Solemnidad del Corpus Christi. Cuerpo y Sangre de Jesucristo

En esta celebración, honramos y adoramos al «Cuerpo de Cristo», dado a todos los hombres para alcanzar la salvación
Solemnidad del Corpus Christi
Fiesta: Jueves después de la Santísima Trinidad (o Domingo posterior)

Martirologio romano: Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que con su alimento sagrado, Jesús ofrece un remedio de la inmortalidad y la promesa de la resurrección

Con esta Solemnidad, honramos y adoramos al «Cuerpo de Cristo», dado a todos los hombres para alcanzar la salvación. Jesús se hizo a sí mismo, Pan de Vida para unirse con nosotros en Espíritu. La Eucaristía es la celebración del sacrificio pascual, en donde el mismo Jesús, se entrega como el cordero inmolado, derramando su sangre para el perdón de nuestros pecados. La Eucaristía estimula y fortalece la fe y nuestra relación con Dios. Acudamos a Él, siempre y con gran devoción para gran aprovechamientos de nuestras almas.

Historia

La fiesta del Corpus Christi, o la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (como se le conoce a menudo hoy en día), se remonta al siglo 13. En esta, se celebra algo muy grande: la institución del sacramento de la Sagrada Eucaristía en la Última Cena. El Jueves Santo, es también una celebración de este misterio, pero el carácter solemne de la Semana Santa, y el enfoque en la Pasión de Cristo el Viernes Santo, eclipsa un poco este aspecto del Jueves Santo

En 1246, el obispo Robert de Thorete de la diócesis de Liège en Bélgica, a sugerencia de Santa Juliana de Mont Cornillon, quién desde muy jovencita, había tenido una gran veneración al Santísimo Sacramento, y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor, convocó un sínodo e instituyó la celebración de la fiesta. Desde Liège, la celebración comenzó a extenderse, y, el 8 de septiembre 1264, el Papa Urbano IV emitió la bula “Transiturus”, que estableció la fiesta de Corpus Christi como fiesta universal de la Iglesia, y que se celebrará el jueves siguiente Domingo de la Santísima Trinidad.

A petición del Papa Urbano IV, Santo Tomás de Aquino compone las oraciones oficiales de la Iglesia, para esta fiesta. Esta composición de Santo Tomás, es ampliamente considerada como una de las más bellas de las tradiciones del Breviario Romano (el libro oficial de la oración del Oficio Divino o Liturgia de las Horas)

Siglos después de que esta celebración se haya extendido al culto de la Iglesia universal, se le incorporaba una procesión eucarística, en la que la Sagrada Hostia es llevada por toda la ciudad, acompañada por himnos y letanías. Los fieles veneraban al Cuerpo de Cristo mientras la procesión pasaba a través de las distintas calles. En los últimos años, esta práctica casi ha desaparecido, aunque algunas parroquias todavía mantienen una breve procesión alrededor de la parte externa de la iglesia parroquial.

Mientras que la fiesta del Corpus Christi es una de las diez fiestas de precepto en el rito latino de la Iglesia Católica, en algunos países, entre ellos Estados Unidos, la fiesta ha sido trasladada al domingo siguiente

Una invitación a la Gracia y al Llamado

La participación de esta solemnidad puede tener una doble invitación para el cristiano: una invitación a la gracia y una invitación al llamado.

Invitación a la Gracia

La participación en la Eucaristía es un momento de gracia. Nosotros “participamos” y compartimos en el gran misterio de amor que Cristo ha hecho por todos nosotros. Nuestra salvación no es algo que ganamos o logramos, la salvación es para todos. El perdón de Dios es algo que recibimos como un regalo. Al participar en la Eucaristía recordamos, y también experimentamos de una manera real, lo que Dios ha hecho en su eterno amor por nosotros, a través de su Hijo Jesucristo.

Participar en la celebración del cuerpo y la sangre de Cristo es hacer algo más que tomar y comer su cuerpo, es un momento de alabar y dar gracias a Dios por este precioso Don inmerecido.

Invitación al Llamado:

La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo es también un llamado a participar de su vida. El Evangelio nos habla repetidamente, de la importancia de reconocer a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra propia vida. “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes” (Juan 6,53) y “Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre,
de la misma manera, el que me come vivirá por mí” (Juan 6,57)

Para estar vivo con la vida de Cristo, debemos de estar animados a vivir una vida íntegra marcada por su camino de vida. Ver a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra vida, es una invitación a hacer camino, a ser testimonios y al mismo tiempo, ser transformados por su amor.

La importancia de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, no es, de ninguna manera exagerada. Es el centro de nuestra fe. Es Jesús, realmente presente entre nosotros, y que ha decidido quedarse a vivir en este sagrado sacramento. Todos los cristianos, estamos invitados a apoyar la procesión del Corpus Christi en nuestra comunidad, y animar a otros a hacer lo mismo. Seamos testigos de nuestra fe y seamos testigos de Cristo crucificado, Cristo resucitado, y Cristo presente en el Santísimo Sacramento

Necesitamos estar en adoración, y necesitamos la oración silenciosa y la visita personal al Santísimo Sacramento, de manera especial en momentos de soledad, de angustia, de quiebra de la salud, de conflictos familiares, de necesidad de misericordia.

Adorar la Eucaristía es el signo más noble del creyente.

Adorar la Eucaristía es la forma más expresiva de amor al Señor.

Adorar la Eucaristía concede la experiencia de saberse mirado por el Señor.

Adorar la Eucaristía concentra la expresividad creyente en la presencia real de Cristo.

Adorar la Eucaristía de manera habitual es un hito de camino seguro.

Adorar la Eucaristía es tiempo en el que se deja modelar el corazón en las manos del Señor.

Adorar la Eucaristía es privilegio de la fe, por el que se experimenta la cercanía histórica de Cristo resucitado.

Te presentamos el Vino y el Pan, bendito seas por siempre Señor

Día grande para todo aquel cristiano que ama la vida de Dios y uno de los días de mayor resplandor en el firmamento, donde revivimos el misterio del Jueves Santo a la luz de la Resurrección. La Festividad del Corpus Christi nos presenta el misterio de fe como la presencia viva de Cristo resucitado bajo las sagradas formas del Pan y el Vino; un encendido homenaje de veneración y amor a Jesús en el augusto sacramento del altar (“Santísimo Sacramento, Hostia pura, Alrededor de tu mesa, Cantemos al amor de los amores…”). Cristo Sacramentado presente de manera íntima, que nos convida celestialmente a la conmemoración solemne y eucarística de su amor universal por todos nosotros: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna…permanece en mí, y yo en él”. En este día se nos invita a la comunión sincera para seguir a Cristo y transformar nuestras vidas con Aquel que es amor vivo.

Oración de Corpus Christi

Jesús, hoy estoy a tus pies,
tengo la dicha de estar ante ti
que estás en la Eucaristía,
Tendría ganas de contarte mis méritos,
pero prefiero reconocer ante Ti,
que tengo errores y pecados.
Señor, no soy siempre como querría ser,
no siempre rezo contento,
a menudo me dejo vencer por las distracciones.
Señor, con frecuencia me molesto con mis compañeros,
tengo resentimientos, me irrito,
y expreso mi ira con palabras y gestos.
Señor,
innumerables veces no dejo el primer puesto a los otros,
me pongo yo en el primer lugar,
convencido de que me pertenece.
Señor, ilumina mi vida.
Hazme entender quién soy verdaderamente,
entra en mí como luz,
que ilumina, purifica y alienta,
haz que me deje conocer de ti hasta el fondo.
Señor, quisiera poderte gritar,
que te acuerdes de mí a la hora de mi muerte,
confío en ti….
Amén

Oración al Santísimo Sacramento

Te doy gracias Señor Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno porque aunque soy un siervo pecador y sin mérito alguno, has querido alimentarme misericordiosamente con el cuerpo y la sangre de tu hijo Nuestro Señor Jesucristo.

Que esta sagrada comunión no vaya a ser para mi ocasión de castigo sino causa de perdón y salvación.

Que sea para mi armadura de fe, escudo de buena voluntad; que me libre de todos mis vicios y me ayude a superar mis pasionres desordenadas; que aumente mi caridad y mi paciencia mi obediencia y humildad, y mi capacidad para hacer el bien.

Que sea defensa inexpungable contra todos mis enemigos, visibles e invisibles; y guía de todos mis impulsos y deseos

Que me una más intimamente a ti, único y verdadero Dios y me conduzca con seguridad al banquete del cielo, donde tu, con tu hijo y el Espíritu Santo, eres luz verdadera, satisfacción cumplida gozo perdurable y felicidad perfecta.

Por Cristo, Nuestro Señor Amén 

Dios mío yo creo, adoro, espero y os amo, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, que se encuentra presente en todos los Sagrarios de la tierra, y os lo ofrezco, Dios mío en reparación por los abusos, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido.Amén.

 

 

 

EL CORAZÓN PERFECTO

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el co­razón más hermoso de toda la comarca. Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños.

Sí, coincidieron todos que era el corazón joven más hermoso que hubieran visto.

Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo: “¿Por qué dices eso, si tu corazón no es ni aproximadamente tan hermoso como el mío?”. Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reem­plazados por otros que no en­cajaban perfectamente en el lu­gar, pues se veían bordes y aris­tas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos,

donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió.

-¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?, pensaron …

El joven contempló el cora­zón del anciano y al ver su esta­do desgarbado, se echó a reír.

“Debes estar bromeando”, dijo. “Compara tu corazón con el mío…, el mío es perfecto, en cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.”

“Es cierto,” dijo el anciano, “tu corazón luce perfecto, pero yo JAMÁS me involucraría con­tigo… Mira, cada cicatriz repre­senta una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos, a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lu­gar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me re­cuerdan el amor que hemos compartido”.

“Hubo oportunidades en las cuales entregué un trozo  de mi corazón a alguien, pero esa persona NO me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos”.

“DAR AMOR ES ARRIESGARSE, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, ME RECUERDAN QUE LOS SIGO AMANDO Y ALIMENTAN LA ESPERANZA, QUE ALGÚN DÍA -tal vez- REGRESEN Y LLENEN EL VACÍO QUE HAN DEJADO EN MI CORAZÓN”.

“¿Comprendes ahora lo que es VERDADERAMENTE hermoso?”.

El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas.

Se acercó al anciano, arran­có un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo  y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.

El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

¡Desde aquí puedo ver lo HERMOSO que es TU CORAZÓN!

¡Que tengas un lindo día! ¡El más HERMOSO!

Recibe TU un pedazo de MI CORAZÓN…

Con mi cariño de siempre. ¡Verdaderamente vales mucho para mí!

“Usa el corazón y llenarás tu alma de alegrías. CUÁNDO MUERES NO TE LLEVAS NADA MATERIAL “Lo único que tendrás… es tu alma…la que llenaste de alegrías …o tristezas,…y sólo eso te llevarás”.

Oraciones al Espíritu Santo para pedir sus siete Dones

¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.

Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.

Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.

Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.

Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.

Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.

Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.

Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.

Ven Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.

Espíritu de Verdad, te ruego me llenes del don de Entendimiento, para penetrar las verdades reveladas, y así aumentar mi fe; distinguiendo con su luz lo que es del buen, o del mal espíritu.

Espíritu Sempiterno, te ruego me llenes del don de Ciencia, para sentir con la Iglesia en la estima de las cosas terrenas, y así aumentar mi esperanza; viviendo para los valores eternos.

Espíritu de Amor, te ruego me llenes del don de Sabiduría, para que saboree cada día más con qué infinito Amor soy amado, y así aumente mi caridad a Dios y al prójimo; actuando siempre movido por ella.

Espíritu Santificador, te ruego me llenes del don de Consejo, para obrar de continuo con prudencia; eligiendo las palabras y acciones más adecuadas a la santificación mía y de los demás.

Espíritu de Bondad, te ruego me llenes del don de Piedad, para practicar con todos la justicia; dando a cada uno lo suyo: a Dios con gratitud y obediencia, a los hombres con generosidad y amabilidad.

Espíritu Omnipotente, te ruego me llenes del don de Fortaleza, para perseverar con constancia y confianza en el camino de la perfección cristiana; resistiendo con paciencia las adversidades.

Espíritu de Majestad, te ruego me llenes del don de Temor de Dios, para no dejarme llevar de las tentaciones de los sentidos, y proceder con templanza en el uso de las criaturas.

Divino Espíritu, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de tu Esposa, María Santísima, te suplico que vengas a mi corazón y me comuniques la plenitud de tus dones, para que, iluminado y confortado por ellos, viva según tu voluntad, muera entregado a tu Amor y así merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias. Amén.

Amor infinito y Espíritu Santificador:

Contra la necedad, concédeme el Don de Sabiduría, que me libre del tedio y de la insensatez.

Contra la rudeza, dame el Don de Entendimiento, que ahuyente tibiezas, dudas, nieblas, desconfianzas.

Contra la precipitación, el Don de Consejo, que me libre de las indiscreciones e imprudencias.

Contra la ignorancia, el Don de Ciencia, que me libre de los engaños del mundo, demonio y carne, reduciendo las cosas a su verdadero valor.

Contra la pusilanimidad, el Don de Fortaleza, que me libre de la debilidad y cobardía en todo caso de conflicto.

Contra la dureza, el Don de Piedad, que me libre de la ira, rencor, injusticia, crueldad y venganza.

Contra la soberbia, el Don de Temor de Dios, que me libre del orgullo, vanidad, ambición y presunción.

 

Oraciones a la Santísima Virgen de Fátima

El 13 de Mayo de 1917 la Virgen se apareció en Fátima, Portugal para llamarnos, por medio de 3 pastorcitos, a regresar a su Hijo Jesucristo. Nuestra Madre nos advierte sobre la seriedad de la vida, de peligros inminentes, sus causas y como salvarnos.

En diciembre del año 1925 la Virgen Santísima se le apareció a Lucía dos Santos, vidente de Fátima, y le prometió asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confesasen, recibieran la Sagrada Comunión, rezasen una tercera parte del Rosario, con la intención de darle reparación.

En la tercera aparición, la Virgen de Fátima le dijo a Lucía:

Nuestro Señor quiere que se establezca en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado. Si se hace lo que te digo se salvarán muchas almas y habrá paz; terminará la guerra… Quiero que se consagre el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado de cada mes… Si se cumplen mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz… Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz.

Triunfo del Inmaculado Corazón

En Fátima asimismo dijo la Santísima Virgen:

“Finalmente mi Corazón Inmaculado triunfará”

María, profetiza ya desde el canto del “Magníficat”, que la llamarán Bienaventurada todas las generaciones. Como Madre de todos los tiempos, especialmente atenta a los momentos más graves de la humanidad, nos muestra las fuerzas de Su Amor de Madre. Se pone al servicio de su Hijo, como Arca de la Alianza Nueva y Eterna, para que en su Corazón Sagrado, nos encontremos definitivamente con El, diciendo nuestro “Sí” al pacto de amor, que Dios quiere hacer con nosotros.

María, llama a los hombres a la fe, a los pecadores a la conversión, a los indefensos, pobres y desamparados al Refugio de  su Corazón Maternal; en ese Corazón, se hace constantemente presente la Gloria Pascual de Jesús. María nos invita a actualizar el triunfo de Jesús en nuestra vida, socavada por nuestros errores morales y el alejamiento de la Verdad Revelada, renovadamente ofrecida a nosotros, por las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.

CAMINO DE ESPERANZA

María nos invita a ser dóciles, a vivir en continua oración, a convertirnos y aún mucho más, a santificarnos; para esto nos regala el camino de la Consagración a Su Corazón.

Allí aprendemos a abastecernos de Dios y solamente de Dios. Seremos rescatados del pecado, con un “sí” de perfectos hijos. Haremos posible la civilización del amor y, seremos capaces de realizar la Nueva Evangelización, guiados por María, su Estrella, y podremos decir junto a S.S. Juan Pablo II : “Vivimos el tiempo de María” y sabemos que el suyo, es el tiempo del triunfo de Su Corazón.

La Esperanza, se manifiesta con mayor claridad en tiempos difíciles; también se hace más necesaria en estos momentos, porque pone en claro la meta a la que aspiramos, que es nuestra definitiva Patria del Cielo y nos indica el camino para conseguirla.
María nos enseña este sendero con su Luz que brilla en medio de la oscuridad. Esa Luz es su poderosa acción evangelizadora que nos muestra el triunfo de su Hijo en la Cruz, para que también nosotros caminemos sin miedos, ni desalientos ni claudicaciones. Debemos tener la seguridad y confianza interior, de quien como Ella, no desconoce la gravedad del momento, ni tampoco las consecuencias de la infidelidad a Dios, pero siguiendo el imperioso llamado de María, se dispone a aceptar plenamente la Alianza con Dios.

Entonces el Consagrado, en el Corazón de su Madre, se encontrará con la Esperanza, que le ofrece María y se sentirá seguro, protegido y defendido cuando lo persiga el adversario, que lo atacará, pero no lo tocará.

 LLAMADO UNIVERSAL

La Esperanza que nos comunica María, es un ofrecimiento a la humanidad en su conjunto y a cada uno de sus hijos en particular.
Ella como Arca de la Salvación, en su Corazón de Madre, puede albergar a todos los hombres y la invitación llena de amor la hace a todos. Pero puede ocurrir que a pesar de los esfuerzos evangelizadores, muchos no quieran entrar en esa Arca; sin embargo, para quienes ingresen, María será garantía segura de salvación y el camino más corto hacia la santidad. Por eso nos invita a consagrarle nuestras vidas.

En efecto, Ella tiene suficiente poder como para arrasar con toda forma de maldad; aunque las fuerzas de las tinieblas, atenten contra sus hijos, tratando de asfixiarlos, en todos los intentos de encausar sus vidas hacia el destino eterno, nada podrá contra el hijo Consagrado al Corazón de su Madre.

Este es el triunfo de María: Lograr que sus hijos se salven, cuando son invadidos y seducidos por todas partes, hacer posible para ellos la santidad en grado heroico. El espíritu del mundo, pone en ridículo lo sagrado, atentando contra los valores trascendentes y ofreciendo en cambio al hombre, la única posibilidad de saciedad en el poder, el materialismo y la sensualidad. El Consagrado padecerá realmente la experiencia de la tentación; si Jesús fue tentado en el desierto, el adversario también utilizará la tentación para desorientar la vida del creyente y de ser posible someterlo a la esclavitud del pecado. El triunfo de María, consistirá entonces en la segura esperanza, del encuentro de los hijos con el Hijo, en su Sagrado Corazón. Ella se convierte en segura protección, de quienes se le entregaron incondicionalmente.

 

ORACIONES Y JACULATORIAS 

ENSEÑADAS A LOS VIDENTES DE FÁTIMA

ORACIÓN PARA OFRECER SACRIFICIOS

¡Oh Jesús, te ofrezco este sacrificio por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados que tanto ofenden al Inmaculado Corazón de María!

ORACIONES ENSEÑADAS POR EL ANGEL

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! (Tres veces).

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

(Los niños rezaban estas dos oraciones de rodillas y con la frente inclinada hacia el suelo)

A RECITAR DURANTE EL ROSARIO

¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre principalmente a las más necesitadas! (Se dice al fin de cada decena, después del Gloria.)

JACULATORIAS

¡Dios mío, te amo en agradecimiento a las gracias que me has concedido!

¡Oh, Jesús, te amo!… ¡Dulce Corazón de María, se la salvación mía!

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
NOVENA

OFRECIMIENTO PARA TODOS LOS DÍAS


¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.

ORACIÓN PREPARATORIA
Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.

Rezar la oración del día correspondiente:

ORACIÓN FINAL
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DÍA PRIMERO 
Penitencia y reparación

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA SEGUNDO 
Santidad de vida

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA TERCERO 

Amor a la oración

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA CUARTO 
Amor a la Iglesia

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA QUINTO 
María, salud de los enfermos

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA SEXTO  
María, refugio de los pecadores
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que esos desgraciados no caigan en las penas eternas del infierno, y que manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en ellas la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras por su conversión.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA SÉPTIMO 
María, alivio de las almas del purgatorio

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA OCTAVO 
María, Reina del Rosario

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a Vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la muerte.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA NOVENO 
El Inmaculado Corazón de María

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús.

Meditar y rezar la oración final.

Así puedes obtener indulgencia plenaria por 100 años de Virgen de Fátima

Por los 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima en Portugal, el Papa Francisco ha decidido conceder la indulgencia plenaria durante todo el Año Jubilar que comenzó el 27 de noviembre y terminará  el 26 de noviembre de 2017.

El Santuario de Fátima indicó que para obtener las indulgencias plenarias los fieles deben  cumplir primero con condiciones habituales: confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Santo Padre.

En declaraciones a ACI Prensa, el secretario de la rectoría del Santuario de Fátima en Portugal, André Pereira, explicó que las indulgencias plenarias podrán obtenerse durante todo el Año Jubilar y para ello existen tres maneras, detalladas en un comunicado publicado en el sitio web del santuario.

1.- Peregrinar al Santuario

La primera forma es que “los fieles vengan en peregrinación al Santuario de Fátima en Portugal y que allí participen en una celebración u oración dedicada a la Virgen”.

Además de ello los fieles deben rezar el Padrenuestro, recitar el Credo e invocar a la Madre de Dios.

2.- Ante cualquier imagen de la Virgen de Fátima en todo el mundo

La segunda forma se aplica para “los fieles piadosos que visitan con devoción una imagen de Nuestra Señora de Fátima expuesta solemnemente a la veneración pública en cualquier templo, oratorio o local adecuado en los días de los aniversarios de las apariciones, el 13 de cada mes desde mayo hasta octubre (de 2017), y participen allí devotamente en alguna celebración u oración en honor de la Virgen María”.

Al respecto de la segunda forma, el secretario de la rectoría del Santuario de Fátima indicó a ACI Prensa que la visita a la imagen la Virgen “no tiene que ser necesariamente solo en Fátima o exclusivamente en Portugal” sino que puede ser en cualquier parte del mundo.

También se debe rezar un Padrenuestro, el Credo e invocar a la Virgen de Fátima.

3.- Ancianos y enfermos

La tercera forma de obtener una indulgencia se aplica a las personas que por la edad, enfermedad u otra causa grave estén impedidos de movilizarse.

Pueden rezar ante una imagen de la Virgen de Fátima y deben unirse espiritualmente en las celebraciones jubilares en los días de las apariciones, los días 13 de cada mes, entre mayo y octubre de 2017.

Además tienen que “ofrecer con confianza a Dios misericordioso, a través de María, sus oraciones y dolores o los sacrificios de su propia vida”.

7 Lecciones Acerca De La Cruz

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“PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” (Lucas 23:34)

Lección 1: Perdona a los que te han herido.

Dos niños jugaban cuando por casualidad uno de ellos golpeó al otro con un palo. Esa noche, la madre del muchacho herido dijo: “Hijito, debes perdonar a Enrique antes de irte a dormir”. De mala gana, él contestó: Bien, pero a no ser que me muera antes de que me despierte, ¡que se prepare mañana por la mañana…!”. ¿Te das cuenta? Cuando la gente nos hace daño, es difícil de creer que podría haber sido involuntario o por ignorancia. Y sin embargo, asombrosamente, después de haber recibido latigazos, ser humillado y clavado en una cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Perdonar significa negarte a seguir siendo una víctima. Por no sostener rencores o tomar represalias, te liberas del control que ejercen sobre ti los que te ofenden. Jesús dijo: “…orad por los que os ultrajan…” (Mateo 5:44b). Dietrich Bonhoeffer, que fue perseguido por los nazis, dijo: “Dios no promete que cuando bendigamos a nuestros enemigos, no nos van a utilizar con desprecio. Lo harán. Pero esto no nos puede dañar ni vencer mientras que oramos por ellos. Cuando así actuamos, hacemos por ellos lo que no pueden hacer por sí mismos”.

El profesor Tony de Campolo pregunta con frecuencia a los estudiantes del colegio secular donde da clases qué es lo que saben acerca de las enseñanzas de Jesús. La respuesta es siempre la misma: “Amad a vuestros enemigos” (Lucas 6:27b). Más que nada, este mandato destaca la diferencia entre un discípulo de Jesús y uno que no lo es. El Señor dijo: “…de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8). El practicar el perdón procede de una gratitud profunda a Dios por borrar una deuda grandísima que nunca hubiéramos podido pagar.

“DE CIERTO TE DIGO QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO” (Lucas 23:43)

Lección 2: Tienda la mano a otros.

La Biblia dice, que cuando Jesús estaba clavado en la cruz, “uno de los malhechores que estaban colgados lo insultaba… Respondiendo el otro, lo reprendió, diciendo: “¿Ni siquiera… temes tú a Dios í Nosotros… justamente padecemos…; pero éste ningún mal hizo”. Y dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Entonces Jesús le dijo: “…hoy estarás conmigo en el paraíso”(Lucas 23:39-43). Mientras que uno se burlaba de Él, el otro reconocía sus pecados y recibía su gracia. La verdad es -aunque esto les fastidie mucho a las personas criticonas- que Dios dice: “…el que (los) confiesa [sus pecados] y se aparta de ellos alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13b). Y esta promesa es para los que están perdidos, los más despreciados y los más bajos entre nosotros.

Si Jesús hubiera estado tan concentrado en su propio dolor, fácilmente no hubiera visto el sufrimiento de aquéllos que estaban a su alrededor. Pero en lugar de esto, “extendió la mano” en amor, identificándose con el sufrimiento del otro. En la profundidad de su propia agonía, no sólo prometió vida eterna al ladrón en la cruz, sino también lo consoló con estas palabras asombrosas: “…hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Aquí hay una lección para nosotros que el patriarca Job aprendió. Él perdió a todos sus hijos y a su fortuna en un solo día, y aun así encontró sanidad y pasó a cosas más grandes. ¿Cómo? Escucha: “Cuando Job hubo orado por sus amigos, el Señor le quitó la aflicción; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Después de esto… Job… vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación” (Job 42:10,16). Tendiendo la mano a otros es como nosotros mismos somos sanados.

“MUJER, HE AHÍ TU HIJO” (Juan 19:26-27)

Lección 3: Cuida de las personas que dependen de ti.

Al perder a su hijo María se quedaba más desprotegida. De manera que, aparte de tener que hacer frente a su pena como madre, es posible que se preguntara qué le depararía el futuro. Jesús se apercibió de esto. En medio del caos, cuando “…vio… a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: ‘Mujer, he ahí tu hijo’. Después dijo al discípulo: ‘He ahí tu madre’” (Juan 19:26-27). Cuando los demás discípulos huyeron por miedo, Juan siguió a Jesús todo el camino al monte Gólgota, y fue aun “más lejos”. La Biblia nos dice (y la historia lo confirma) que una vez que Jesús encomendó a María a su cuidado, Juan realizó ese encargo, y “…desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19:27).

Aquí hay algo que debemos aprender. Nunca dejes que tu propio sufrimiento te ciegue a las necesidades de los que dependen de ti. Cuando estés envuelto en tus propios problemas es fácil asumir que tus seres queridos entiendan tu situación automáticamente, pero eso no es así necesariamente. Mientras esté bien que les dejes ayudarte, nunca viertas tus asuntos sobre ellos, o esperes que sufran porque tú sufres. La Biblia dice: “Nada hagáis… por vanidad…, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. No busquéis vuestro propio provecho, sino el de los demás” (Filipenses 2:3-4). Jesús siempre estaba más preocupado por las necesidades de la gente que por las suyas, y nosotros deberíamos seguir su ejemplo.

“DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO?” (Mateo 27:46b)

Lección 4: Dirige a Dios tus preguntas más difíciles.

¿En el Gólgota, Jesús hizo una de las preguntas más desgarradoras que hayan sido registradas alguna vez: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46b). Estas palabras se encuentran en el Salmo 22:1, donde David derramó su alma en desesperación, preguntándole al Señor: “¿Por qué me has echado fuera? ¿Es que no te importo?”. ¿Alguna vez te has sentido así? La Biblia dice que en el monte Gólgota, Dios, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). Para romper el eslabón que nos ata al pecado y hacer posible nuestra salvación, Jesús sufrió una separación temporal de su Padre. En aquel preciso momento Él se sintió dejado de la mano de Dios. Si alguna vez te has sentido abrumado y abandonado, sabes por experiencia que no hay otro ser viviente que tenga una respuesta satisfactoria a tu “¿por qué?”. Con la mejor intención del mundo, nuestros seres queridos solamente pueden entendernos hasta cierto nivel. Tan sólo Dios puede derramar su “bálsamo” de sanidad sobre tu corazón destrozado y ayudarte a entender (o por lo menos aceptar) lo que está pasando. Es por eso que debes acudir a Él para recibir las respuestas.

Pero aquí tienes la otra cara de hacerle esas preguntas tan difíciles al Señor: es preciso que estés dispuesto a aceptar la respuesta y a hacer lo que Él te diga. La Biblia dice que “…es imposible que Dios mienta…” (Hebreos 6:18b); en el caso de no recibir la contestación que estás esperando, da por sentado de que Él te escucha. También puedes estar seguro de otra cosa: el que hace que “…todas las cosas (los) ayudan a bien…” (Romanos 8:28), siempre envía la respuesta que es mejor para ti. ¡De manera que puedes confiar en Él!

“¡TENGO SED!” (Juan 19:28b)

Lección 5: Reconoce tu naturaleza humana.

Combina la tortura de ser crucificado con la pérdida de fluidos corporales en el clima de Judea, y puedes entender por qué Jesús tuvo sed. Sin embargo, la Biblia dice que cuando le ofrecieron “…vino mezclado con mirra,… Él no lo tomó” (Marcos 15:23b). ¿Y por qué no? Porque le hubiera adormecido su percepción y quiso quedarse alerta. No te equivoques, Jesús podría haber llamado a una multitud de ángeles para rescatarle. Pero Él eligió morir por nuestros pecados. Dijo: “Nadie me (la) quita [la vida], sino que Yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:18). Esto también explica por qué Juan escribió: “…sabiendo Jesús que… todo estaba consumado [Él cumplió todas las profecías acerca de su crucifixión], dijo…: ‘¡Tengo sed!’” (Juan 19:28). Su próxima declaración cambiaría tanto a la historia que Él quería que su voz fuera alta y clara: “¡Consumado es!” (versículo 30). Cuando te encuentres en un valle oscuro como Jesús en aquel día lo estuvo, puede nublar tus pensamientos y hacer que pierdas todas las perspectivas a no ser que expreses tus necesidades a aquéllos a tu alrededor. Reconociendo su sed física, Jesús quiso recordarnos a cada uno de nosotros que hay veces cuando no somos autosuficientes y que necesitamos la ayuda de otros. Si no fuera así, ¿por qué dejaría Pablo escrito: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid… la ley de Cristo” (Gálatas 6:2). David escribió: “Como el padre se compadece de los hijos,… el Señor… se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:13,14b). Dios nos recuerda que somos simplemente seres humanos; ¡nosotros somos los que lo olvidamos! Lo esencial es que Jesús era lo bastante humilde para reconocer su humanidad, y nosotros tenemos que aprender a hacer lo mismo.

“¡CONSUMADO ES!” (Juan 19:30)

Lección 6: No puedes añadir nada.

En el tabernáculo (del Antiguo Testamento) había diferentes objetos, como la mesa para el pan de la proposición que representa nuestra necesidad de compañerismo, el candelabro que simboliza nuestra necesidad de luz y entendimiento (lee Éxodo 25:30-31), etc. Pero no había ninguna silla. ¿Por qué? Porque el trabajo del sumo sacerdote nunca se terminó y por eso no podía sentarse. Pero después de que Jesús exclamó: “¡Consumado es!” (Juan 19:30b), Él volvió al Cielo y se sentó a la diestra de su Padre; la obra de nuestra redención había terminado. Las palabras griegas por ‘¡Consumado es!’ literalmente significan ‘pagado integramente’. Es lo que la gente de aquél entonces escribía en un recibo cuando se había pagado la cuenta. La muerte de Cristo cubre cada uno de tus pecados -desde la cuna hasta la tumba- y el ofrecer buenas obras como un pago parcial insulta al Señor.
No puedes añadir nada a algo que se ha terminado. Imagínate una mesita de café en una carpintería labrada con mucho esmero y lista para ser entregada. Entonces llegas tú y tomando una tablita de madera dices: “Está bien, pero aun le falta algo; déjeme mostrárselo”. Inmediatamente el maestro carpintero te detiene y te dice: “Ni hablar de eso; ¡lo que usted va a hacer es destruirla…!”. O imagínate que recibes un regalo muy caro de un ser querido. En seguida sacas un billete de cinco euros y dices: “Toma, déjame ayudarte con los gastos”. No, lo que conseguirás con una propina es ofender al dador… Le estás robando su alegría y menospreciando el sacrificio que le costó comprarte el regalo. Escucha: “…esto no [es] de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe…” (Efesios 2:8b-9). La fe que salva simplemente significa confiar únicamente en la obra consumada de Cristo.

“…EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lucas 23:46b)

Lección 7: Déjalo en las manos de Dios.

Algunas ansiedades con las que luchamos parecen ser interminables, como las preocupaciones por el dinero, problemas familiares e inquietudes acerca de la salud. Incluso cuando tenemos unos días libres y debiéramos descansar nos quedamos en vela esperando lo peor y preguntando: “¿Cuánto tiempo más, Señor?”. El único modo de tener verdadera paz es cuando cometemos el desenlace de todo ello al Señor. Cuando Jesús exclamaba: “…Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46b), no era un grito de derrota o de resignación. No, era un acto de confianza que significaba que Él entregaba el control a su Padre. La sangre reconciliadora había sido vertida y finalmente la obra de nuestra salvación se había completado. Pero antes de que Jesús pudiera hacer esa oración tuvo que orar: “…no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42b), en otras palabras: “Padre, te dejo a Ti el resultado”.

En Filipenses 3:10-11 Pablo escribió: “Quiero conocerlo a Él y el poder de su resurrección, y participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a Él en su muerte, si es que en alguna manera logro llegar a la resurrección de entre los muertos”. Todos queremos gobernar y reinar con Cristo un día, solamente no queremos someter nuestra voluntad a la suya hoy. Pero esto no funciona así. Jack Hayford escribió: “El camino a seguir… ha sido siempre… el ‘camino de la cruz’. Ella no sólo nos lleva hacia Jesús, sino también hacia la vida y hacia la sabiduría de los caminos de Dios en todas nuestras relaciones y búsquedas… conforme al modelo de Jesús… frente a nuestras luchas más intensas”. De manera que, no importa con lo que estés luchando hoy, ponlo en las manos de Dios de una vez por todas. Cuando lo hagas, experimentarás su paz y ¡no estarás descontento con el resultado!

Gentileza de: tomado de la web.

 

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Bienaventurados los que padecen persecución

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“Bienaventurados (felices) los que padecen persecución por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5:10)

La justicia aludida en esta bienaventuranza y que es causa de persecución, no es la institucional y jurídica, administrada por expertos en esta materia, sino la justicia personal administrada por la conciencia individual;
una justicia que es distintiva del cristiano que habiendo reconocido su naturaleza pecadora, ha depositado su fe en Cristo y su obra redentora y regeneradora, y que a consecuencia de esa fe es declarado justo por Dios, como está escrito en la Biblia:

“Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios” (Romanos 5:1).

No se trata de un simple indulto administrativo sino porque Cristo,
el Justo, pagó por nosotros, los injustos. (1ª Pedro 3:18).

Perseguidos por causa de esta justicia: ¿por qué?.
En este mismo contexto bíblico Jesús dice:
“vosotros sois la luz del mundo” y en Juan 3:18 dice también
“la luz vino al mundo mas los hombres amaron más las tinieblas porque
sus obras eran malas”.

El cristiano que vive como tal, constituye la mayor amenaza para la “moral” de este mundo, porque desenmascara todas sus inmundicias, por lo tanto debe ser eliminado o neutralizado a través de algún tipo de persecución, física o psicológica, esto es, quemado en la hoguera, ridiculizado u otras técnicas.

Esto viene sucediendo ininterrumpidamente a lo largo de los 20 siglos de
cristianismo pero sin menguar su capacidad lumínica ni opacar el gozo
que experimenta el creyente en Cristo por sentirse instrumento de Dios
para que otros encuentren en la noche oscura de este mundo, el camino
a la verdadera Justicia, Cristo, el que nos hace justos ante Dios y nos da
la ciudadanía del Reino de los Cielos.

“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la Justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:3)

“Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón
es grande en los cielos”.

Epilogo:

“Bienaventurados (felices) cuando por mi causa os vituperen y os
persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es grande en los cielos…” (Mateo 5: 11-12)

En estos dos versículos finales sobre las bienaventuranzas, se nos considera felices y dichosos, y animados a gozarnos y alegrarnos a causa del sufrimiento que inevitablemente, en alguna medida nos puede sobrevenir por honor a Cristo.

Estos sufrimientos que pueden acosarnos, tienen tal variedad de características, como la capacidad de nuestra mente a imaginárselos,
y siempre será una consecuencia de nuestra identificación con Cristo
y su obra redentora. Indudablemente esto suena como una gran paradoja, alegrarnos por sufrir, aunque sea por Cristo, pero ciertamente no lo es:
el apóstol Pedro, a este respecto exclama:

“si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados”
(1ª Pedro 4:14).

El apóstol Pablo escribiéndole a Timoteo, le dice:

“si sufrimos también reinaremos con él” (2ª Timoteo 2:12).

Un largo listado de mártires de la fe, lo creyeron y lo consideraron
un alto honor sufrir por causa de quien padeció los más atroces sufrimientos por causa de ellos.

Pero aquí cabe una reflexión ineludible; en este mundo, el sufrimiento es en la vida
del hombre una experiencia inevitable, pero podemos en buena medida elegir las causas.

Podemos elegir sufrir por hacer el bien.
Podemos elegir sufrir por hacer el mal.
Podemos elegir sufrir por motivos santos.
Podemos elegir sufrir por motivos impíos.
Podemos elegir sufrir por causa de Cristo.
O tenemos que sufrir por haber elegido a Satanás.

Elegir por Cristo reportará dolor temporal pero paz en el corazón aquí y dicha eterna en los cielos.
No elegir por Cristo equivale a hacerlo por Satanás y esto reportará algún tipo de satisfacción momentánea pero consecuencias dramáticas aquí,
ahora bástenos visitar hospitales, cárceles, reformatorios, cementerios, hogares destruidos, o la intimidad de nuestro ser), y condenación de nuestra alma por la eternidad.
Una simple reflexión concienzuda no nos dejará dudas sobre la elección que nos conviene.

Si Ud. está obnubilado por los placeres que el mundo engañosamente
le ofrece, hoy todavía está a tiempo para cambiar su destino, reconociendo a Cristo como su único y suficiente Salvador y ponerse del lado de los que viven la dicha de sufrir por Cristo.

“Pues considero que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que ha de manifestarse con nosotros”. (Romanos 8:18)

Con esta última bienaventuranza terminamos esta hermosa serie de bendiciones que podemos recibir;
es como una caja de bellas flores que Dios en su misericordia nos
ofrece, para que vivamos una vida verdaderamente “dichosa.”

“Casi todas las alhajas de Dios;
son lágrimas cristalizadas.”

Gentileza de :Enos Serra

7 Lecciones Acerca De La Cruz

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“PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” (Lucas 23:34)

Lección 1: Perdona a los que te han herido.

Dos niños jugaban cuando por casualidad uno de ellos golpeó al otro con un palo. Esa noche, la madre del muchacho herido dijo: “Hijito, debes perdonar a Enrique antes de irte a dormir”. De mala gana, él contestó: Bien, pero a no ser que me muera antes de que me despierte, ¡que se prepare mañana por la mañana…!”. ¿Te das cuenta? Cuando la gente nos hace daño, es difícil de creer que podría haber sido involuntario o por ignorancia. Y sin embargo, asombrosamente, después de haber recibido latigazos, ser humillado y clavado en una cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Perdonar significa negarte a seguir siendo una víctima. Por no sostener rencores o tomar represalias, te liberas del control que ejercen sobre ti los que te ofenden. Jesús dijo: “…orad por los que os ultrajan…” (Mateo 5:44b). Dietrich Bonhoeffer, que fue perseguido por los nazis, dijo: “Dios no promete que cuando bendigamos a nuestros enemigos, no nos van a utilizar con desprecio. Lo harán. Pero esto no nos puede dañar ni vencer mientras que oramos por ellos. Cuando así actuamos, hacemos por ellos lo que no pueden hacer por sí mismos”.

El profesor Tony de Campolo pregunta con frecuencia a los estudiantes del colegio secular donde da clases qué es lo que saben acerca de las enseñanzas de Jesús. La respuesta es siempre la misma: “Amad a vuestros enemigos” (Lucas 6:27b). Más que nada, este mandato destaca la diferencia entre un discípulo de Jesús y uno que no lo es. El Señor dijo: “…de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8). El practicar el perdón procede de una gratitud profunda a Dios por borrar una deuda grandísima que nunca hubiéramos podido pagar.

“DE CIERTO TE DIGO QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO” (Lucas 23:43)

Lección 2: Tienda la mano a otros.

La Biblia dice, que cuando Jesús estaba clavado en la cruz, “uno de los malhechores que estaban colgados lo insultaba… Respondiendo el otro, lo reprendió, diciendo: “¿Ni siquiera… temes tú a Diosí Nosotros… justamente padecemos…; pero éste ningún mal hizo”. Y dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Entonces Jesús le dijo: “…hoy estarás conmigo en el paraíso”(Lucas 23:39-43). Mientras que uno se burlaba de Él, el otro reconocía sus pecados y recibía su gracia. La verdad es -aunque esto les fastidie mucho a las personas criticonas- que Dios dice: “…el que (los) confiesa [sus pecados] y se aparta de ellos alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13b). Y esta promesa es para los que están perdidos, los más despreciados y los más bajos entre nosotros.

Si Jesús hubiera estado tan concentrado en su propio dolor, fácilmente no hubiera visto el sufrimiento de aquéllos que estaban a su alrededor. Pero en lugar de esto, “extendió la mano” en amor, identificándose con el sufrimiento del otro. En la profundidad de su propia agonía, no sólo prometió vida eterna al ladrón en la cruz, sino también lo consoló con estas palabras asombrosas: “…hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Aquí hay una lección para nosotros que el patriarca Job aprendió. Él perdió a todos sus hijos y a su fortuna en un solo día, y aun así encontró sanidad y pasó a cosas más grandes. ¿Cómo? Escucha: “Cuando Job hubo orado por sus amigos, el Señor le quitó la aflicción; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Después de esto… Job… vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación” (Job 42:10,16). Tendiendo la mano a otros es como nosotros mismos somos sanados.

“MUJER, HE AHÍ TU HIJO” (Juan 19:26-27)

Lección 3: Cuida de las personas que dependen de ti.

Al perder a su hijo María se quedaba más desprotegida. De manera que, aparte de tener que hacer frente a su pena como madre, es posible que se preguntara qué le depararía el futuro. Jesús se apercibió de esto. En medio del caos, cuando “…vio… a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: ‘Mujer, he ahí tu hijo’. Después dijo al discípulo: ‘He ahí tu madre’” (Juan 19:26-27). Cuando los demás discípulos huyeron por miedo, Juan siguió a Jesús todo el camino al monte Gólgota, y fue aun “más lejos”. La Biblia nos dice (y la historia lo confirma) que una vez que Jesús encomendó a María a su cuidado, Juan realizó ese encargo, y “…desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19:27).

Aquí hay algo que debemos aprender. Nunca dejes que tu propio sufrimiento te ciegue a las necesidades de los que dependen de ti. Cuando estés envuelto en tus propios problemas es fácil asumir que tus seres queridos entiendan tu situación automáticamente, pero eso no es así necesariamente. Mientras esté bien que les dejes ayudarte, nunca viertas tus asuntos sobre ellos, o esperes que sufran porque tú sufres. La Biblia dice: “Nada hagáis… por vanidad…, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. No busquéis vuestro propio provecho, sino el de los demás” (Filipenses 2:3-4). Jesús siempre estaba más preocupado por las necesidades de la gente que por las suyas, y nosotros deberíamos seguir su ejemplo.

“DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO?” (Mateo 27:46b)

Lección 4: Dirige a Dios tus preguntas más difíciles.

¿En el Gólgota, Jesús hizo una de las preguntas más desgarradoras que hayan sido registradas alguna vez: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46b). Estas palabras se encuentran en el Salmo 22:1, donde David derramó su alma en desesperación, preguntándole al Señor: “¿Por qué me has echado fuera? ¿Es que no te importo?”. ¿Alguna vez te has sentido así? La Biblia dice que en el monte Gólgota, Dios, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). Para romper el eslabón que nos ata al pecado y hacer posible nuestra salvación, Jesús sufrió una separación temporal de su Padre. En aquel preciso momento Él se sintió dejado de la mano de Dios. Si alguna vez te has sentido abrumado y abandonado, sabes por experiencia que no hay otro ser viviente que tenga una respuesta satisfactoria a tu “¿por qué?”. Con la mejor intención del mundo, nuestros seres queridos solamente pueden entendernos hasta cierto nivel. Tan sólo Dios puede derramar su “bálsamo” de sanidad sobre tu corazón destrozado y ayudarte a entender (o por lo menos aceptar) lo que está pasando. Es por eso que debes acudir a Él para recibir las respuestas.

Pero aquí tienes la otra cara de hacerle esas preguntas tan difíciles al Señor: es preciso que estés dispuesto a aceptar la respuesta y a hacer lo que Él te diga. La Biblia dice que “…es imposible que Dios mienta…” (Hebreos 6:18b); en el caso de no recibir la contestación que estás esperando, da por sentado de que Él te escucha. También puedes estar seguro de otra cosa: el que hace que “…todas las cosas (los) ayudan a bien…” (Romanos 8:28), siempre envía la respuesta que es mejor para ti. ¡De manera que puedes confiar en Él!

“¡TENGO SED!” (Juan 19:28b)

Lección 5: Reconoce tu naturaleza humana.

Combina la tortura de ser crucificado con la pérdida de fluidos corporales en el clima de Judea, y puedes entender por qué Jesús tuvo sed. Sin embargo, la Biblia dice que cuando le ofrecieron “…vino mezclado con mirra,… Él no lo tomó” (Marcos 15:23b). ¿Y por qué no? Porque le hubiera adormecido su percepción y quiso quedarse alerta. No te equivoques, Jesús podría haber llamado a una multitud de ángeles para rescatarle. Pero Él eligió morir por nuestros pecados. Dijo: “Nadie me (la) quita [la vida], sino que Yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:18). Esto también explica por qué Juan escribió: “…sabiendo Jesús que… todo estaba consumado [Él cumplió todas las profecías acerca de su crucifixión], dijo…: ‘¡Tengo sed!’” (Juan 19:28). Su próxima declaración cambiaría tanto a la historia que Él quería que su voz fuera alta y clara: “¡Consumado es!” (versículo 30). Cuando te encuentres en un valle oscuro como Jesús en aquel día lo estuvo, puede nublar tus pensamientos y hacer que pierdas todas las perspectivas a no ser que expreses tus necesidades a aquéllos a tu alrededor. Reconociendo su sed física, Jesús quiso recordarnos a cada uno de nosotros que hay veces cuando no somos autosuficientes y que necesitamos la ayuda de otros. Si no fuera así, ¿por qué dejaría Pablo escrito: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid… la ley de Cristo” (Gálatas 6:2). David escribió: “Como el padre se compadece de los hijos,… el Señor… se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:13,14b). Dios nos recuerda que somos simplemente seres humanos; ¡nosotros somos los que lo olvidamos! Lo esencial es que Jesús era lo bastante humilde para reconocer su humanidad, y nosotros tenemos que aprender a hacer lo mismo.

“¡CONSUMADO ES!” (Juan 19:30)

Lección 6: No puedes añadir nada.

En el tabernáculo (del Antiguo Testamento) había diferentes objetos, como la mesa para el pan de la proposición que representa nuestra necesidad de compañerismo, el candelabro que simboliza nuestra necesidad de luz y entendimiento (lee Éxodo 25:30-31), etc. Pero no había ninguna silla. ¿Por qué? Porque el trabajo del sumo sacerdote nunca se terminó y por eso no podía sentarse. Pero después de que Jesús exclamó: “¡Consumado es!” (Juan 19:30b), Él volvió al Cielo y se sentó a la diestra de su Padre; la obra de nuestra redención había terminado. Las palabras griegas por ‘¡Consumado es!’ literalmente significan ‘pagado integramente’. Es lo que la gente de aquél entonces escribía en un recibo cuando se había pagado la cuenta. La muerte de Cristo cubre cada uno de tus pecados -desde la cuna hasta la tumba- y el ofrecer buenas obras como un pago parcial insulta al Señor.
No puedes añadir nada a algo que se ha terminado. Imagínate una mesita de café en una carpintería labrada con mucho esmero y lista para ser entregada. Entonces llegas tú y tomando una tablita de madera dices: “Está bien, pero aun le falta algo; déjeme mostrárselo”. Inmediatamente el maestro carpintero te detiene y te dice: “Ni hablar de eso; ¡lo que usted va a hacer es destruirla…!”. O imagínate que recibes un regalo muy caro de un ser querido. En seguida sacas un billete de cinco euros y dices: “Toma, déjame ayudarte con los gastos”. No, lo que conseguirás con una propina es ofender al dador… Le estás robando su alegría y menospreciando el sacrificio que le costó comprarte el regalo. Escucha: “…esto no [es] de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe…” (Efesios 2:8b-9). La fe que salva simplemente significa confiar únicamente en la obra consumada de Cristo.

“…EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lucas 23:46b)

Lección 7: Déjalo en las manos de Dios.

Algunas ansiedades con las que luchamos parecen ser interminables, como las preocupaciones por el dinero, problemas familiares e inquietudes acerca de la salud. Incluso cuando tenemos unos días libres y debiéramos descansar nos quedamos en vela esperando lo peor y preguntando: “¿Cuánto tiempo más, Señor?”. El único modo de tener verdadera paz es cuando cometemos el desenlace de todo ello al Señor. Cuando Jesús exclamaba: “…Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46b), no era un grito de derrota o de resignación. No, era un acto de confianza que significaba que Él entregaba el control a su Padre. La sangre reconciliadora había sido vertida y finalmente la obra de nuestra salvación se había completado. Pero antes de que Jesús pudiera hacer esa oración tuvo que orar: “…no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42b), en otras palabras: “Padre, te dejo a Ti el resultado”.

En Filipenses 3:10-11 Pablo escribió: “Quiero conocerlo a Él y el poder de su resurrección, y participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a Él en su muerte, si es que en alguna manera logro llegar a la resurrección de entre los muertos”. Todos queremos gobernar y reinar con Cristo un día, solamente no queremos someter nuestra voluntad a la suya hoy. Pero esto no funciona así. Jack Hayford escribió: “El camino a seguir… ha sido siempre… el ‘camino de la cruz’. Ella no sólo nos lleva hacia Jesús, sino también hacia la vida y hacia la sabiduría de los caminos de Dios en todas nuestras relaciones y búsquedas… conforme al modelo de Jesús… frente a nuestras luchas más intensas”. De manera que, no importa con lo que estés luchando hoy, ponlo en las manos de Dios de una vez por todas. Cuando lo hagas, experimentarás su paz y ¡no estarás descontento con el resultado!

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CON MARIA CAMINANDO LA CUARESMA

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2017

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El asombro ante las obras que Dios realiza: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49)

Queridos hermanos y hermanas: El próximo 11 de febrero se celebrará en toda la Iglesia y, especialmente, en Lourdes, la XXV Jornada Mundial del Enfermo, con el tema: El asombro ante las obras que Dios realiza: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49). Esta Jornada, instituida por mi predecesor san Juan Pablo II, en 1992, y celebrada por primera vez precisamente en Lourdes el 11 de febrero de 1993, constituye una ocasión para prestar especial atención a la situación de los enfermos y de todos los que sufren en general; y, al mismo tiempo, es una llamada dirigida a los que se entregan en su favor, comenzando por sus familiares, los agentes sanitarios y voluntarios, para que den gracias por la vocación que el Señor les ha dado de acompañar a los hermanos enfermos.

Además, esta celebración renueva en la Iglesia la fuerza espiritual para realizar de la mejor manera posible esa parte esencial de su misión que incluye el servicio a los últimos, a los enfermos, a los que sufren, a los excluidos y marginados (cf. Juan Pablo II, Motu proprio Dolentium hominum, 11 febrero 1985, 1). Los encuentros de oración, las liturgias eucarísticas y la unción de los enfermos, la convivencia con los enfermos y las reflexiones sobre temas de bioética y teológico-pastorales que se celebrarán en aquellos días en Lourdes, darán una aportación nueva e importante a ese servicio. Situándome ya desde ahora espiritualmente junto a la Gruta de Massabielle, ante la imagen de la Virgen Inmaculada, en la que el Poderoso ha hecho obras grandes para la redención de la humanidad, deseo expresar mi cercanía a todos vosotros, hermanos y hermanas, que vivís la experiencia del sufrimiento, y a vuestras familias; así como mi agradecimiento a todos los que, según sus distintas ocupaciones y en todos los centros de salud repartidos por todo el mundo, trabajan con competencia, responsabilidad y dedicación para vuestro alivio, vuestra salud y vuestro bienestar diario. Me gustaría animar a todos los enfermos, a las personas que sufren, a los médicos, enfermeras, familiares y a los voluntarios a que vean en María, Salud de los enfermos, a aquella que es para todos los seres humanos garante de la ternura del amor de Dios y modelo de abandono a su voluntad; y a que siempre encuentren en la fe, alimentada por la Palabra y los Sacramentos, la fuerza para amar a Dios y a los hermanos en la experiencia también de la enfermedad.

Como santa Bernadette estamos bajo la mirada de María. La humilde muchacha de Lourdes cuenta que la Virgen, a la que llamaba «la hermosa Señora», la miraba como se mira a una persona. Estas sencillas palabras describen la plenitud de una relación. Bernadette, pobre, analfabeta y enferma, se siente mirada por María como persona. La hermosa Señora le habla con gran respeto, sin lástima.

Esto nos recuerda que cada paciente es y será siempre un ser humano, y debe ser tratado en consecuencia. Los enfermos, como las personas que tienen una discapacidad incluso muy grave, tienen una dignidad inalienable y una misión en la vida y nunca se convierten en simples objetos, aunque a veces puedan parecer meramente pasivos, pero en realidad nunca es así. Bernadette, después de haber estado en la Gruta y gracias a la oración, transforma su fragilidad en apoyo para los demás, gracias al amor se hace capaz de enriquecer a su prójimo y, sobre todo, de ofrecer su vida por la salvación de la humanidad. El hecho de que la hermosa Señora le pida que rece por los pecadores, nos recuerda que los enfermos, los que sufren, no sólo llevan consigo el deseo de curarse, sino también el de vivir la propia vida de modo cristiano, llegando a darla como verdaderos discípulos misioneros de Cristo. A Bernadette, María le dio la vocación de servir a los enfermos y la llamó para que se hiciera Hermana de la Caridad, una misión que ella cumplió de una manera tan alta que se convirtió en un modelo para todos los agentes sanitarios.

Pidamos pues a la Inmaculada Concepción la gracia de saber siempre ver al enfermo como a una persona que, ciertamente, necesita ayuda, a veces incluso para las cosas más básicas, pero que también lleva consigo un don que compartir con los demás. La mirada de María, Consoladora de los afligidos, ilumina el rostro de la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren. Los frutos maravillosos de esta solicitud de la Iglesia hacia el mundo del sufrimiento y la enfermedad son motivo de agradecimiento al Señor Jesús, que se hizo solidario con nosotros, en obediencia a la voluntad del Padre y hasta la muerte en la cruz, para que la humanidad fuera redimida. La solidaridad de Cristo, Hijo de Dios nacido de María, es la expresión de la omnipotencia misericordiosa de Dios que se manifiesta en nuestras vidas ―especialmente cuando es frágil, herida, humillada, marginada, sufriente―, infundiendo en ella la fuerza de la esperanza que nos ayuda a levantarnos y nos sostiene. Tanta riqueza de humanidad y de fe no debe perderse, sino que nos ha de ayudar a hacer frente a nuestras debilidades humanas y, al mismo tiempo, a los retos actuales en el ámbito sanitario y tecnológico.

En la Jornada Mundial del Enfermo podemos encontrar una nueva motivación para colaborar en la difusión de una cultura respetuosa de la vida, la salud y el medio ambiente; un nuevo impulso para luchar en favor del respeto de la integridad y dignidad de las personas, incluso a través de un enfoque correcto de las cuestiones de bioética, la protección de los más débiles y el cuidado del medio ambiente. Con motivo de la XXV Jornada Mundial del Enfermo, renuevo, con mi oración y mi aliento, mi cercanía a los médicos, a los enfermeros, a los voluntarios y a todos los consagrados y consagradas que se dedican a servir a los enfermos y necesitados; a las instituciones eclesiales y civiles que trabajan en este ámbito; y a las familias que cuidan con amor a sus familiares enfermos.

Deseo que todos sean siempre signos gozosos de la presencia y el amor de Dios, imitando el testimonio resplandeciente de tantos amigos y amigas de Dios, entre los que menciono a san Juan de Dios y a san Camilo de Lelis, patronos de los hospitales y de los agentes sanitarios, y a la santa Madre Teresa de Calcuta, misionera de la ternura de Dios. Hermanos y hermanas, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, elevemos juntos nuestra oración a María, para que su materna intercesión sostenga y acompañe nuestra fe y nos obtenga de Cristo su Hijo la esperanza en el camino de la curación y de la salud, el sentido de la fraternidad y de la responsabilidad, el compromiso con el desarrollo humano integral y la alegría de la gratitud cada vez que nos sorprenda con su fidelidad y su misericordia.

María, Madre nuestra, que en Cristo nos acoges como hijos, fortalece en nuestros corazones la espera confiada, auxílianos en nuestras enfermedades y sufrimientos, guíanos hasta Cristo, hijo tuyo y hermano nuestro, y ayúdanos a encomendarnos al Padre que realiza obras grandes. Os aseguro mi constante recuerdo en la oración y os imparto de corazón la Bendición Apostólica. 8 de diciembre de 2016, Fiesta de la Inmaculada Concepción Francisco