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Todos conocemos los pasos de Jesús en su misión redentora: su Pasión.
La oración en el huerto, y sus amigos elegidos por Él para acompañarlo… se quedaron dormidos.
El juicio… y la deserción de los suyos.
Azotado y coronado de espinas, burlas, y escarnecimiento.
El camino al Calvario, en el que a su paso era insultado y agraviado por el pueblo que sólo le debía favores, bondad y milagros portentosos.
Y en ese camino, la Verónica, enjugando su rostro con su velo, llena de piedad y amor.
El cireneo ayudándole a cargar el madero de la Cruz.
Finalmente la tortura de la Cruz. Clavos en sus manos que curaban y en sus pies que recorrieron caminos largos y cansadores, para ayudar y enseñar el bien.
Crucificado como un delincuente, junto a dos ladrones. Una humillación más.
Presentes entre la multitud enardecida, llena de odio y violencia….. estaban al pie de la Cruz las mujeres piadosas, y a su lado Juan el discípulo que acompañaba a María, la Madre.
Hasta el último suspiro.
Confundidas, la ira y el dolor silencioso, profundo.
Allí, en el Monte Calvario. En el momento supremo y solemne de la Redención y Salvación de los hombres.
Como todos lo sabemos.
Sufrimiento y consuelo, odio y amor. Así se cumplía la profecía del anciano Simeón.

Todos nosotros, siglos después, también participamos del camino doloroso de Jesús.
¿Qué hemos elegido?
¿Nos dormimos en la indiferencia?
¿Desertamos y nos escondemos?
¿Renegamos de Jesús, como quienes lo llevaron al Calvario?
O somos otros cireneos, que le ayudamos con nuestros contratiempos y dolores a llevar la Cruz…..
O somos como Verónica, que limpiamos su rostro con nuestras oraciones, con nuestro agradecimiento, con nuestras muestras de amor……
¿Qué lado hemos elegido? ¿En qué parte estamos?
Nos comportamos, acaso, como hijos de María y hermanos de Jesús, aceptando el regalo de Cristo en la Cruz al identificarnos en Juan: “Madre, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu Madre”…..
Ésa es nuestra elección personal: no nos equivoquemos.

Bendito sea el Señor.
Bendita sea nuestra Madre, María.

Amigos, seguramente nosotros hemos tomado ya la opción correcta. No nos equivocamos. Continuemos siempre, pase lo que pase, demostrando nuestro amor y nuestro agradecimiento a Cristo Salvador. Y a María, la co-redentora.
Que nuestra vida sea en el camino de Jesús, una compañía segura que alivie y descanse sus sufrimientos por nosotros.
Demostremos que somos fieles. Honremos su sacrificio.
Llenemos nuestro corazón de ideal y pureza, de abnegación y espiritualidad.
Con el pensamiento puesto en Quien nos salvó y nos invita a su Paraíso eterno, a través de una Cruz, símbolo de amor infinito.
Que así sea.Las Siete Palabras