EL MAGNIFICAT ES COMO EL TESTAMENTO ESPIRITUAL DE LA MADRE DEL REDENTOR

  1. «Magníficat anima mea Dominum!» (Lc 1, 46).

La Iglesia peregrina en la historia se une hoy al cántico de exultación de la bienaventurada Virgen María, expresa su alegría y alaba a Dios porque la Madre del Señor entra triunfante en la gloria del cielo. En el misterio de su Asunción, aparece el significado pleno y definitivo de las palabras que ella misma pronunció en Ain Karim, respondiendo al saludo de Isabel: «Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso» (Lc 1, 49).

Gracias a la victoria pascual de Cristo sobre la muerte, la Virgen de Nazaret, unida profundamente al misterio del Hijo de Dios, compartió de modo singular sus efectos salvíficos. Correspondió plenamente con su «sí» a la voluntad divina, participó íntimamente en la misión de Cristo y fue la primera en entrar después de él en la gloria, en cuerpo y alma, en la integridad de su ser humano.

El «sí» de María es alegría para cuantos estaban en las tinieblas y en la sombra de la muerte. En efecto, a través de ella vino al mundo el Señor de la vida. Los creyentes exultan y la veneran como Madre de los hijos redimidos por Cristo. Hoy, en particular, la contemplan como «signo de consuelo y de esperanza» (cf. Prefacio) para cada uno de los hombres y para todos los pueblos en camino hacia la patria eterna.

Amadísimos hermanos y hermanas, dirijamos nuestra mirada a la Virgen, a quien la liturgia nos hace invocar como aquella que rompe las cadenas de los oprimidos, da la vista a los ciegos, arroja de nosotros todo mal e impetra para nosotros todo bien (cf. II Vísperas Himno).

  1. «Magníficat anima mea Dominum!».

La comunidad eclesial renueva en la solemnidad de hoy el cántico de acción de gracias de María: lo hace como pueblo de Dios, y pide que cada creyente se una al coro de alabanza al Señor. Ya desde los primeros siglos, san Ambrosio exhortaba a esto: «Que en cada uno el alma de María glorifique al Señor, que en cada uno el espíritu de María exulte a Dios» (san Ambrosio, Exp. Ev. Luc., II, 26). Las palabras del Magníficat son como el testamento espiritual de la Virgen Madre. Por tanto, constituyen con razón la herencia de cuantos, reconociéndose como hijos suyos, deciden acogerla en su casa, como hizo el apóstol san Juan, que la recibió como Madre directamente de Jesús, al pie de la cruz (cf. Jn 19, 27).

  1. «Signum magnum paruit in caelo». (Ap 12, 1).

La página del Apocalipsis que se acaba de proclamar, al presentar la «gran señal» de la «mujer vestida de sol» (Ap 12, 1), afirma que estaba «encinta, y gritaba con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz» (Ap 12, 2). También María, como hemos escuchado en el evangelio, uando va a ayudar a su prima Isabel lleva en su seno al Salvador, concebido por obra del Espíritu Santo.

Ambas figuras de María, la histórica, descrita en el evangelio, y la bosquejada en el libro del Apocalipsis, simbolizan a la Iglesia. El hecho de que el embarazo y el parto, las asechanzas del dragón y el recién nacido arrebatado y llevado «junto al trono de Dios» (Ap 12, 4-5), pertenezcan también a la Iglesia «celestial», contemplada en visión por el apóstol san Juan, es bastante elocuente y, en la solemnidad de hoy, es motivo de profunda reflexión.

Así como Cristo resucitado y ascendido al cielo lleva consigo para siempre, en su cuerpo glorioso y en su corazón misericordioso, las llagas de la muerte redentora, así también su Madre lleva en la eternidad «los dolores del parto y el tormento de dar a luz» (Ap 12, 2). Y de igual modo que el Hijo, mediante su muerte, no deja de redimir a cuantos son engendrados por Dios como hijos adoptivos, de la misma manera la nueva Eva sigue dando a luz, de generación en generación, al hombre nuevo, «creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad» (Ef 4, 24). Se trata de la maternidad escatológica de la Iglesia, presente y operante en la Virgen.

  1. En el actual momento histórico, al termino de un milenio y en vísperas de una nueva época, esta dimensión del misterio de María es más significativa que nunca. La Virgen, elevada a la gloria de Dios en medio de los santos, es signo seguro de esperanza para la Iglesia y para toda la humanidad.

La gloria de la Madre es motivo de alegría inmensa para todos sus hijos, una alegría que conoce las amplias resonancias del sentimiento, típicas de la piedad popular, aunque no se reduzca a ellas. Es, por decirlo así, una alegría teologal, fundada firmemente en el misterio pascual. En este sentido, la Virgen es «causa nostrae laetitiae», causa de nuestra alegría.

María, elevada al cielo, indica el camino hacia Dios, el camino del cielo, el camino de la vida. Lo muestra a sus hijos bautizados en Cristo y a todos los hombres de buena voluntad. Lo abre, sobre todo, a los humildes y a los pobres, predilectos de la misericordia divina. A las personas y a las naciones, la Reina del mundo les revela la fuerza del amor de Dios, cuyos designios dispersan a los de los soberbios, derriban a los potentados y exaltan a los humildes colman de bienes a los hambrientos y despiden a los ricos sin nada (cf. Lc 1, 51-53).

  1. «Magníficat anima mea Dominum!».

Desde esta perspectiva, la Virgen del Magníficat nos ayuda a comprender mejor el valor y el sentido del gran jubileo ya inminente, tiempo propicio en el que la Iglesia universal se unirá a su cántico para alabar la admirable obra de la Encarnación. El espíritu del Magníficat es el espíritu del jubileo; en efecto, en el cántico profético María manifiesta el jubilo que colma su corazón, porque Dios, su Salvador, puso los ojos en la humildad de su esclava (cf. Lc 1, 47-48).

Ojalá que este sea también el espíritu de la Iglesia y de todo cristiano. oremos para que el gran jubileo sea totalmente un Magníficat, que una la tierra y el cielo en un cántico de alabanza y acción de gracias. Amen.

Homilía de S.S. Juan Pablo II en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María15 de agosto de 1999.

 

La Transfiguración de Jesús: la cruz en el horizonte La pasión que conduce a la gloria

A la mayoría de las personas nos fascinan las montañas. Ha habido personas que han perdido sus vidas, subiendo al monte Everest, la montaña más alta del mundo. ¿Por qué nos gusta subir a las montañas? ¿Sera porque se contempla mejor, la creación, el horizonte? Desde una montaña se puede apreciar mejor el verdor de la pradera, Nos sentimos más cerca del sol, de las nubes, del cielo, y si es de noche nos sentimos más cerca de la luna y las estrellas.

En la Trasfiguración, una montaña ocupo un lugar muy importante en este pasaje bíblico. Sabemos que Jesús enseñaba, hacia curaciones y milagros en cualquier sitio en que él veía que había una necesidad. Sin embargo, cuando él quería orar, estar a solas con su Padre, se iba a lugares aparatados y solitarios donde no había mucha distracción. Jesús era un hombre de oración. Lo encontramos orando en el desierto, en el Huerto de los Olivos. (Fue ahí donde lo tomaron preso para matarlo). Pero esta vez decidió irse a orar a una montaña alta que existe en Palestina que se llama El Monte Tabor. Esta vez se llevo a sus tres discípulos preferidos: Pedro, Santiago y Juan. Los mismos que lo iban acompañar más tarde en el Huerto de los Olivos. Vamos a ver qué paso cuando estaban en la montaña.

Hay dos personajes que hablas con Jesús, Moisés, y Elías. Moisés representa La Ley y Elías a los Profetas. Ellos representan lo más importante para los judíos del tiempo de Jesús. Esto era como el corazón de su religión. Jesús vino a perfeccionar La Ley y el Mensaje de los Profetas. Los apóstoles vieron a Jesús en el esplendor de su gloria. El episodio nos habla de una nube. La nube se encuentra en algunos pasajes bíblicos ya que representa la presencia de Dios. (Éxodo 14, 19-20) Desde la nube se oyó una voz que dijo: “Este es mi hijo amado, escúchenlo”. Los apóstoles estaban tan felices en la montana que querían quedarse allí. San Pedro dice: “¡Maestro, que bien estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. De repente volvieron a la realidad de la vida y vieron a Jesús nada mas – normal y corriente – y a ese Jesús “transfigurado o no transfigurado” Hay que ESCUCHARLO.

Hay muchas voces que nos hablan hoy día, voces que quieren que también las escuchemos. Muchas de esas voces nos entran por los oídos y nos llegan al corazón. Algunas son voces buenas otras son voces malas y algunas ni son buenas ni son malas, depende lo que hagamos con el mensaje que quieren comunicarnos. ¿Dónde se escuchan esas voces? Se escuchan en la calle, en el trabajo, en la radio, en la televisión, en el Internet, etc. A veces son voces que no omiten sonido, es algo que está escrito: en los periódicos, revistas, libros, etc. Nosotros tenemos que tener cuidado lo que escuchamos y lo que seguimos. También ante tanto ruido que nos rodea y voces que nos hablan, tenemos que hacer silencio para escuchar la voz de Dios.

Sabemos que Dios nos habla a través de la creación, por medio de Las Sagradas Escrituras, también nos habla por medio de otras personas, y acontecimientos que ocurren en el mundo y especialmente los que ocurren en nuestras vidas, pero también nos habla en el silencio. Orar es hablar con Dios, pero también es saber escuchar a Dios. Él tiene también cosas que decirnos. Pero para poder escuchar la voz de Dios, tenemos que hacer silencio. Jesús era un hombre de acción pero también era un hombre de silencio. Los santos y santas eran hombres y mujeres de acción, pero también eran personas de silencios.

En fin, en este pasaje del evangelio se nos invita a escuchar la voz de Jesús – la voz que hay que seguir. Como dice su Padre: “Este es mi Hijo amado. ESCUCHENLO”.

 

Oraciones a Señora Santa Ana 26 de Julio

Hoy la Iglesia conmemora a los abuelos de Jesús, padres de Nuestra Señora. Dios bendice el matrimonio, y San Joaquín y Santa Ana, ya ancianos, conciben una hija: la Inmaculada Virgen María.

Ana y Joaquín, esposos y judíos ejemplares, vivieron en una época crucial de la historia de la salvación, momentos en los cuales estaba por 1.jpgser cumplida la promesa de Dios a Abraham y la humanidad estaba lista para recibir la respuesta esperada por los justos del Antiguo Testamento, que esperaban la consolación de Israel.

Escuchemos las palabras del Salmo 131, sobre la fidelidad de Dios a su promesa: “El Señor juró a David una promesa de la cual no se retractará: ¡el fruto de tu vientre pondré sobre tu trono!” […] Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: “Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la escogí”” (vv. 11.13).

Sin duda, Ana y Joaquín pertenecían al grupo de aquellos judíos piadosos que esperaban la consolación de Israel, y precisamente a ellos les fue dada una tarea especial en la historia de la salvación: fueron escogidos por Dios, para generar a la Inmaculada que, a su vez, es llamada a concebir al Hijo de Dios.

Conocemos los nombres de los padres de la Bienaventurada Virgen a través de un texto no canónico, el Protovangelio de Tiago. Ellos son citados en la página que precede el anuncio del Ángel a María. Esta su hija no podía dejar de irradiar aquella gracia totalmente especial de su pureza, la plenitud de la gracia que la preparaba para el designio de la maternidad divina.

Podemos imaginar cuánto recibieron de Ella estos padres, al mismo tiempo que cumplían con su deber de educadores. (…) Madre e hija estaban unidas no solamente por lazos familiares, sino principalmente por la común expectativa del cumplimiento de las promesas, por la recitación multiforme de los Salmos y por la evocación de una vida de entrega a Dios.

¿Tendremos nuestros ojos y oídos abiertos para reconocer un misterio tan excelso? Pidamos a Santa Ana y a San Joaquín que no sólo veamos y escuchemos el mensaje de Dios, sino que inclusive podamos participar con amor a las personas con las cuales nos encontramos, en su amor y en particular transmitiendo luz y esperanza a todas nuestras familias. Confiemos de manera especial a Santa Ana a las madres, esencialmente a las que son impedidas en su defensa de la vida naciente o que tienen dificultades para formar y educar a sus hijos. (…)

Encontramos otro aspecto, que gustaría de resaltar: Santa Ana y San Joaquín pueden ser tomados como modelo además por su santidad vivida en edad avanzada. En conformidad con la antigua tradición, ellos ya eran ancianos cuando les fue confiada la tarea de dar al mundo, conservar y educar a la Santa Madre de Dios.

En las Sagradas Escrituras, la vejez es circundada de veneración (cf. 2 Mac 6, 23). El justo no puede ser privado de la vejez y de su peso; al contrario, él reza así: “Vos sóis mi esperanza, mi confianza, Señor, desde mi juventud… Ahora, en la vejez y decrepitud, no me abandonéis, oh Dios, para que yo narre a las generaciones la fuerza de vuestro brazo, vuestro poder a todos los que han de venir” (Sl 71 [70], 5-18).

Con su presencia, la persona anciana recuerda a todos, y de manea especial a los jóvenes, que la vida en la tierra es una “curva”, con un inicio y un final: para experimentar su plenitud ella hace referencia a los valores no efímeros ni superficiales, sino sólidos y profundos.

Infelizmente, un elevado número de jóvenes de nuestro tiempo están orientados hacia una concepción de la vida en que los valores éticos se vuelven cada vez más superficiales, dominados por el hedonismo reinante. Lo que más preocupa es el hecho que las familias se dividan a medida en que los esposos alcanzan la edad madura, cuando tienen mayor necesidad de amor, de ayuda y de comprensión recíproca.

Los ancianos que recibieron una educación moral vigorosa deberían demostrar, mediante su vida y el propio comportamiento en el trabajo, la belleza de una sólida vida moral. Deberían manifestar a los jóvenes la profunda fuerza de la fe, que nos fue transmitida por nuestros mártires y la belleza de la fidelidad a las leyes divinas de la moral conyugal.

Para terminar, quiero proponer a todos los aquí presentes, la oración que ellos recitan diariamente:

Oh San Joaquín y Santa Ana proteged a nuestras familias desde el inicio promisorio hasta la edad madura repleta de los sufrimientos de la vida y mantenednos en la fidelidad a las solemnes promesas.

Acompañad a los ancianos que se aproximan del encuentro con Dios. Suavizad el camino suplicando para aquel momento la presencia materna de vuestra dichosa Hija la Virgen María y de su Divino Hijo, Jesús! Amén.

Oración a Santa Ana por los hijos.

Gloriosa Santa Ana, Patrona de las familias cristianas, a Ti encomiendo mis hijos. Sé que los he recibido de Dios y que a Dios les pertenecen. Por tanto, te ruego me concedas la gracia de aceptar lo que su Divina Providencia disponga para ellos.

Bendíceles, oh Misericordiosa Santa Ana, y tómalos bajo tu protección. No te pido para ellos privilegios excepcionales; sólo quiero consagrarte sus almas y sus cuerpos, para que preserves ambos de todo mal. A Ti confío sus necesidades temporales y su salvación eterna.

Imprime a sus corazones, mi buena Santa Ana, horror al pecado; apártales del vicio; presérvales de la corrupción; conserva en su alma la fe, la rectitud y los sentimientos cristianos; y enséñales, como enseñaste a Tu Purísima Hija la Inmaculada Virgen María, a amar a Dios sobre todas las cosas.

Santa Ana, Tú que fuiste Espejo de Paciencia, concédeme la virtud de sufrir con paciencia y amor las dificultades que se me presenten en la educación de mis hijos. Para ellos y para mí, pido Tu bendición, oh Bondadosa Madre Celestial.

Que siempre te honremos, como a Jesús y María; que vivamos conforme a la voluntad de Dios; y que después de esta vida, hallemos la bienaventuranza en la otra, reuniéndonos Contigo en la gloria para toda la eternidad.Así sea.Amen.

Oración a Santa Ana (para pedir un favor)

¡Oh gloriosa Santa Ana que estas llena de compasión por quienes te invocan y de amor por los que sufren! Agobiado con el peso de mis problemas, me postro a tus pies y humildemente te ruego que tomes a tu especial cuidado esta intención mía… Por favor, recomiéndala a tu hija, Santa María, y deposítala ante el trono de Jesús, de manera que El pueda llevarlo a una feliz resolución. Continúa intercediendo por mí hasta que mi petición sea concedida. Pero por encima de todo, obtenme la gracia de que un día pueda ver a Dios cara a cara para que contigo, la Virgen y todos los santos pueda alabarle y bendecirle por toda la eternidad. Amén.

Jesús, María y Santa Ana, ayudadme ahora y en la hora de mi muerte.

Santa Ana ruega por mi.

Oración a nuestra Señora Santa Ana y San Joaquin

Bienaventurados sois, oh Santos Joaquín y Ana,
por habernos dado aquella niña benditísima,
que alcanzó la más alta dignidad que puede tener criatura, 
pues vino a ser Madre del mismo Dios hecho hombre,
y a tener en sus entrañas al que tiene colgado de tres dedos el universo;
y vosotros después de ella sois gloriosísimos,
pues sois padre de la Madre de Dios
porque engendrasteis por gracia y por don sobrenatural a la que nos dio a Jesucristo fuente de gracia y Salvador del mundo.
¡Oh cuan ricamente adornó con todas las virtudes vuestras almas el Señor,
para haceros tan señalada merced! Pues por estas mismas gracias que recibisteis,
y por aquella soberana Princesa que disteis al mundo,
os suplicamos que nos seáis abogados piadosos para con vuestra hija y con su Hijo Jesucristo,
y nos alcancéis al amparo de la Madre y la bendición del Hijo,
y perseverancia en la virtud y buena muerte,
para gozar con ellos y de vos en los siglos de los siglos.

Oración a San Joaquín y Santa Ana

Santos Joaquín y Ana, otórguenos la bendición por su gran fe y amor de padres. Por su respeto y reverencia por lo sagrado de la vida humana, Dios les concedió ser los padres de María, Madre del Señor.

A través de su intercesión, le pedimos a Dios que les conceda a los jóvenes de hoy esa misma reverencia por el don de la nueva vida.

Que puedan aceptar, apreciar y nutrir la vida desde el momento mismo de la concepción.

Concédenos a nosotros como nación, un renovado cariño y aprecio por cada vida humana.

Alcáncenme la gracia de orar con fervor, y no poner mi corazón en los bienes pasajeros.

Denme un amor vivo y perdurable a Jesús y María.

Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor.Amén.

BENEDICTO XVI: ORACIÓN POR LOS ABUELOS

Señor Jesús, tu naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana. Mira con amor a los abuelos de todo el mundo.
¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad. ¡Sostenlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales, hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.

Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.

Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Qué jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor.
Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas.
María, Madre de todos los vivientes, cuida constantemente a los abuelos, acompáñalos durante su peregrinación terrena, y con tus oraciones obtén que todas las familias se reúnan un día en nuestra patria celestial, donde esperas a toda la humanidad para el gran abrazo de la vida sin fin. Amén.

 

 

Oracion por la Familia

¡Señor Jesús! Hoy venimos a Ti, en nombre de cada una de las personas de nuestra familia. Tú, en tus designios de amor por cada uno de nosotros, nos has colocado en ella y nos has vinculado a cada una de las personas que la componen. En primer lugar, te queremos dar gracias de todo corazón por cada uno de los miembros de mi familia, por todo el amor que he recibido tuyo a través de el/os y te queremos alabar y glorificar porque nos has colocado en ella. A través de la familia y en la familia, tú nos has dado la vida y has querido para nosotros que formemos un núcleo de amor.

Hoy, Señor, queremos que Tú pases con tu sanación por cada uno de nosotros y realices tu obra de amor en cada uno de nosotros. Y antes de nada, Señor, queremos pedirte perdón por todas las faltas de amor que hayamos tenido en casa, por todas nuestras indelicadezas, por todas nuestras faltas de comprensión, por no ser a veces cauces de tu amor para ellos.

En primer lugar, Jesús, te pedimos que entres en el corazón de cada uno y toques aquellas experiencias de nuestra vida que necesiten ser sanadas. Tú  nos conoces mucho mejor que nosotros mismos; por lo tanto, llena con tu amor todos los rincones de nuestro corazón. Donde quiera que encuentres – el niño herido -, tócalo, consuélalo y pónlo en libertad.

Vuelve a recorrer nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, desde el principio, desde el mismo momento de nuestra concepción. Purifica las líneas hereditarias y líbranos de aquellas cosas que puedan haber ejercido una influencia negativa en aquel momento. Bendícenos mientras íbamos fomándonos en el vientre de nuestra madre y quita todas las trabas que puedan haber dificultado, durante los meses de gestación, nuestro desarrollo en plenitud.

Danos un profundo deseo de querer nacer y sana cualquier trauma tanto físico como emocional que pudiera habernos dañado durante nuestro nacimiento. ¡Gracias, Señor!, por estar ahí presente para recibimos a cada uno de nosotros en tus brazos en el momento mismo de nuestro nacimiento, para darnos la bienvenida a la tierra y asegurarnos que Tú nunca nos faltarías ni nos abandonarías.

Jesús, te pedimos que rodees nuestra infancia con tu luz y que toques aquellos recuerdos que nos impiden ser libres. Si lo que más necesitamos cada uno fue más cariño maternal, mándanos a tu Madre, la Virgen María, para que nos dé lo que nos falta. Pídele que nos abrace a cada uno, que nos arrulle a cada uno, que nos cuente cuentos y llene el vacío que necesita el calor yel consuelo que sólo una madre puede dar.

Quizá  “el niño interior” siente la falta del amor del padre. Señor Jesús, déjanos gritar con libertad, con todo nuestro ser: “¡Abba!, ¡papá! ¡Papaito!. Si necesitábamos alguno de nosotros más cariño paternal y la seguridad de que nos deseaban, y nos amaban de verdad, te pedimos que nos levantes y nos hagas sentir la fuerza de tus brazos protectores. Renueva nuestra confianza y danos el valor que necesitamos para hacer frente a las adversidades de la vida, porque sabemos, Padre nuestro, que tu amor nos levantará y nos ayudará si tropezamos ycaemos.

Recorre nuestra vida, Señor, y consuélanos cuando otros nos trataban mal. Sana las heridas de los encuentros que nos dejaron asustado, que nos hicieron entrar en nosotros mismos ylevantar barreras de defensa ante la gente. Si alguno de nosotros se ha sentido solo, abandonado y rechazado por la humanidad, concédenos por medio de tu amor que lo sana todo, un nuevo sentido del valor de cada uno como persona.

¡Oh Jesús, nos presentamos en este día ante ti, toda la familia yte pedimos que sanes nuestras relaciones, que sean unas relaciones llenas de cariño, de comprensión y de ternura y que nuestra familia se parezca a la tuya. Te pedimos, por intercesión de tu Madre, la Reina de la Paz, que nuestros hogares sean lugares de paz, de armonía y donde realmente experimentemos tu presencia. ¡Gracias, Señor!

 

EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN

1. ¿Qué es?

El escapulario del Carmen es el signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la inscripción en la Orden Carmelita, en la esperanza de su protección maternal.
El distintivo externo de esta inscripción o consagración es el pequeño escapulario marrón.

El escapulario del Carmen es un sacramental, es decir, según el Concilio Vaticano II, “un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia”. (S.C.60).

2.- Origen y propagación

A finales del siglo XII o principio del XIII nacía en el monte Carmelo, de Palestina, la Orden de los Carmelitas. Pronto se vieron obligados a emigrar a Occidente. En Europa, tampoco fueron muy bien recibidos por todos. Por ello el Superior General de la Orden, San Simón Stock, suplicaba con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen con esta oración:

Flos Carmeli
Vitis Florigera
Splendor coeli
Virgo puerpera
Singularis y singular
Mater mitis
Sed viri nescia
Carmelitis
Sto. Propitia
Stella maris
Flor del Carmelo
viña florida
esplendor del Cielo
Virgen fecunda
¡Oh madre tierna!
intacta de hombre
a los carmelitas
proteja tu nombre
(da privilegios)
Estrella del mar.

 

En 1251, la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, se apareció a San Simón Stock, General de los Carmelitas, con el escapulario de la Orden en sus manos, y le dijo: “Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno”; es decir, quien muera con él, se salvará.

Este relato lo encontramos ya en un santoral de fines del siglo XIV, que sin duda lo toma de códices más antiguos. En el mismo siglo XIII Guillermo de Sandwich O.C. menciona en su “Crónica”, la aparición de la Virgen a San Simón Stock prometiéndole la ayuda del Papa.

La promesa del escapulario es de tal trascendencia, que precisamente por ello suscitó fuerte oposición.

3. Significado del Escapulario

Al vestir el escapulario, y durante toda la vida, es muy importante que sepamos apreciar su profundo y rico significado, como pertenencia a una Orden, a la del Carmen, con obligación de vivir según su rica espiritualidad y su propio carisma. Quien viste el escapulario debe procurar tener siempre presente a la Santísima Virgen y tratar de copiar sus virtudes, su vida y obrar como Ella, María, obró, según sus palabras: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

El escapulario del Carmen es un MEMORIAL de todas las virtudes de María. Así lo recordaba a todos: religiosos, terciarios, cofrades. “Que forman, por un especial vínculo de amor, una misma familia de la Santísima Madre”, el Papa Pío XII, el 11.2.1950.

Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad.

  • Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor.
  • Vean, sobre todo, en esta librea que visten ida y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino.
  • Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratismo Corazón de la Virgen Inmaculada, s recientemente recomendada”.

Cada escapulario tiene sus privilegios o gracias particulares, pero todos pueden sustituirse por la medalla-escapulario (cfr. Decreto de 16-XII-1910). Sería falta de fe en la autoridad suprema del Vicario de Cristo que confiere a esta medalla tal privilegio, creer que vale menos, para ganar las promesas, llevar la medalla que los trozos de paño (aunque en determinados casos, por otras razones externas de mayor visibilidad, etc., puede ser preferible el escapulario de paño).

La medalla-escapulario debe tener por una parte la imagen de Jesús con el Corazón, y por la otra una imagen de la Virgen bajo cualquier advocación. Lo mismo que los escapularios ha de estar bendecida por un sacerdote.

CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

“Oh, María, Reina y Madre del Carmelo, vengo hoy a consagrarme a Ti, pues toda mi vida es como un pequeño tributo por tantas gracias y bendiciones como he recibido de Dios a través de tus manos.

Y porque Tú miras con ojos de particular benevolencia a los que visten tu Escapulario, te ruego que sostengas con tu fortaleza mi fragilidad, ilumines con tu sabiduría las tinieblas de mi mente y aumentes en mí la fe, la esperanza y la caridad, para que cada día pueda rendirte el tributo de humilde homenaje.

El Santo Escapulario atraiga sobre mí tus miradas misericordiosas, sea para mí prenda de particular protección en la lucha de cada día, de modo que pueda seros fiel a tu Hijo y a Ti.

Que él me tenga apartado de todo pecado y constantemente me recuerde el deber de pensar en Ti y revestirme de tus virtudes.

De hoy en adelante me esforzaré por vivir en suave unión con tu espíritu, ofrecerlo todo a Jesús por tu medio y convertir mi vida en imagen de tu humildad, caridad, paciencia, mansedumbre y espíritu de oración.

Oh Madre amabilísima, sosténme con tu amor indefectible, a fin de que a mí, pecador indigno, me sea concedido un día cambiar tu Escapulario por el Eterno vestido nupcial y habitar contigo y con los santos del Carmelo en el Reino de tu Hijo. Así sea.”

Papa Pío XII

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario, por lo que su Divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo, el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que te pido,si conviene para su mayor honra y gloria y bien de mi alma; que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa.

Quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente y uniendo mi voz con sus afectos, te saludo una y mil veces diciendo: (Tres Avemarías).

Virgen Santísima del Carmen, yo deseo que todos sin excepción, se cobijen bajo tu sombra protectora de tu Santo Escapulario y que todos estén unidos a Ti Madre Mía, por los estrechos y amorosos lazos de ésta tu querida insignia.

¡Oh Hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante su sagrada imagen y concédenos benigna tu amorosa protección. Te encomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre el Papa y la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos.

Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu Divino Hijo y a tantos infieles cómo gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre Mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Amén.

SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES

“Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén.”


ACCIÓN DE GRACIAS Y OFRECIMIENTO

¡Oh Virgen Santa del Carmen! Jamás podremos corresponder dignamente a los favores y gracias que nos has hecho al darnos tu santo Escapulario. Acepta nuestro sencillo, pero hondamente sentido, agradecimiento y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti y de tus mercedes, ofrecemos nuestro corazón, con todo su amor, y toda nuestra vida, que queremos emplear en el amor y servicio de tu Hijo Señor nuestro, y en propagar tu dulce devoción, procurando que todos nuestros hermanos en la fe, con los cuales la divina Providencia nos hace convivir y relacionar, estimen y agradezcan tu gran don, vistiendo el santo Escapulario, y que todos podamos vivir y morir en tu amor y devoción. Amen.


GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN

Prodigioso y admirable
Imán de nuestro desvelo;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.Salve, Reina de los, cielos,
De misericordia Madre,
Vida y dulzura divina;
Esperanza nuestra, Salve;
Nubecilla etc.Dios te Salve, Templo hermoso
Del divino Verbo en carne,
Sálvete Dios, Madre Virgen,
Pues eres Virgen y Madre;
Nubecilla etc.Volvednos, Madre piadosa,
Vuestros ojos admirables,
Y mirad por vuestros hijos,
Pues que sois piadosa Madre;
Nubecilla etc.Socorrednos, pues escucha
Que en las penas y combates
A ti suspiramos todos
En este lloroso valle;
Nubecilla etc.Mostradnos a vuestro Hijo
De Josafat en el Valle,
Piadoso, pues que nació
De ese cristal admirable;
Nubecilla etc.Rogad por vuestros devotos
A la bondad inefable;
Pues murió para salvarnos,
Por su clemencia nos salve;
Nubecilla del Carmelo,
Sednos protectora y Madre.

V. Ruega por nos, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.


ORACIÓN

Oh Dios, que adornaste a la Orden de la Beatísima siempre Virgen y Madre tuya María con el singular título del Carmelo: concede propicio que escudados con los auxilios de aquella cuya conmemoración celebramos, seamos dignos de llegar a los gozos eternos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Así sea.

Concluir cada día con tres avemarías.

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

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Acto para desagraviar y consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús

¡Oh Corazón clementísimo de Jesús, divino propiciatorio por el cuál prometió el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones! Yo me uno con Vos para ofrecer a Vuestro Eterno Padre este mi pobre y mezquino corazón, contrito y humillado en su divino acatamiento, y deseo reparar cumplidamente sus ofensas, en especial las que recibís de continuo en la Eucaristía, y señaladamente las que yo por mi desgracia también he cometido.

Quisiera, divino Corazón, lavar con lágrimas y borrar con sangre de mis venas las ingratitudes con que todos hemos pagado vuestro tierno amor.

Junto mi dolor, aunque leve, con aquella angustia mortal que os hizo en el huerto sudar sangre a la sola memoria de nuestros pecados. Ofrecédselo, Señor, a vuestro Eterno Padre unido con vuestro amabilísimo Corazón. Dadle infinitas gracias por los grandes beneficios que nos hace continuamente, y supla vuestro amor nuestra ingratitud y olvido.

Concededme la gracia de presentarme siempre con gran veneración ante el acatamiento de vuestra divina Majestad, para resarcir de algún modo las irreverencias y ultrajes que en vuestra presencia me atreví a cometer; y que de hoy en adelante me ocupe con todo mi conato, en atraer con palabras y ejemplos muchas almas que os conozcan y gocen las delicias de vuestro corazón.

Desde este momento me ofrezco y dedico del todo a dilatar la gloria de este sacratísimo y dulcísimo Corazón. Le elijo por el blanco de todos mis afectos y deseos, y desde ahora para siempre constituyo en él mi perpetua morada, reconociéndole, adorándole y amándole con todas mis ansias, como que es el Corazón de mi amabilísimo Jesús, de mi Rey y Soberano Dueño, Esposo de mi alma, Pastor y Maestro, verdadero amigo, amoroso Padre, Guía segura, firmísimo Amparo y Bienaventuranza. Amén.

 

Solemnidad del Corpus Christi. Cuerpo y Sangre de Jesucristo

En esta celebración, honramos y adoramos al «Cuerpo de Cristo», dado a todos los hombres para alcanzar la salvación
Solemnidad del Corpus Christi
Fiesta: Jueves después de la Santísima Trinidad (o Domingo posterior)

Martirologio romano: Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que con su alimento sagrado, Jesús ofrece un remedio de la inmortalidad y la promesa de la resurrección

Con esta Solemnidad, honramos y adoramos al «Cuerpo de Cristo», dado a todos los hombres para alcanzar la salvación. Jesús se hizo a sí mismo, Pan de Vida para unirse con nosotros en Espíritu. La Eucaristía es la celebración del sacrificio pascual, en donde el mismo Jesús, se entrega como el cordero inmolado, derramando su sangre para el perdón de nuestros pecados. La Eucaristía estimula y fortalece la fe y nuestra relación con Dios. Acudamos a Él, siempre y con gran devoción para gran aprovechamientos de nuestras almas.

Historia

La fiesta del Corpus Christi, o la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (como se le conoce a menudo hoy en día), se remonta al siglo 13. En esta, se celebra algo muy grande: la institución del sacramento de la Sagrada Eucaristía en la Última Cena. El Jueves Santo, es también una celebración de este misterio, pero el carácter solemne de la Semana Santa, y el enfoque en la Pasión de Cristo el Viernes Santo, eclipsa un poco este aspecto del Jueves Santo

En 1246, el obispo Robert de Thorete de la diócesis de Liège en Bélgica, a sugerencia de Santa Juliana de Mont Cornillon, quién desde muy jovencita, había tenido una gran veneración al Santísimo Sacramento, y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor, convocó un sínodo e instituyó la celebración de la fiesta. Desde Liège, la celebración comenzó a extenderse, y, el 8 de septiembre 1264, el Papa Urbano IV emitió la bula “Transiturus”, que estableció la fiesta de Corpus Christi como fiesta universal de la Iglesia, y que se celebrará el jueves siguiente Domingo de la Santísima Trinidad.

A petición del Papa Urbano IV, Santo Tomás de Aquino compone las oraciones oficiales de la Iglesia, para esta fiesta. Esta composición de Santo Tomás, es ampliamente considerada como una de las más bellas de las tradiciones del Breviario Romano (el libro oficial de la oración del Oficio Divino o Liturgia de las Horas)

Siglos después de que esta celebración se haya extendido al culto de la Iglesia universal, se le incorporaba una procesión eucarística, en la que la Sagrada Hostia es llevada por toda la ciudad, acompañada por himnos y letanías. Los fieles veneraban al Cuerpo de Cristo mientras la procesión pasaba a través de las distintas calles. En los últimos años, esta práctica casi ha desaparecido, aunque algunas parroquias todavía mantienen una breve procesión alrededor de la parte externa de la iglesia parroquial.

Mientras que la fiesta del Corpus Christi es una de las diez fiestas de precepto en el rito latino de la Iglesia Católica, en algunos países, entre ellos Estados Unidos, la fiesta ha sido trasladada al domingo siguiente

Una invitación a la Gracia y al Llamado

La participación de esta solemnidad puede tener una doble invitación para el cristiano: una invitación a la gracia y una invitación al llamado.

Invitación a la Gracia

La participación en la Eucaristía es un momento de gracia. Nosotros “participamos” y compartimos en el gran misterio de amor que Cristo ha hecho por todos nosotros. Nuestra salvación no es algo que ganamos o logramos, la salvación es para todos. El perdón de Dios es algo que recibimos como un regalo. Al participar en la Eucaristía recordamos, y también experimentamos de una manera real, lo que Dios ha hecho en su eterno amor por nosotros, a través de su Hijo Jesucristo.

Participar en la celebración del cuerpo y la sangre de Cristo es hacer algo más que tomar y comer su cuerpo, es un momento de alabar y dar gracias a Dios por este precioso Don inmerecido.

Invitación al Llamado:

La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo es también un llamado a participar de su vida. El Evangelio nos habla repetidamente, de la importancia de reconocer a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra propia vida. “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes” (Juan 6,53) y “Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre,
de la misma manera, el que me come vivirá por mí” (Juan 6,57)

Para estar vivo con la vida de Cristo, debemos de estar animados a vivir una vida íntegra marcada por su camino de vida. Ver a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra vida, es una invitación a hacer camino, a ser testimonios y al mismo tiempo, ser transformados por su amor.

La importancia de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, no es, de ninguna manera exagerada. Es el centro de nuestra fe. Es Jesús, realmente presente entre nosotros, y que ha decidido quedarse a vivir en este sagrado sacramento. Todos los cristianos, estamos invitados a apoyar la procesión del Corpus Christi en nuestra comunidad, y animar a otros a hacer lo mismo. Seamos testigos de nuestra fe y seamos testigos de Cristo crucificado, Cristo resucitado, y Cristo presente en el Santísimo Sacramento

Necesitamos estar en adoración, y necesitamos la oración silenciosa y la visita personal al Santísimo Sacramento, de manera especial en momentos de soledad, de angustia, de quiebra de la salud, de conflictos familiares, de necesidad de misericordia.

Adorar la Eucaristía es el signo más noble del creyente.

Adorar la Eucaristía es la forma más expresiva de amor al Señor.

Adorar la Eucaristía concede la experiencia de saberse mirado por el Señor.

Adorar la Eucaristía concentra la expresividad creyente en la presencia real de Cristo.

Adorar la Eucaristía de manera habitual es un hito de camino seguro.

Adorar la Eucaristía es tiempo en el que se deja modelar el corazón en las manos del Señor.

Adorar la Eucaristía es privilegio de la fe, por el que se experimenta la cercanía histórica de Cristo resucitado.

Te presentamos el Vino y el Pan, bendito seas por siempre Señor

Día grande para todo aquel cristiano que ama la vida de Dios y uno de los días de mayor resplandor en el firmamento, donde revivimos el misterio del Jueves Santo a la luz de la Resurrección. La Festividad del Corpus Christi nos presenta el misterio de fe como la presencia viva de Cristo resucitado bajo las sagradas formas del Pan y el Vino; un encendido homenaje de veneración y amor a Jesús en el augusto sacramento del altar (“Santísimo Sacramento, Hostia pura, Alrededor de tu mesa, Cantemos al amor de los amores…”). Cristo Sacramentado presente de manera íntima, que nos convida celestialmente a la conmemoración solemne y eucarística de su amor universal por todos nosotros: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna…permanece en mí, y yo en él”. En este día se nos invita a la comunión sincera para seguir a Cristo y transformar nuestras vidas con Aquel que es amor vivo.

Oración de Corpus Christi

Jesús, hoy estoy a tus pies,
tengo la dicha de estar ante ti
que estás en la Eucaristía,
Tendría ganas de contarte mis méritos,
pero prefiero reconocer ante Ti,
que tengo errores y pecados.
Señor, no soy siempre como querría ser,
no siempre rezo contento,
a menudo me dejo vencer por las distracciones.
Señor, con frecuencia me molesto con mis compañeros,
tengo resentimientos, me irrito,
y expreso mi ira con palabras y gestos.
Señor,
innumerables veces no dejo el primer puesto a los otros,
me pongo yo en el primer lugar,
convencido de que me pertenece.
Señor, ilumina mi vida.
Hazme entender quién soy verdaderamente,
entra en mí como luz,
que ilumina, purifica y alienta,
haz que me deje conocer de ti hasta el fondo.
Señor, quisiera poderte gritar,
que te acuerdes de mí a la hora de mi muerte,
confío en ti….
Amén

Oración al Santísimo Sacramento

Te doy gracias Señor Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno porque aunque soy un siervo pecador y sin mérito alguno, has querido alimentarme misericordiosamente con el cuerpo y la sangre de tu hijo Nuestro Señor Jesucristo.

Que esta sagrada comunión no vaya a ser para mi ocasión de castigo sino causa de perdón y salvación.

Que sea para mi armadura de fe, escudo de buena voluntad; que me libre de todos mis vicios y me ayude a superar mis pasionres desordenadas; que aumente mi caridad y mi paciencia mi obediencia y humildad, y mi capacidad para hacer el bien.

Que sea defensa inexpungable contra todos mis enemigos, visibles e invisibles; y guía de todos mis impulsos y deseos

Que me una más intimamente a ti, único y verdadero Dios y me conduzca con seguridad al banquete del cielo, donde tu, con tu hijo y el Espíritu Santo, eres luz verdadera, satisfacción cumplida gozo perdurable y felicidad perfecta.

Por Cristo, Nuestro Señor Amén 

Dios mío yo creo, adoro, espero y os amo, os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, que se encuentra presente en todos los Sagrarios de la tierra, y os lo ofrezco, Dios mío en reparación por los abusos, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido.Amén.

 

 

 

EL CORAZÓN PERFECTO

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el co­razón más hermoso de toda la comarca. Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños.

Sí, coincidieron todos que era el corazón joven más hermoso que hubieran visto.

Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo: “¿Por qué dices eso, si tu corazón no es ni aproximadamente tan hermoso como el mío?”. Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reem­plazados por otros que no en­cajaban perfectamente en el lu­gar, pues se veían bordes y aris­tas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos,

donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió.

-¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?, pensaron …

El joven contempló el cora­zón del anciano y al ver su esta­do desgarbado, se echó a reír.

“Debes estar bromeando”, dijo. “Compara tu corazón con el mío…, el mío es perfecto, en cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.”

“Es cierto,” dijo el anciano, “tu corazón luce perfecto, pero yo JAMÁS me involucraría con­tigo… Mira, cada cicatriz repre­senta una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos, a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lu­gar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me re­cuerdan el amor que hemos compartido”.

“Hubo oportunidades en las cuales entregué un trozo  de mi corazón a alguien, pero esa persona NO me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos”.

“DAR AMOR ES ARRIESGARSE, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, ME RECUERDAN QUE LOS SIGO AMANDO Y ALIMENTAN LA ESPERANZA, QUE ALGÚN DÍA -tal vez- REGRESEN Y LLENEN EL VACÍO QUE HAN DEJADO EN MI CORAZÓN”.

“¿Comprendes ahora lo que es VERDADERAMENTE hermoso?”.

El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas.

Se acercó al anciano, arran­có un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo  y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.

El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

¡Desde aquí puedo ver lo HERMOSO que es TU CORAZÓN!

¡Que tengas un lindo día! ¡El más HERMOSO!

Recibe TU un pedazo de MI CORAZÓN…

Con mi cariño de siempre. ¡Verdaderamente vales mucho para mí!

“Usa el corazón y llenarás tu alma de alegrías. CUÁNDO MUERES NO TE LLEVAS NADA MATERIAL “Lo único que tendrás… es tu alma…la que llenaste de alegrías …o tristezas,…y sólo eso te llevarás”.

Oraciones al Espíritu Santo para pedir sus siete Dones

¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.

Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.

Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.

Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.

Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.

Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.

Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.

Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.

Ven Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.

Espíritu de Verdad, te ruego me llenes del don de Entendimiento, para penetrar las verdades reveladas, y así aumentar mi fe; distinguiendo con su luz lo que es del buen, o del mal espíritu.

Espíritu Sempiterno, te ruego me llenes del don de Ciencia, para sentir con la Iglesia en la estima de las cosas terrenas, y así aumentar mi esperanza; viviendo para los valores eternos.

Espíritu de Amor, te ruego me llenes del don de Sabiduría, para que saboree cada día más con qué infinito Amor soy amado, y así aumente mi caridad a Dios y al prójimo; actuando siempre movido por ella.

Espíritu Santificador, te ruego me llenes del don de Consejo, para obrar de continuo con prudencia; eligiendo las palabras y acciones más adecuadas a la santificación mía y de los demás.

Espíritu de Bondad, te ruego me llenes del don de Piedad, para practicar con todos la justicia; dando a cada uno lo suyo: a Dios con gratitud y obediencia, a los hombres con generosidad y amabilidad.

Espíritu Omnipotente, te ruego me llenes del don de Fortaleza, para perseverar con constancia y confianza en el camino de la perfección cristiana; resistiendo con paciencia las adversidades.

Espíritu de Majestad, te ruego me llenes del don de Temor de Dios, para no dejarme llevar de las tentaciones de los sentidos, y proceder con templanza en el uso de las criaturas.

Divino Espíritu, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de tu Esposa, María Santísima, te suplico que vengas a mi corazón y me comuniques la plenitud de tus dones, para que, iluminado y confortado por ellos, viva según tu voluntad, muera entregado a tu Amor y así merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias. Amén.

Amor infinito y Espíritu Santificador:

Contra la necedad, concédeme el Don de Sabiduría, que me libre del tedio y de la insensatez.

Contra la rudeza, dame el Don de Entendimiento, que ahuyente tibiezas, dudas, nieblas, desconfianzas.

Contra la precipitación, el Don de Consejo, que me libre de las indiscreciones e imprudencias.

Contra la ignorancia, el Don de Ciencia, que me libre de los engaños del mundo, demonio y carne, reduciendo las cosas a su verdadero valor.

Contra la pusilanimidad, el Don de Fortaleza, que me libre de la debilidad y cobardía en todo caso de conflicto.

Contra la dureza, el Don de Piedad, que me libre de la ira, rencor, injusticia, crueldad y venganza.

Contra la soberbia, el Don de Temor de Dios, que me libre del orgullo, vanidad, ambición y presunción.

 

Oraciones a la Santísima Virgen de Fátima

El 13 de Mayo de 1917 la Virgen se apareció en Fátima, Portugal para llamarnos, por medio de 3 pastorcitos, a regresar a su Hijo Jesucristo. Nuestra Madre nos advierte sobre la seriedad de la vida, de peligros inminentes, sus causas y como salvarnos.

En diciembre del año 1925 la Virgen Santísima se le apareció a Lucía dos Santos, vidente de Fátima, y le prometió asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confesasen, recibieran la Sagrada Comunión, rezasen una tercera parte del Rosario, con la intención de darle reparación.

En la tercera aparición, la Virgen de Fátima le dijo a Lucía:

Nuestro Señor quiere que se establezca en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado. Si se hace lo que te digo se salvarán muchas almas y habrá paz; terminará la guerra… Quiero que se consagre el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado de cada mes… Si se cumplen mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz… Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz.

Triunfo del Inmaculado Corazón

En Fátima asimismo dijo la Santísima Virgen:

“Finalmente mi Corazón Inmaculado triunfará”

María, profetiza ya desde el canto del “Magníficat”, que la llamarán Bienaventurada todas las generaciones. Como Madre de todos los tiempos, especialmente atenta a los momentos más graves de la humanidad, nos muestra las fuerzas de Su Amor de Madre. Se pone al servicio de su Hijo, como Arca de la Alianza Nueva y Eterna, para que en su Corazón Sagrado, nos encontremos definitivamente con El, diciendo nuestro “Sí” al pacto de amor, que Dios quiere hacer con nosotros.

María, llama a los hombres a la fe, a los pecadores a la conversión, a los indefensos, pobres y desamparados al Refugio de  su Corazón Maternal; en ese Corazón, se hace constantemente presente la Gloria Pascual de Jesús. María nos invita a actualizar el triunfo de Jesús en nuestra vida, socavada por nuestros errores morales y el alejamiento de la Verdad Revelada, renovadamente ofrecida a nosotros, por las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.

CAMINO DE ESPERANZA

María nos invita a ser dóciles, a vivir en continua oración, a convertirnos y aún mucho más, a santificarnos; para esto nos regala el camino de la Consagración a Su Corazón.

Allí aprendemos a abastecernos de Dios y solamente de Dios. Seremos rescatados del pecado, con un “sí” de perfectos hijos. Haremos posible la civilización del amor y, seremos capaces de realizar la Nueva Evangelización, guiados por María, su Estrella, y podremos decir junto a S.S. Juan Pablo II : “Vivimos el tiempo de María” y sabemos que el suyo, es el tiempo del triunfo de Su Corazón.

La Esperanza, se manifiesta con mayor claridad en tiempos difíciles; también se hace más necesaria en estos momentos, porque pone en claro la meta a la que aspiramos, que es nuestra definitiva Patria del Cielo y nos indica el camino para conseguirla.
María nos enseña este sendero con su Luz que brilla en medio de la oscuridad. Esa Luz es su poderosa acción evangelizadora que nos muestra el triunfo de su Hijo en la Cruz, para que también nosotros caminemos sin miedos, ni desalientos ni claudicaciones. Debemos tener la seguridad y confianza interior, de quien como Ella, no desconoce la gravedad del momento, ni tampoco las consecuencias de la infidelidad a Dios, pero siguiendo el imperioso llamado de María, se dispone a aceptar plenamente la Alianza con Dios.

Entonces el Consagrado, en el Corazón de su Madre, se encontrará con la Esperanza, que le ofrece María y se sentirá seguro, protegido y defendido cuando lo persiga el adversario, que lo atacará, pero no lo tocará.

 LLAMADO UNIVERSAL

La Esperanza que nos comunica María, es un ofrecimiento a la humanidad en su conjunto y a cada uno de sus hijos en particular.
Ella como Arca de la Salvación, en su Corazón de Madre, puede albergar a todos los hombres y la invitación llena de amor la hace a todos. Pero puede ocurrir que a pesar de los esfuerzos evangelizadores, muchos no quieran entrar en esa Arca; sin embargo, para quienes ingresen, María será garantía segura de salvación y el camino más corto hacia la santidad. Por eso nos invita a consagrarle nuestras vidas.

En efecto, Ella tiene suficiente poder como para arrasar con toda forma de maldad; aunque las fuerzas de las tinieblas, atenten contra sus hijos, tratando de asfixiarlos, en todos los intentos de encausar sus vidas hacia el destino eterno, nada podrá contra el hijo Consagrado al Corazón de su Madre.

Este es el triunfo de María: Lograr que sus hijos se salven, cuando son invadidos y seducidos por todas partes, hacer posible para ellos la santidad en grado heroico. El espíritu del mundo, pone en ridículo lo sagrado, atentando contra los valores trascendentes y ofreciendo en cambio al hombre, la única posibilidad de saciedad en el poder, el materialismo y la sensualidad. El Consagrado padecerá realmente la experiencia de la tentación; si Jesús fue tentado en el desierto, el adversario también utilizará la tentación para desorientar la vida del creyente y de ser posible someterlo a la esclavitud del pecado. El triunfo de María, consistirá entonces en la segura esperanza, del encuentro de los hijos con el Hijo, en su Sagrado Corazón. Ella se convierte en segura protección, de quienes se le entregaron incondicionalmente.

 

ORACIONES Y JACULATORIAS 

ENSEÑADAS A LOS VIDENTES DE FÁTIMA

ORACIÓN PARA OFRECER SACRIFICIOS

¡Oh Jesús, te ofrezco este sacrificio por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados que tanto ofenden al Inmaculado Corazón de María!

ORACIONES ENSEÑADAS POR EL ANGEL

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! (Tres veces).

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

(Los niños rezaban estas dos oraciones de rodillas y con la frente inclinada hacia el suelo)

A RECITAR DURANTE EL ROSARIO

¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre principalmente a las más necesitadas! (Se dice al fin de cada decena, después del Gloria.)

JACULATORIAS

¡Dios mío, te amo en agradecimiento a las gracias que me has concedido!

¡Oh, Jesús, te amo!… ¡Dulce Corazón de María, se la salvación mía!

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
NOVENA

OFRECIMIENTO PARA TODOS LOS DÍAS


¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.

ORACIÓN PREPARATORIA
Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.

Rezar la oración del día correspondiente:

ORACIÓN FINAL
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DÍA PRIMERO 
Penitencia y reparación

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA SEGUNDO 
Santidad de vida

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA TERCERO 

Amor a la oración

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA CUARTO 
Amor a la Iglesia

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA QUINTO 
María, salud de los enfermos

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA SEXTO  
María, refugio de los pecadores
Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que esos desgraciados no caigan en las penas eternas del infierno, y que manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en ellas la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras por su conversión.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA SÉPTIMO 
María, alivio de las almas del purgatorio

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA OCTAVO 
María, Reina del Rosario

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a Vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la muerte.

Meditar y rezar la oración final.

DÍA NOVENO 
El Inmaculado Corazón de María

Comenzar con el ofrecimiento y la oración preparatoria.

ORACIÓN DE ESTE DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús.

Meditar y rezar la oración final.