa, legislaturas, etc) le interesan las víctimas, cuando con sus películas y mensajes están constantemente propiciando una cultura pansexualista y presentando toda clase de aberraciones sexuales en sus películas y en la promoción de un relativismo moral incluso bajo penas de carcel? Por ejemplo, estas semanas atrás, en Francia se había aprobado una legislación a favor de la pedofilia. ¿Hubo protestas en Hollywood, en Estados Unidos y Puerto Rico? No, claro que no. De eso nadie se entera. Todos quieren que se mire hacia la Iglesia para poder seguir infiltrando por la izquierda el mal que propiciará nuevos y aterradores relatos de niños abusados en el futuro. Nos pasan gato por liebre.

https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/polemica-se-aprueba-ley-en-francia-que-ninos-pueden-tener-sexo-con-adultos/amp/

https://youtu.be/NyvVaH6jmjM

¡Pero el morbo vende! Los pecados de los curas venden y se sacan chavos con las demandas. Y por eso, en las mismas cortes donde hoy se ventilan estos aberrantes pecados veremos dentro de poco, -como en Francia-, que los niños quedan indefensos. Ni CNN, ni ABC, ni FOX news, ni ENDI, ni Primera Hora, se han hecho eco de estas leyes que se empiezan a aprobar. No se habla de las protestas de las organizaciones en defensa de la niñez. Todo esto que será la base legal para la aprobación de la pedofilia y el abuso de nuestros niños en todo el mundo, como lo han hecho con el aborto y la ideología de género.

El Padre Santiago Martín ha enviado esta semana una muy interesante reflexión que les dejo a continuación y que les pido reflexionar con serenidad delante del Señor. Yo mismo he visto a la gente mirarme con desprecio en la calle porque soy sacerdote. Se de un obispo chileno que le ha dicho a sus sacerdotes que dejen de usar temporeramente el “cleryman”, para no ser identificados como sacerdotes, pues uno de ellos sufrió una golpiza en la calle que le dejó en muy lamentable estado. Decimos como el profeta Daniel: “Yahveh, a nosotros la vergüenza, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti.

Al Señor Dios nuestro, la piedad y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él,

y no hemos escuchado la voz de Yahveh nuestro Dios para seguir sus leyes, que él nos había dado por sus siervos los profetas.

Todo Israel ha transgredido tu ley, ha desertado sin querer escuchar tu voz, y sobre nosotros han caído la maldición y la imprecación escritas en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra él.

Y ahora, Señor Dios nuestro, que con mano fuerte sacaste a tu pueblo del país de Egipto y te granjeaste con ello un nombre que dura hasta el presente, nosotros hemos pecado, hemos sido malos.

Señor, por todas tus justicias, retira tu cólera y tu furor de Jerusalén, tu ciudad, monte santo tuyo; pues, a causa de nuestros pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el escarnio de todos los que nos circundan.

Y ahora, oh Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y sus súplicas. Ilumine tu rostro tu santuario desolado, ¡por ti mismo, Señor!

¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y obra! ¡No tardes más, por ti mismo, Dios mío, pues tu nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.»

El concertará con muchos una firme alianza una semana; y en media semana hará cesar el sacrificio y la oblación, y en el ala del Templo estará la abominación de la desolación, hasta que la ruina decretada se derrame sobre el desolador(Daniel 9:5-27)». Les deseo un feliz día de Alianza. Que María nos cobije desde su Santuario.

Artículo del Padre Santiago Martín. ( Puerto Rico)

La publicación del informe de lo sucedido en seis diócesis del Estado de Pennsylvania ha conmocionado al mundo y ha llenado de vergüenza a la Iglesia. El Vaticano ha reaccionado con rapidez, mostrando su horror ante lo sucedido y asegurando a las víctimas todo su apoyo. El presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha pedido una visita apostólica del Vaticano, como la que fue enviada a Chile, para que se esclarezca no sólo quienes fueron los que delinquieron sino también sus cómplices, entre los cuales podría haber obispos e incluso cardenales. Por eso, lo primero que hay que hacer es mostrar todo el apoyo a las víctimas y pedir una investigación para depurar responsabilidades.

Pero, a la vez, hay que preguntarse por qué ha pasado todo esto. Sin pretender agotar las causas, que seguramente son muchas, se me ocurren dos. La primera, una cultura del encubrimiento en la que habrían participado muchos obispos; para ellos, lo prioritario eran sus curas y los laicos -incluidos los niños- eran menos importantes. Un ejemplo es lo sucedido con uno de los sacerdotes pederastas norteamericanos; como fruto de sus actos, la menor quedó embarazada y la obligó a abortar; al saberlo, el obispo no escribió una carta a la joven, sino al sacerdote, preocupado por el mal momento que estaría pasando tras lo sucedido. Como en la mafia, pase lo que pase no pasa nada porque el que lo ha hecho es “uno de los nuestros”.

La segunda causa creo que está en la fortísima relajación de costumbres que ha tenido lugar después del Concilio dentro de la Iglesia. Se ha abandonado la vida espiritual, lo mismo que se ha abandonado la enseñanza doctrinal y el respeto a las normas litúrgicas. No digo que esto haya ocurrido en todos los casos, pero sí en muchísimos. Como consecuencia, al estar inmersos en una cultura hedonista, no han faltado los que han cruzado las barreras no ya sólo del pecado sino incluso del delito.

Por lo tanto, debe insistirse tanto en la responsabilidad que el obispo tiene con todos sus fieles -y no sólo con sus sacerdotes- y en la renovación y fortalecimiento de la vida espiritual del clero, así como en la fidelidad a la liturgia y a la doctrina. De lo contrario, lo sucedido volverá a repetirse.

Pero también hay que preguntarse por qué se dan a conocer ahora estas cosas. En el caso de Pennsylvania, por ejemplo, se han investigado casos que ocurrieron hace casi ochenta años -década de los 40-. La práctica totalidad de los delitos que ocurrieron han prescrito y, de hecho, sólo se podrá llevar a los tribunales a dos sacerdotes. Muchas de las víctimas también han fallecido, así como los autores, y lo que se sabe de lo que ocurrió es porque lo han contado terceras personas. Por ello, al no haber juicio, las víctimas no podrán recibir compensaciones económicas y la compensación moral, siempre fundamental, va a llegar tarde a la mayoría.

¿Por qué entonces todo esto? O, dicho de otra manera, ¿por qué no se ha abierto una investigación similar sobre lo ocurrido en otras religiones, o entre los médicos, abogados, periodistas, políticos o simplemente padres de familia? ¿Por qué se ha tapado tan rápidamente el escándalo que salpicó a figuras legendarias de Hollywood?

Estos días he pensado en Jesús camino de la Cruz. La Iglesia, como Él entonces, atraviesa su propio vía crucis. Jesús era totalmente inocente y nosotros no. Pero hay algo común. Jesús podía haber sido asesinado en secreto, pero era necesario destruirle antes moralmente; sus maravillosas enseñanzas y sus portentosos milagros le habían acreditado ante el pueblo como alguien con un inmenso prestigio moral; eso debía destruirse y, para ello, tuvo que ser flagelado y coronado de espinas, paseado por las calles hecho un guiñapo para que lo viera la gente, crucificado entre dos malhechores. Se buscaba no sólo matarle, sino también acabar con su autoridad moral.

La Iglesia es la principal autoridad moral del mundo y la forma de acabar con su prestigio es mostrando sus vergüenzas. Se opone al aborto, a la eutanasia, a la ideología de género, y eso no se puede consentir. Por eso hay que destruirla, hay que desprestigiarla, hay que rebozarla por el lodo. Así no podrá hablar, porque si lo hace se le echará en cara que no tiene autoridad moral para hacerlo. Lo estamos viendo ya en Chile y muy pronto pasará en Estados Unidos.

Creo que los laicos católicos tienen que saber todo eso y deben salir en ayuda de sus sacerdotes. No en ayuda de los delincuentes para que sigan delinquiendo, sino en ayuda de todos los demás, la inmensísima mayoría, que estamos avergonzados porque se está generalizando lo que han hecho unos pocos. Y no digamos cómo están los seminaristas, los pocos que hay, que están llenos de dudas a la hora de abrazar una vocación que el mundo identifica con depredadores sexuales de la más baja calaña.

Esta crisis puede servir para purificar a la Iglesia, pero sólo si vamos a la raíz y atajamos las causas que la produjeron y si nos mantenemos unidos, laicos y clero, en el amor a Cristo y a su Iglesia.

Les dejo este mensaje tan tremendo que está pasando ahora la Iglesia, escrito por nuestro Vicario que es monje.

( gentileza: sra: Ada Ríos – Puerto Rico )

Nota:

Así es hermanas (os)estamos viviendo tiempos apocalípticos muy dolorosos y difíciles para todos los cristianos y países del orbe, por lo que debemos entre todos unir nuestras fuerzas para sacar adelante, lo que quedará de nuestras diócesis después de la limpieza general que es necesaria, para que no se desbande el pueblo de Dios. La tarea es muy difícil y compleja para todos los que creemos en Dios y su iglesia, y trabajamos en los diferentes apostolados, se nos juzgará y mirará como a los mismos que han cometido tanto abuso y crímenes de lesa humanidad, sobre todo a nuestros benditos niños, para nosotros también será difícil seguir creyendo en nuestros guías espirituales y juzgarlos, pero esto es el trabajo que por siglos viene haciendo la izquierda unida al coludo en el mundo entero, para destruir toda espiritualidad y fe en la humanidad, para transformarnos en seres sin sentimientos, sin lazos familiares ni nada que nos haga sentir misericordia por las victimas y pueblo sufriente. Seamos fuertes , unámonos mucho más junto a Jesús y María, porque solo así podremos sobrevivir a todo lo que se avecina en el mundo, Dios se apiade de toda la humanidad.Nunca acallemos frente al pecado y a lo que este mal!!!, aunque perdamos la vida por defender la verdad y el bien!!. Un abrazo a todos. Les ama.

Hugo

🌹🌹🌹🙏😇❤️

La transfiguración del Señor

EVANGELIO:

Seis días después tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos; brilló su rostro como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, qué bien estamos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda mi complacencia; escuchadle». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra, sobrecogidos de gran temor. Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo». Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos» (Mt 17, 1-9).

Todo bautizado recibe consolaciones, como estímulo a la perseverancia
en el servicio a Dios.

Mons. João Clá Dias, EP

La inmensa felicidad del Paraíso Celestial

San Pablo declara a los Corintios haber sido arrebatado al Cielo en cierto momento de su vida, y haber oído allá palabras imposibles de transmitir y menos todavía de explicar: “…fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede decir” (2 Cor 12, 4).

De hecho, para los místicos se vuelve difícil exteriorizar sus experiencias interiores, por lo cual podemos comprender que a san Pablo le faltaran términos de comparación para describir lo que había sucedido con él, ya que, según lo dicho antes por él mismo, “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor 2, 9).

Esta maravilla nos espera al momento de ingresar a la vida eterna, y debió ser un motivo considerable para la perseverancia de san Pablo hasta el momento de su martirio, pese a que entonces sólo viera reflejos del Absoluto que hoy contempla cara a cara.

Consideremos en profundidad –hasta donde puede llegar nuestra inteligencia fortalecida por la fe– cuál será la esencia de nuestra felicidad cuando ingresemos en la visión beatífica.

Visión beatífica y conocimiento de Dios a través de las criaturas

Según Sto. Tomás de Aquino, todos los seres creados por Dios podrían haber sido superiores a excepción de tres: la humanidad de Cristo, por estar unida hipostáticamente a la persona del Hijo; la Virgen Santísima, por ser Madre de Dios; y la visión beatífica, por tratarse de la visión del propio Dios.1

San Pablo afirma que nuestro conocimiento en las circunstancias actuales es imperfecto, pero “cuando llegue el fin desaparecerá eso que es imperfecto” (1 Cor 13, 10). Y aclara todavía más esa idea valiéndose de esta comparación: “Cuando yo era niño hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser hombre dejé como inútiles las cosas de niño. Ahora vemos por un espejo y obscuramente, entonces veremos cara a cara” (1 Cor 13, 11-12).

Tan rico fue el universo teológico que san Pablo recibió del propio Cristo, que a veces en sus epístolas las tesis de sustancia preciosa se quedan entrelazadas a otros temas. En concreto, ésta es una de ellas. De hecho nuestro conocimiento es imperfecto puesto que, ya sea en el campo natural de la pura inteligencia, o en lo sobrenatural mediante la virtud de la fe, e incluso en el de la profecía, hay una nota común: la elaboración subsiguiente realizada en base a conceptos creados y con el esfuerzo de abstracción.

Por el contrario, al ver a Dios cara a cara, la fe redundará en visión y por ende se desvanecerá todo conocimiento abstracto.

“Ahora vemos por un espejo…”, o sea, por medio de un instrumento: solamente conocemos a Dios porque “desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las criaturas” (Rom 1, 20). Gracias a este contacto directo con las criaturas podemos elaborar otros motivos y principios a través de la propia fe, utilizando conceptos creados. Por eso nuestro conocimiento es oscuro, y por lo mismo, imperfecto. Pero cuando lleguemos al fin tendremos un conocimiento inmediato, claro y total de Dios, si bien no podamos conocerlo totalmente.

2.jpgLa felicidad del ser inteligente: el ejercicio de sus facultades

Tal vez entendamos aún mejor esta cuestión si seguimos el pensamiento de Sto. Tomás de Aquino.2

Según el Doctor Angélico, el deseo de felicidad del ser inteligente lo mueve a buscar su propia perfección, ejercitando sus facultades más elevadas. Esto se verifica hasta en lo concerniente a los sentidos, y por eso comprobamos que el ojo se regocija al ver y el paladar, al saborear.

En consecuencia, la inactividad forzada de los mismos representa un tormento.

Ahora bien, la felicidad del ser inteligente también se verifica en el ejercicio de sus facultades. Dicho ser será tanto más feliz mientras más nobles sean dichas facultades y más hermoso y elevado el objeto sobre el cual se aplican. Sin duda que, naturalmente hablando, en el hombre no hay nada más excelente que su inteligencia y nada puede superar la suprema verdad que es el propio Dios.

Por tanto, en la inagotable y siempre renovada visión beatífica es donde el hombre encuentra la plenitud de la felicidad, extensiva a todos sus apetitos legítimos, como por ejemplo el deseo de gobernar: “y reinarán con él…” (Ap 20, 6); o la necesidad de bienes: “Todos los bienes me vinieron juntamente con ella, y en sus manos me trajo una riqueza incalculable” (Sap 7, 11).

“Pues por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable” (2 Cor 4, 17).

Amor: la búsqueda incesante de Dios

Dígase lo mismo sobre la voluntad, porque en el Cielo veremos claramente a Dios, cara a cara, como compendio de todo bien, tal como enseña Sto. Tomás: “La beatitud es un bien común perfecto, y no otra cosa significó Boecio al decir que es ‘un estado perfecto consistente en la suma de todos los bienes’, que es lo mismo que decir que el bienaventurado se halla en estado de bienestar absoluto”.3

Y en seguida aclara todavía más el concepto: “La beatitud perfecta […] reúne en sí el conjunto de todos los bienes por la estrecha unión que implica con la fuente universal de todos ellos, y no porque tenga necesidad de determinados bienes particulares”4. Eso nos permite comprender por qué algunos santos experimentaron un carga mística de amor tan grande, que casi llegaron al desfallecimiento.

Quizás podamos hacernos una idea mejor de la inmensidad y plenitud de nuestra voluntad en el Cielo, si analizamos la razón del movimiento de nuestro amor hacia las criaturas en esta tierra. Sin darnos cuenta, por tanto, y casi siempre de manera implícita, cuando amamos, estamos buscando un reflejo de Dios existente en estos o aquellos objetos de nuestro amor 5. Teniendo esto delante de nuestra mirada, podemos preguntarnos: ¿cuál será nuestra felicidad en el Cielo al depararnos con el propio Dios cara a cara?

Gozo: posesión del bien deseado

De tal visión de Dios cara a cara y de tal amor recíproco entre él y yo redundará un gozo eterno e indescriptible, porque cuando me hago dueño de un objeto que siempre he deseado intensamente, logro ser feliz. En tanto no me pertenece, me consumo por obtenerlo; al recibirlo como propiedad definitiva, descanso y me regocijo en él. La felicidad consiste en esto. Cuanto mejor sea el objeto y mayor su duración, dará origen a una dicha proporcionalmente más intensa.

El ser humano, en la esencia de su espíritu, es específicamente inteligencia y amor. En el Cielo, el deseo de conocer se satisface de forma plena en la visión de la Verdad, la Bondad y la Belleza, es decir, del propio Dios. Y el ansia de amar y ser amado se aplaca por entero, porque no solamente amaremos a Dios, sino que tendremos la conciencia y la experiencia de todo el amor que él nos tiene, además de contemplar eternamente aspectos nuevos del Ser Absoluto e Infinito, añadiéndose la convivencia insuperable junto a Jesús en su santísima humanidad, la Virgen María, nuestra Madre, los ángeles y los santos.

¿Qué es el Cielo?

Esto es el Cielo, “el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha” 6; y ésta es la gloria que resplandece en el Tabor, en la transfiguración del Señor.

Los tres apóstoles vieron manifestarse ante ellos la claridad de su Alma y de su Cuerpo para animarlos, de cara a la gloria final, a recorrer el espinoso y dramático camino del calvario, y aceptar con fortaleza de alma el martirio futuro en el epílogo de sus vidas.

Analicemos con este trasfondo el Evangelio del Segundo Domingo de Cuaresma.

La Transfiguración del Señor

Seis días después tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los llevó aparte, a un monte alto.

San Lucas habla de ocho días. Será más fácil comprender que esta dis crepancia sólo es aparente, si tomamos en cuenta que un evangelista considera el día de la partida y el de la llegada, mientras que Mateo solamente se refiere a los intermedios, como explica san Jerónimo 7. El “después” toma como referencia la escena de la confesión y el primado de Pedro en Cesarea. Desde allí marchan hacia el monte Tabor, que dista aproximadamente 80 Km, situado en los confines de Galilea y de Samaria. El Divino Maestro se complacía con la altura de las montañas, en donde solía prodigar sus grandes misterios.

En este caso concreto eligió el Tabor para simbolizar quizás la necesidad de elevar nuestros corazones por encima de las cosas de este mundo, y así entregarnos más fácilmente a la meditación de las verdades eternas para sacarles todo su provecho, como dice san Remigio: “En esto nos enseña el Señor que es preciso, para todo el que desea contemplar a Dios, no estar encenagado en los bajos placeres, sino levantar su alma a las cosas celestiales mediante el amor de las cosas superiores; también a sus discípulos, les enseña que no deben buscar la gloria de su beatitud divina en las regiones bajas del mundo, sino en el reino de la bea titud celestial. Y son llevados separadamente, porque todos los santos están separados con toda su alma y por la dirección de la fe de toda mancha, y serán separados radicalmente en el tiempo venidero: o también porque muchos son los llamados y pocos los elegidos” 8.

Los comentarios se multiplican a propósito de la razón por la que Jesús eligió a esos tres apóstoles para gozar la convivencia gloriosa del Señor.

Salta a la vista un motivo claro e inmediato: éstos verían más de cerca las humillaciones sufridas por el Salvador. También era fundamental la existencia de algunos testigos de la gloria de Jesús para sostener a los apóstoles en sus tentaciones durante la prueba de la Pasión.

Apartarse de las criaturas es condición indispensable para entrar en contacto con Dios, y más todavía para verlo.

El fulgor esplendoroso del alma de Cristo

Y se transfiguró delante de ellos; brilló su rostro como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

¿En qué consistiría esa transfiguración? Es evidente que los apóstoles no vieron la divinidad del Verbo de Dios, inaccesible a los ojos corpóreos.

Apenas vislumbraron una chispa de los fulgores de la verdadera gloria de la humanidad sagrada de Jesús. Probablemente, no vieron nada más que el don de la claridad que gozan los cuerpos gloriosos.
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Recordemos la preferencia del Salvador por la noche para rezar, razón por la cual este acontecimiento debió suceder después de ponerse el sol, en medio del silencio de la naturaleza, porque también así se manifiesta Dios cuando hacemos callar en nuestro interior el bullicio de las criaturas y buscamos las luces de lo alto, tras haber apagado las de aquí abajo.

“Su rostro era como el sol cuando brilla con toda su potencia” (Ap 1, 16), es decir, rayos de luz salían de su Faz Sagrada y se esparcían a buena distancia. Sin dejar de ser la misma fisonomía, pero ya sin poseer connotaciones terrenas, se volvió radiante de brillo y esplendor, con plena vitalidad y dulzura. Podemos imaginarnos su grandeza cuando venga a juzgar a vivos y muertos en el fin de los tiempos, toda vez que su rostro será muchísimo más brillante en esa ocasión.

Al arte humano, por más refinado que sea, le resulta difícil superar ciertas bellezas provenientes de las manos de Dios. Por encima de éstas existen las maravillas de la gracia, que sobrepasan todos los límites. Así debieron ser las vestimentas de Jesús durante su transfiguración, por cierto muy distintas de las que nosotros usamos en estos caminos que acaban en la muerte. Esta refulgencia de las ropas de Jesús era el pálido reflejo de la gloria de su Alma adorable, bienaventurada por la gracia de unión y por encontrarse en la visión beatífica desde el primer instante de su creación.

Cuánta ilusión despiertan a veces nuestros sastres, costureras y modistas, cuando logran un cierto éxito con sus habilidades y encubren defectos de un cuerpo concebido en el pecado y tiznado por él. En tales casos, la ropa acaba por rectificar las líneas torcidas de la naturaleza. Durante la Transfiguración todo fue diferente; la pulcritud del alma de Cristo revistió su naturaleza humana perfectísima.

Fue la gloria interior que se volvió explícita a la mirada de quien tuvo la felicidad de estar en el Tabor en aquel momento.

El poder sobre la muerte y la vida

En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.

Si la fe de los apóstoles necesitara una confirmación testimonial, ahí estaban los máximos representantes –uno de la Ley y el otro de los Profetas– adorando a Cristo Jesús. Íntimamente ligados al Mesías, cumplían de manera soberana las exigencias jurídicas para la autenticidad de un testimonio absoluto. Termina la ley, se cumplen las profecías. Que toda la creación se postre a los pies del Prometido de las naciones.

Estos dos grandes personajes aparecen en la Transfiguración del Señor, según asegura san Juan Crisóstomo, “para que supiesen que Él tenía poder sobre la muerte y sobre la vida; por esta razón presenta a Moisés que había muerto, y a Elías que aún vivía” 9.

Papel de las consolaciones en la vida

Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, qué bien estamos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Pedro será confirmado en gracia solamente en Pentecostés; hasta entonces, su locuacidad le confiere el mérito de la fe en la divinidad de Jesús (Cf. Mt 16, 16; Mc 8, 29; Lc 9, 20) o el demérito de la promesa temeraria de jamás romper su fidelidad (Cf. Mt 26, 33-35; Mc 14, 29; Lc 22, 33; Jn 13, 37) o la negación en la casa del Sumo Sacerdote (Cf. Mt 26, 69-74; Mc 14, 66-72; Lc 22, 55-60; Jn 18, 25-27). En el Tabor, imbuido de una alegría desmedida, quiere perpetuar la felicidad. Pedro no estaba todavía lo suficientemente instruido por el Espíritu Santo para saber que la Tierra no es el ambiente para la dicha permanente. No tenía noción de que las consolaciones son auxilios pasajeros que Dios concede para estimularnos en su servicio y para sufrir por él.

“Yo y el Padre somos uno”

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda mi complacencia; escuchadle».

En las Escrituras Sagradas aparece a veces una u otra nube para simbolizar la presencia de Dios y su teofanía. El Éxodo la menciona en varios pasajes como señal sensible de la manifestación divina: “la gloria del Señor se apareció en forma de nube” (Ex 16, 10); “y una vez entrado Moisés en la tienda, bajaba la columna de nube […] Todo el pueblo veía la columna de nube detenida a la puerta de la Tienda” (Ex 33, 9-10); etc.

No cabe duda que la voz del Padre es la que proclama: “Este es mi Hijo”. Y de hecho, analizando en profundidad, solamente Jesucristo reúne los requisitos del Hijo perfecto. Posee la misma sustancia del Padre de manera tan plenamente cabal que constituye una sola y misma cosa que éste: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10, 30) Por tanto, es igual al Padre: “Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9).

En sus dos naturalezas, Cristo es la Palabra que manifiesta el Padre: es el “resplandor de su gloria e impronta de su sustancia” (Heb 1, 3) en calidad de Dios. Por otro lado, también lo hizo a través de su humanidad: “He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo” (Jn 17, 6).

Además, tuvo una obediencia insuperable: “No se haga mi voluntad, si no la tuya” (Lc 22, 42); “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado” (Jn 4, 34); “Se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Flp 2, 8). Siempre con total sumisión, imitándolo en todo: “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo” (Jn 5, 19).

Si bien somos verdaderos hijos de Dios, como nos asegura el Salmista – “¡Vosotros, dioses sois, todos vosotros, hijos del Altísimo!” (Sal 81, 6)–, lo somos por misericordiosa adopción. El Hijo de Dios por naturaleza no es más que uno solo: “El Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al que es Verdadero” (1 Jn 5, 20).

[…]amado, en quien tengo toda mi complacencia […]

Cuando amamos algo, buscamos una bondad que preexiste en ese algo, como reflejo del mismo Dios. La eficiencia de nuestro amor no llega al grado de producir la bondad en los objetos que amamos. El amor de Dios, en cambio, según Sto. Tomás de Aquino, es tan rico que introduce la bondad en los seres que ama. Es la Bondad en esencia y la difundió entre todas sus criaturas.

Sin embargo, aquí afirma que el Padre colocó “toda” su complacencia en su Unigénito, tal como nos lo declara san Juan: 4.jpg“El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano” (Jn 3, 35). Por tanto, al colocar todo su amor en él, puso también toda su bondad.

[…] “escuchadle”.

Ahí estaba el propio Moisés, que antaño había dicho al pueblo elegido: “El Señor tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis” (Dt 18, 15). A él, más tarde, se asociaría la voz de otro maestro: Elías.

Los maestros del Antiguo Testamento eran auténticos cuando pretendían anunciar al Mesías venidero o a su doctrina. Lo mismo debe decirse respecto de todos los que vinieron después de Cristo: serán verdaderos maestros en la medida que aprendan y transmitan la doctrina del Divino Maestro, tal como él mismo afirmó: “uno solo es vuestro Maestro” (Mt 23, 8). No enseña como un profesor común que persigue ilustrar a sus alumnos por medio del puro raciocinio; Jesús se basa en su conocimiento, por ser la Sabiduría infinita, y en su autoridad de Hijo de Dios, y por eso exige nuestra fe. Su vida nos proporcionó a cada paso los suficientes motivos para creer en él. Es un deber de nuestra parte creer en su palabra, imitar sus ejemplos, practicar su ley, etc.; en esto consiste la obediencia a la orden del Padre: “escuchadle”.

La fragilidad humana frente a la gloria de Dios

Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra, sobrecogidos de gran temor.

La voz del Señor toca a fondo el corazón de los inocentes, tal como se dio con Pedro en la barca o con Tomás en el cenáculo: caen rostro en tierra.

Sobre los malos, su efecto es muy diferente: caen de espalda, tal como los soldados que fueron a arrestar a Jesús en el Huerto de los Olivos.

San Jerónimo procura explicar las razones de esta caída de los apóstoles: “Por tres causas cayeron aterrados de miedo: porque comprendieron su error; porque quedaron envueltos en la nube luminosa, y porque oyeron la voz de Dios cuando les hablaba. Y no pudiendo soportar la fragilidad humana tan grande gloria, se estremece con todo su cuerpo y toda su alma, y cae en tierra: porque el hombre que no conoce su medida, cuanto más quisiere elevarse hacia las cosas sublimes, más se desliza hacia las bajas” 10.

Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo».

Aparte de la omnipotencia de su presencia y de su voz, Jesús quiso tocarlos con su propia mano. Este hecho recuerda el trecho de Daniel: “Me tocó su mano y me levantó” (Dan 10, 10).

Así les quedó en evidencia que tal fuerza partía de Jesús y no de la naturaleza de ellos.

Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.

Desaparecen de sus ojos la Ley y los Profetas. Ahora entienden experimentalmente que Jesús es el esperado de las naciones.

Después de la contemplación es necesario dedicarse a la acción

Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».

Las alegrías se acaban incluso en las alturas del Tabor, como siempre sucede en esta tierra de exilio. Es necesario que bajen del monte todos aquellos que, además, están llamados a la vida activa. Después de haberse enriquecido con las gracias de Dios por medio de la contemplación, es preciso abrazar las penosas tareas de la predicación y de la caridad. Y no debían decir nada a nadie, “porque si se divulgaba en el pueblo la majestad del Señor, este mismo pueblo se opondría a los príncipes de los sacerdotes, e impediría la pasión, y de este modo sufriría retraso la redención del género humano” 11.

Conclusión

“Soy yo demasiado grande y mi destino demasiado noble para que me constituya en esclavo de mis sentidos” 12. A esa 5.jpgconclusión llegó Séneca por la mera elaboración filosófica, sin haber tenido la menor revelación acerca de nada análogo a la Transfiguración del Señor.

En el Tabor, Jesucristo va muchísimo más allá: con su divina pedagogía, nos hace conocer una parte de su gloria en los reflejos de la claridad propia a su cuerpo después de la resurrección. Pálido ejemplo de lo que veremos en el cielo, como fruto de los méritos de su Pasión, de los fulgores de su visión beatífica y de la unión hipostática. Como objetivo inmediato, quiso fortalecer a sus discípulos para que asumieran con heroísmo las tristes pruebas de su Pasión y Muerte, al margen de la manifestación de su divinidad. Pero no estaba ajeno a sus designios divinos el dejar consignado para la Historia cuáles son las verdaderas y reales alegrías reservadas a los justos post mortem.

En contrapartida, el demonio, el mundo y el pecado nos prometen alegrías con aires de absoluto. No obstante, su goce casi siempre es fugaz y seguido por una amarga frustración; además, al término de esta vida seremos arrojados en el fuego eterno como castigo, si acaso no existió de parte nuestra un arrepentimiento verdadero, propósito de enmienda y la obtención del perdón de Dios.

En el Tabor la voz del Padre proclama: “escuchadle”. Esta recomendación se dirige sobre todo a nosotros, bautizados, puesto que somos hijos adoptivos de Dios, y por lo mismo, ya pasamos por una inmensa transformación cuando ascendimos al orden sobrenatural, dejando de ser exclusivamente puras criaturas. Sin embargo, cuando penetremos en el orden de la gloria se dará otra transformación, ya que seremos como él es ahora. Es para llegar allá que Cristo nos invita a acometer las asperezas de los primeros pasos en el camino de la virtud, para que a continuación la paz de alma nos sostenga, y finalmente seamos transfigurados en lo alto del Tabor eterno.

El Cielo, por sí solo, es una enorme manifestación de la bondad de Dios, un riquísimo tesoro de felicidad prometido por él y un poderoso estímulo para aceptar con amor las cruces durante nuestra existencia terrenal. Confiemos en esa promesa basándonos en las garantías de la Transfiguración del Señor y pidamos a la Madre de la Divina Gracia que bondadosamente nos preste auxilio con los recursos sobrenaturales, para llegar incólumes, decididos y seguros al buen puerto de la eternidad: el Cielo.

Cuida de no ser serrucho, ni serpiente

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Una serpiente entró a una carpintería, y mientras se arrastraba hacia la esquina, atravesó una sierra y se lastimó un poco.

En el momento se dio vuelta y mordió la sierra, y mordiendo la sierra, se lastimó gravemente en la boca.

Entonces, no entendiendo lo que le estaba pasando y pensando que la sierra la atacaba, decidió enrollarse alrededor de la sierra como queriendo asfixiarla con todo su cuerpo, y agitándose con todas sus fuerzas.

Fue así que, desafortunadamente, la serpiente terminó siendo asesinada por el serrucho.”

Moraleja a veces reaccionamos en la ira, pensando en lastimar a los que nos hicieron daño, pero nos estamos lastimando a nosotros mismos

En la vida, a veces es mejor ignorar “a los serruchos” situaciones, personas y ofensas.

Porque las consecuencias pueden ser irreversibles y catastróficas.

*Siempre es mejor actuar en amor y pasividad aunque cueste mucho, ante el odio o las palabras ociosas

! Por qué si Dios está de tu lado ..

verás a todos tus enemigos caer y tragarse sus propias palabras

Gentileza de: Monica ( RVU Argentina)

DEVOCIONES DE LOS CINCO GOZOS DE SANTA ANA

Acordaos de Santa Ana

(Para obtener algún favor especial)

  Acuérdate, oh santa madre Santa Ana, que jamás se ha oído decir que ninguno que han acudido a vuestra protección, implorando tu ayuda y pidió la intercesión de tu quedó sin ayuda, porque tú eres una madre más misericordioso y la ayuda a todos los que están en peligro.

Animado con esta confianza, me refugio en ti y te ruego, por tu gran prerrogativa de ser la madre de la Reina del Cielo y la abuela del Salvador del mundo, ven en mi ayuda con tu poderosa intercesión, y obtener de tu Inmaculada Hija este favor [mencionarlo]. En honor de los nueve meses durante los cuales te has soportar la siempre bienaventurada Virgen en tu seno y la llevó a otro sin mancha de pecado original, ahora rezan nueve Ave Marías, que te ofrecen a través de mi ángel de la guarda. Amén.   

Los Cinco Gozos de Santa Ana

  1. Oh piadosísima Santa Ana! Me permito recordar a ti de la gran dignidad concedido a ti por el Altísimo en la elección de ti para ser la madre de la Madre de Dios. Por esta gracia, te ruego, obtener de Dios para que pueda ser contado entre sus elegidos. Amén.

 Ave María.

  1. Oh más noble Santa Ana! Me permito recordar a ti tú de la experiencia de una gran alegría cuando el ángel se te apareció y anunció que estás dispuesta a concebir una hija que se convertiría en la Madre del Hijo de Dios. Por esta gran alegría, os ruego, obtenga la paciencia y la alegría espiritual de ti para mí en todas mis adversidades. Amén. 

Ave María.

  1. Oh más excelente de Santa Ana! Me permito recordar a ti te de la experiencia de alegría cuando hiciste tú a luz el fruto de tu vientre. Por esta gran alegría, te ruego, obtenga la gracia de Dios y el favor para mí a través de tu Divino Hijo hija. Amén. 

Ave María 

. Oh más feliz Santa Ana! Me permito recordar a ti tú de la experiencia de una gran alegría cuando tú has ofrecer a Dios el Padre tu hija de tres años en el Templo de Jerusalén. Por esta gran alegría, te ruego, obtén para mí la gracia de servir a Dios fielmente de acuerdo a mi estado de vida. Amén. 

Ave María.

  1. Oh bien Santa Ana, digno de toda alabanza! Me permito recordar a ti de la gran alegría, que es tuyo en el cielo al contemplar tu hija más amoroso y tu familia. Por esta gran alegría, te ruego, que me ayude en la hora de mi muerte, y me ayuda a alcanzar la vida eterna. Amén. 

Ave María.

Devoción a la Gloriosa Santa Ana

 Se ha de hacer los Martes delante de su Imagen, rezando cinco Padre nuestros, y cinco Ave Marías , en honra de sus cinco Gozos.

Las Oraciones siguientes:

PRIMER GOZO.

    Te reverencio, oh Ana Santísima, y me alegro con vos, de aquella gran prerrogativa, que Dios os dio, eligiéndoos entre todas las mujeres por madre de la gran Madre de Dios, y abuela de su Santísimo Hijo. ¡Cuánto gusto sentirá vuestra alma viéndoos exaltada  a tanto honor y escogida entre millares para esta gloria! Os suplico humildemente por esta gran dignidad vuestra, que alcancéis de vuestro Santísimo Nieto el perdón de mis pecados  y un acto de verdadera contrición antes de morir; y me ayudéis ahora, y en la hora; de mi muerte, y me tengáis propicio a Jesús mi Juez. Amén. 

Padre nuestro  y Ave María.  

SEGUNDO GOZO.

   Dios te salve, oh dignísima Madre de María, oh mi amada y abogada, me alegro con vos de aquel consuelo que tuvisteis, cuando después de muchos ruegos, os avisó el Ángel el parto de Hija tan digna. Me veis aquí postrado a vuestros pies y os suplico, que me aceptéis por vuestro hijo, y me alcancéis gracia que como tal os reverencie y os ame. Es verdad que no merezco este favor, pero hacedlo por amor de María; a lo menos recibidme por vuestro siervo, y ponedme en el número de vuestros devotos. A vuestra poderosísima intercesión me encomiendo y todas mis cosas ; haced que yo cumpla siempre la divina voluntad : os encomiendo la hora de mi muerte: alcanzadme gracia para que mi alma vaya a gozar de la bienaventuranza; qué así lo espero por la sangre de vuestro Santísimo Nieto, por la intercesión de María , y vuestra. Amén. 

Padre nuestro  y Ave María. 

TERCERO GOZO.

Te reverencio, oh Ana feliz, de cuya sustancia se formó aquella Virgen, que alegró el mundo; y me alegro con vos de aquel contento, que os ocasionó el traer en vuestro sagrado vientre a María Inmaculada, y el parir aquella, cuyo nacimiento dio tanto consuelo al Cielo y a la tierra: os suplico no me despreciéis a mí, pecador concebido y alimentado en pecados, haced que vuestra bendita Hija, de vos con, tanta santidad criada, me tenga entre sus mas amados devotos, y que me asista en la hora de mi muerte: esto os lo suplico por su Inmaculada Concepción, y alegre nacimiento. Amén. 

 Padre nuestro, y Ave María. 

CUARTO GOZO.

Me alegro con vos, oh Ana gloriosa, del gran gozo que tuvo vuestro corazón en dar el pecho, y hacer caricias a María Santísima vuestra Hija, siendo niña. ¡Cuánto contento debíais de sentir, cuando reía en vuestros brazos la inocente Niña! cuando con voz, aún no clara, os llamaba Madre, la que había de ser Madre de Dios: cuando pendía de vuestro cuello la Reina de los Ángeles: cuando entre tiernos besos acariciabais en vuestro seno a la criatura mas santa, mas bella, y más preciosa de todo el Universo. Por estos vuestros contentos os suplico que me ayudéis en mis tribulaciones, y trabajos, y en particular en las agonías de la muerte. 

Acordaos de mí en aquel tiempo, en el cual tendré tan gran razón para temer. Asistidme entonces con Jesús, y Mamá, y alcanzadme una gracia eficaz para salir bien de esta miserable vida. Amen. Padre nuestro y Ave María.  

QUINTO GOZO.

Os saludo, oh Ana bendita , y me alegro con vos de aquel gozo, que ahora tenéis en el Cielo a no sólo por la clara vista de Dios, sino también por ver a vuestra Hija María exaltada sobre todos los Coros de los Ángeles, hecha Reina de todo lo creado, constituida en tanta alteza; y ella reconociéndoos por su Madre, Señora, y Maestra, amorosamente os mira. 

No hay en el Paraíso Madre tan feliz, que vea a su hija en tanta majestad y gloria, como vos, Ana felicísima: y lo que más admira, es, que aquel Señor, a quien adoran los serafines, os estima, y ama como a su querida abuela, llenándoos de favores, y beneficios, y oyendo liberal vuestros ruegos. Os suplico, Señora, por el grande amor que tenéis a vuestro Nieto, y a vuestra Hija , me alcancéis mucha gracia, para que yo vaya a ver en el santo Paraíso vuestra grandeza y gloria. Amen.

Padre nuestro y Ave María.

 

Oración judía

Que tus despertares te despierten.

Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.

Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.

Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.

Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque “solo” se trate de pan y agua.

Y que encuentres algún momento durante el día , aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterio y fantástico equilibrio interno.

Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.

Y que tus brazos, abracen.

Y que tus besos, besen.

Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.

Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día.

Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.

Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.

Y que no te creas más que nadie, porque, solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.

Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantariamos de alegría al tomar conciencia de ello.

Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos acoge, nos abraza y nos bendice.

Tomada de la web

Las siete gracias que la Virgen María le dió a Santa Brígida

La Santísima Virgen María manifestó a Santa Brígida que concedía siete gracias a quienes diariamente le honrasen considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete Avemarías:

  • Pondré paz en sus familias.
  • Serán iluminados en los Divinos Misterios.
  • Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
  • Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
  • Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.
  • Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte; verán el rostro de su Madre.
  • He conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría.
  • La oración dice así:

    1ªoración:
    La profecia del anciano Simeon: María, al presentar a su hijo en el Templo, conoce la muerte despiadada que sufriria en la edad adulta. Avemaría.

    2ªoración:
    La huida de María a Egipto con José y Jesús. Avemería.

    3ªoración:
    María pierde a Jesús, con la cruz a cuestas, camino del calvario. Avemaria.

    4ªoración:
    María encuentra a Jesús, con la cruz a cuestas, camino del calvario. Avemaria.

    5ªoración:
    María al pie de la cruz, contempla y participa de la agonia y muerte de Jesus. Avemaria.

    6ªoración:
    María ve que el centurión hunde la lanza en el corazón de su hijo y, bajado de la cruz, lo tiene en sus brazos. Avemaria.

    7ªoración:
    Piensa en la soledad de María, después de ser enterrado su hijo. Avemaría.

 

MEDITACIÓN DEL PADRE NUESTRO

1. “Padre nuestro, que estás en el cielo”
Invocar a Dios como Padre significa reconocer que su amor es el manantial de la vida. En el Padre celestial el hombre,
llamado a ser su hijo descubre «haber sido elegido antes de la constitución del mundo, para ser santo e irreprensible en
su presencia por la caridad» (Ef,1,4). El Concilio Vaticano II recuerda que «Cristo… en la misma revelación del misterio
del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación»
(Gaudium et spes, 22). Para la persona humana la fidelidad a Dios es garantía de fidelidad a sí mismo y, de esta
manera, de plena realización del propio proyecto de vida.
Toda vocación tiene su raíz en el Bautismo, cuando el cristiano, “renacido por el agua y por el Espíritu” (Jn 3,5) participa
del acontecimiento de gracia que a las orillas del río Jordán manifestó a Jesús como “Hijo predilecto” en el que el Padre
se había complacido (Lc 3,22). En el Bautismo radica, para toda vocación, el manantial de la verdadera fecundidad. Es
necesario, por tanto, que se preste especial atención para iniciar a los catecúmenos y a los pequeños en el
redescubrimiento del Bautismo, y conseguir establecer una auténtica relación filial con Dios.

2. “Santificado sea tu nombre”
La vocación a “ser santos, porque Él es santo” (Lv 11,44) se lleva a cabo cuando se reconoce a Dios el puesto que le
corresponde. En nuestro tiempo, secularizado y también fascinado por la búsqueda de lo sagrado, hay especial
necesidad de santos que, viviendo intensamente el primado de Dios en su vida, hagan perceptible su presencia
amorosa y providente.
La santidad, don que se debe pedir continuamente, constituye la respuesta más preciosa y eficaz al hambre de
esperanza y de vida del mundo contemporáneo. La humanidad necesita presbíteros santos y almas consagradas que
vivan diariamente la entrega total de sí a Dios y al prójimo; padres y madres capaces de testimoniar dentro de los muros
domésticos la gracia del sacramento del matrimonio, despertando en cuantos se les aproximan el deseo de realizar el
proyecto del Creador sobre la familia; jóvenes que hayan descubierto personalmente a Cristo y quedado tan fascinados
por Él como para apasionar a sus coetáneos por la causa del Evangelio.

3. “Venga a nosotros tu Reino”
La santidad remite al “Reino de Dios”, que Jesús representó simbólicamente en el grande y gozoso banquete propuesto
a todos, pero destinado sólo a quien acepta llevar la “vestidura nupcial” de la gracia.
La invocación “venga tu Reino” llama a la conversión y recuerda que la jornada terrena del hombre debe estar
marcada por la diuturna búsqueda del reino de Dios antes y por encima de cualquier otra cosa. Es una invocación que
invita a dejar el mundo de las palabras que se esfuman para asumir generosamente, a pesar de cualquier dificultad y
oposición, los compromisos a los que el Señor llama.
Pedir al Señor “venga tu Reino” conlleva, además, considerar la casa del Padre como propia morada, viviendo y
actuando según el estilo del Evangelio y amando en el Espíritu de Jesús; significa, al mismo tiempo, descubrir que el
Reino es una “semilla pequeña” dotada de una insospechable plenitud de vida, pero expuesta continuamente al riesgo
de ser rechazada y pisoteada.
Que cuantos son llamados al sacerdocio o a la vida consagrada acojan con generosa disponibilidad la semilla de la
vocación que Dios ha depositado en su corazón. Atrayéndoles a seguir a Cristo con corazón indiviso, el Padre les invita
a ser apóstoles alegres y libres del Reino. En la respuesta generosa a la invitación, ellos encontrarán aquella felicidad
verdadera a la que aspira su corazón.

4. “Hágase tu voluntad”
Jesús dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra” (Jn, 4,34). Con estas palabras, Él
revela que el proyecto personal de la vida está escrito por un benévolo designio del Padre. Para descubrirlo es
necesario renunciar a una interpretación demasiado terrena de la vida, y poner en Dios el fundamento y el sentido de la
propia existencia. La vocación es ante todo don de Dios: no es escoger, sino ser escogido; es respuesta a un
amor que precede y acompaña. Para quien se hace dócil a la voluntad del Señor la vida llega a ser un bien recibido,
que tiende por su naturaleza a transformarse en ofrenda y don.

5. “Danos hoy nuestro pan de cada día”
Jesús hizo de la voluntad del Padre su alimento diario (cfr Jn, 4,34), e invitó a los suyos a gustar aquel pan que sacia el
hambre del espíritu: el pan de la Palabra y de la Eucaristía.
A ejemplo de María, es preciso aprender a educar el corazón a la esperanza, abriéndolo a aquel “imposible” de Dios,
que hace exultar de gozo y de agradecimiento. Para aquellos que responden generosamente a la invitación del Señor,
los acontecimientos agradables y dolorosos de la vida llegan a ser, de esta manera, motivo de coloquio confiado con el
Padre, y ocasión de continuo descubrimiento de la propia identidad de hijos predilectos llamados a participar con un
papel propio y específico en la gran obra de salvación del mundo, comenzada por Cristo y confiada ahora a su Iglesia.

6. “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”
El perdón y la reconciliación son el gran don que ha hecho irrupción en el mundo desde el momento en que Jesús,
enviado por el Padre, declaró abierto “el año de gracia del Señor” (Lc 4,19). El se hizo “amigo de los pecadores” (Mt
11,19), dio su vida “para la remisión de los pecados” (Mt 26,28) y, por fin, envió a sus discípulos al último confín de la
tierra para anunciar la penitencia y el perdón.
Conociendo la fragilidad humana, Dios preparó para el hombre el camino de la misericordia y del perdón como
experiencia que compartir -se es perdonado si se perdona- para que aparezcan en la vida renovada por la gracia los
rasgos auténticos de los verdaderos hijos del único Padre celestial.

7. “No nos dejes en la tentación, y líbranos del mal”
La vida cristiana es un proceso constante de liberación del mal y del pecado. Por el sacramento de la Reconciliación el
poder de Dios y su santidad se comunican como fuerza nueva que conduce a la libertad de amar, haciendo triunfar el
bien.
La lucha contra el mal, que Cristo libró decididamente, está hoy confiada a la Iglesia y a cada cristiano, según la
vocación, el carisma y el ministerio de cada uno. Un rol fundamental está reservado a cuantos han sido elegidos al
ministerio ordenado: obispos, presbíteros y diáconos. Pero un insustituible y específico aporte es ofrecido también por
los Institutos de vida consagrada, cuyos miembros «hacen visible, en su consagración y total entrega, la presencia
amorosa y salvadora de Cristo, el consagrado del Padre, enviado en misión» (Vita consecrata, 76).
¿Cómo no subrayar que la promoción de las vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada debe llegar a ser
compromiso armónico de toda la Iglesia y de cada uno de los creyentes? A éstos manda el Señor: «Rogad al
Dueño de la mies para que envíe obreros a su mies» (Lc, 10,2).
Conscientes de esto, nos dirigimos unidos en la oración al Padre celestial, dador de todo bien:

8. Padre bueno,
en Cristo tu Hijo
nos revelas tu amor,
nos abrazas como a tus hijos
y nos ofreces la posibilidad de descubrir
en tu voluntad los rasgos
de nuestro verdadero rostro.
Padre santo,
Tú nos llamas a ser santos
como tú eres santo.
Te pedimos que nunca falten
a tu Iglesia ministros y apóstoles santos
que, con la palabra y los sacramentos,
preparen el camino para el encuentro contigo.
Padre misericordioso
da a la humanidad descarriada
hombres y mujeres que,
con el testimonio de una vida transfigurada
a imagen de tu Hijo,
caminen alegremente
con todos los demás hermanos y hermanas
hacia la patria celestial.
Padre nuestro,
con la voz de tu Espíritu Santo,
y confiando en la materna intercesión de María,
te pedimos ardientemente:
manda a tu Iglesia sacerdotes,
que sean valientes testimonios
de tu infinita bondad.

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