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Había un carpintero ya entrado en años que estaba listo para retirarse.
Le contó a su jefe sus planes de dejar el negocio de la construcción y llevar una vida más placentera con su esposa y disfrutar de su familia.
 
El jefe sentía ver que su buen empleado dejaba la compañía y le pidió cómo favor especial si podría construir una sola casa más y el carpintero accedió.  Claramente se notaba que no estaba poniendo el corazón en su trabajo,  y hasta utilizaba materiales de  baja calidad,  acompañados de un trabajo deficiente. Verdaderamente era una desafortunada manera de terminar su carrera.
 
Cuando el carpintero terminó el trabajo su jefe fue a inspeccionar la casa y le entregó las llaves de la puerta principal diciéndole: “Esta es tu casa, es mi regalo para usted.”
 
 ¡Qué pena!
Si  el carpintero  hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho de una manera totalmente diferente.
 
Está en nosotros construir nuestras vidas de manera distraída,  o prestando atención a cada detalle,  dando siempre lo mejor que podemos.
 
Entonces, manos a la obra,  construyamos nuestras casas eligiendo cuidadosamente los materiales, y ordenando  armoniosamente el interior y el exterior,  teniendo en cuenta que también es la casa por la cual pasan nuestros hijos,  y lo que aprendan de ella será parte de su herencia. 
 

Nestor Daniel Garcia Rosas