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camino de EMAUS

Meditación de Pascua:

Los dos discípulos se dirigían a Emaús. Su aspecto era normal, como el de tantas otras personas que pasaban por aquellos parajes. Y es allí, con naturalidad, que Jesús aparece y camina con ellos, comenzando una conversación que les hace olvidar su cansancio…
Jesús en el camino.
¡Señor, Tú siempre eres grande! Pero me conmueves cuando condesciendes a seguirnos, a buscarnos en nuestro ir y venir de todos los días.
Señor, concédenos la simplicidad de espíritu; danos una mirada pura, una inteligencia clara, para poder comprenderte cuando vienes a nosotros sin ningún signo exterior de tu gloria.
El llegar al pueblo, el trayecto se acaba; y a los dos discípulos que, sin darse cuenta, han sido tocados en lo más profundo de su corazón, por la Palabra y el Amor de Dios hecho hombre, les duele que se marche. Porque Jesús se despide de ellos, “fingiendo que iba más adelante”.
Nuestro Señor no se impone jamás. Una vez percibida la pureza del amor que ha puesto en nuestra alma, quiere que le llamemos libremente.
Hemos de retenerle fuertemente y rogarle: “Señor, quédate con nosotros, porque atardece y se acaba el día, empieza ya la noche”. Como los discípulos lo hicieron.
Nosotros somos así. Nos falta audacia, quizás por falta de sinceridad, o por pudor. En el fondo pensamos: “Quédate con nosotros porque las tinieblas envuelven nuestra alma, y sólo Tú eres la Luz, solamente Tú puedes calmar esta sed que nos consume”…
Y Jesús se queda con nosotros.
Se abren nuestros ojos, como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan -al compartir la comida- después del encuentro en el camino a Emaús; y aunque Jesús desaparezca de nuevo de nuestra vista, seremos capaces de ponernos de nuevo en camino –empieza ya la noche- para hablar de Él a los demás, porque tanto gozo no puede quedar guardado en un solo corazón.
Camino de Emaús.
Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre, y Emaús es el mundo entero porque el Señor ha abierto los caminos divinos en la tierra.