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La vida es un bien precioso. No porque sea inmutable, como un diamante, sino porque es vulnerable, como un avecilla. Amar la vida significa amar su vulnerabilidad, solicitando cuidado, atención, guía, apoyo. La vida y la muerte están unidas por la vulnerabilidad. El recién nacido y el anciano en su lecho de muerte nos recuerdan ambos lo preciosas que son nuestras vidas. En los momentos en que somos poderosos, tenemos éxito o gozamos de popularidad, no debemos olvidar que la vida es un bien precioso y vulnerable.

-Henri Nouwen-