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La noche, tiempo propicio para hablar con Dios.

Desconéctate del mundo y su bullicio,

busca un lugar aparte donde, viendo al cielo,

la Voz del Altísimo podrás escuchar.

Languidece, Señor, la luz del día

que alumbra la tarea de los hombres;

mantén, Señor, mi lámpara encendida,

claridad de mis días y mis noches.

Confío en ti, señor, alcázar mío,

me guíen en la noche tus estrellas,

alejas con su luz mis enemigos,

yo sé que mientras duermo no me dejas.

Dichosos los que viven en tu casa

gozando de tu amor ya para siempre,

dichosos los que llevan la esperanza

de llegar a tu casa para verte.

Que sea de tu Día luz y prenda

este día en el trabajo ya vivido,

recibe amablemente mi tarea,

protégeme en la noche del camino.

Acoge, Padre nuestro, la alabanza

de nuestro sacrificio vespertino,

que todo de tu amor es don y gracia

en el Hijo, Señor y el Santo Espíritu.

Amén

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