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SENTIDO DE LA CUARESMA

Cuaresma es un tiempo fuerte para la conversión, que en teología y vida cristiana, significa una adecuación de nuestro ser, existir y actuar, a la misma vida de Jesucristo, a su Evangelio, a sus valores, a sus convicciones, a su propuesta de vivir la vida en servicio del Evangelio.
Por ello, la Cuaresma es un camino bíblico, pastoral, litúrgico y existencial para cada creyente personalmente y para la comunidad cristiana en general, que comienza el miércoles de ceniza y concluye con la noche del fuego y de la luz, la noche de la Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
La Cuaresma simboliza, nos señala y recuerda un “paso”, una pascua, un itinerario a seguir de manera permanente: el paso de la nada a la existencia, de las tinieblas de la muerte a la vida, de lo insignificante a la vida abundante en Dios, por medio de su Hijo Jesucristo. Y es que convertirnos significa destruir, dejar atrás, quemar, volver cenizas al “hombre viejo”, el hombre sin Cristo, para revestirnos del “hombre nuevo”, el hombre que es fuego nuevo en el mundo.
Cuaresma es pues, un tiempo para volver nuestra mirada a Dios y crecer en espiritualidad, en el camino a la santidad personal.
Cuaresma es una invitación a cambiar todo aquello que tenemos que cambiar en la búsqueda de ser mejores y más felices, una invitación a construir en vez de destruir, y a mirar y volver a formas de vida más justas, más solidarias,  más humanas. Es una llamada para buscar diligentemente nuevas formas de ser y hacer Iglesia, siendo mejores y más auténticos discípulos del Crucificado Resucitado.
El tiempo litúrgico de la Cuaresma –como nuestra propia existencia- lo recorreremos con la mirada puesta en la Pascua de Resurrección y en la Pascua definitiva en Dios, Pascua de vida abundante que se opone  a toda forma de discriminación y de envilecimiento del ser humano, de su dignidad; a toda forma de  atropello y violencia; a toda forma de mentira, maldad y muerte; a toda forma de corrupción y división; a toda forma de marginación y opresión.
Porque la Pascua como punto de llegada, culminación y superación de la Cuaresma, es absoluta novedad de vida, de la vida abundante que Dios nos ofrece y a la que Dios nos invita en este tiempo y en todo tiempo.