VIACRUCIS EUCARISTICO

viacrucis (2)_phixr

En unión con María, la Madre de Dolores, vamos, oh Jesús, a recorrer la vía dolorosa que Tú anduviste antes de consumar nuestra Redención en el Calvario. Haz que la meditación de los principales misterios de tu sagrada Pasión nos llene el corazón de dolor de nuestros pecados y de agradecimiento por el entrañable amor que nos demostraste.

Nosotros, como Cristianos, somos conscientes de que el vía crucis del Hijo de Dios no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. Creemos que cada paso del Condenado, cada gesto o palabra suya, así como lo que vieron e hicieron todos aquellos que tomaron parte en este drama, nos hablan continuamente. En su pasión y en su muerte, Cristo nos revela también la verdad sobre Dios y sobre el hombre.

Hoy queremos reflexionar con particular intensidad sobre el contenido de aquellos acontecimientos, para que nos hablen con renovado vigor a la mente y al corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica participación. Participar significa tener parte. Y ¿qué quiere decir tener parte en la cruz de Cristo? Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir reconocer, a la luz de este amor, la propia cruz. Quiere decir cargarla sobre la propia espalda y, movidos cada vez más por este amor, caminar… Caminar a través de la vida, imitando a Aquel que «soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios»

ORACIÓN PREPARATORIA
Creo firmemente, Dios mío, que estoy en tu presencia divina; te
adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias con todo mi
corazón por los incontables beneficios que te dignas concederme.
Me humillo y confundo por lo mucho que te he ofendido. «He
pecado, Padre mío, contra el Cielo y en tu presencia, no soy digno
de llamarme hijo tuyo, pero admíteme siquiera como uno de tus
esclavos». «Señor, ten piedad de mí por tu misericordia infinita».
Yo te prometo con todo mi corazón, y ayudado de Ti mismo, nunca
más volver a ofenderte.

¡Perdón, Señor; misericordia!

Te suplico, Jesús mío, me otorgues la gracia de practicar digna,
atenta y devotamente este santo ejercicio, imprimiendo en mi alma
tus dolores infinitos y las virtudes de las cuales eres ejemplar
divino en tu sacratísima Pasión y en el Santísimo Sacramento.
Abrasa con tu amor mi helado corazón; oblígame a corresponderte
ya con una vida santa y úneme estrechamente contigo, en la
Eucaristía.
A Ti acudo también, Madre afligidísima, a Ti que fuiste la primera
en recorrer esta senda del dolor, para ofrecerte mi tierna
compasión, y para que llenes mi alma de los mismos sentimientos
que entonces experimentaste.
Padre eterno, uno este santo ejercicio a los méritos infinitos de tu
Hijo y a los dolores de mi venerada Madre, y así unido, me atrevo a
presentarlo a tu soberana Gracia. Dígnate aceptarlo según las
intenciones del Corazón Eucarístico de mi Salvador, y aplica, te
ruego humildemente, todas las indulgencias que ganare en
sufragio de las almas del Purgatorio. Amén

I. JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Estacion1_Jesus_condenado_a_muerte-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Jesús es condenado por los suyos, por aquellos mismos a quienes ha colmado de favores. Condénasele cual si fuera un sedicioso, a El, que es la bondad misma; como blasfemo, siendo así que es la misma santidad; como ambicioso, cuando se hizo el último de todos. Como si fuera el último de los esclavos, es condenado a la muerte de cruz.

Como vino a este mundo para sufrir y morir y para enseñarnos a hacer ambas cosas, Jesús acepta con amor la inicua sentencia de muerte.

También en la Eucaristía es Jesús condenado a muerte. Condenado en sus gracias, que no se quieren; en su amor, que se desconoce; en su estado sacramental, en que es negado por el incrédulo y profanado por horribles sacrilegios. Por una comunión indigna vende a Jesucristo un mal cristiano al demonio, entrégalo a las pasiones, lo pone a los pies de Satanás, rey de su corazón; le crucifica en su cuerpo de pecado.

Los malos cristianos maltratan a Jesús más que los mismos judíos, por cuanto en Jerusalén fue condenado una sola vez, en tanto que en el Santísimo Sacramento es condenado todos los días y en infinidad de lugares y por un número espantoso de inicuos jueces.

Y a pesar de todo, Jesús se deja insultar, despreciar, condenar; y sigue viviendo en el Sacramento, para demostrarnos que su amor hacia nosotros es sin condiciones ni reservas y excede a nuestra ingratitud.

¡Perdón, oh Jesús, y mil veces perdón, por todos los sacrilegios! Si me acontece cometer uno sólo, he de pasar toda la vida reparándolo. Quiero amarte y honrarte por todos los que te desprecian. Dadme la gracia de morir con Vos.

 Contempla, alma mía, a tu divino Redentor en el Pretorio. Es crudelísimamente azotado,

coronado con agudas espinas, burlado y sentenciado a muerte. Jesús todo lo sufre por ti en silencio y con amor infinito, Vuelve ahora tu mirada al Sagrario. Considera el silencio de Jesús y el amor sin medida que te tiene, no obstante que con tus irreverencias, pensamientos malos, afectos pecaminosos y demás crímenes, de continuo lo azotas, escarneces, coronas con bárbara crueldad y sentencias a muerte.

ORACIÓN

En cada altar, y todos los días, se nos  entrega Jesús para que nunca olvidemos que las palabras se quedan cortas, y el viento se las lleva,  si no van acompañadas de amor. En la vida ( a veces dura, abrupta, desconcertante y cruel )la eucaristía nos inyecta el coraje necesario para que nuestra entrega nunca quede al borde del camino ni a la intemperie de los que piensan que no merece la pena darse por nada sino es por algo a cambio.

Oración 

 ¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra

pasión! Tu Inocentísimo, y yo el abominable reo que merece sentencia de muerte eterna….

Pero no la deis contra quien tanto te ha costado; te prometo no más pecar, imitarte en nuestro silencio en medio de mis penas y volveros amor por amor.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

II. JESÚS SE ABRAZA CON LA CRUZ

Estacion2_Jesus_cargado_con_la_cruz-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Jesús es cargado con la pesadísima cruz de tus iniquidades. Con qué alegría, con cuánto

amor la recibe, la abraza, la estrecha contra su divino Corazón y la lleva por ti.

También en el Sagrario, ¡qué cruces tan pesadas cargas sobre Jesús! tus frialdades, ultrajes y tal vez sacrilegios. Y Jesús abraza estas cruces con amor infinito y las aceptaría aún más pesadas con tal de ganarte, alma mía.

En cada eucaristía, el Señor, asume nuestras fragilidades y torpezas. Con su Palabra nos ilumina y hace, que por la comunión de su cuerpo y de su sangre, nunca nos falten las fuerzas (no las cruces) para poder llevarlas no oprimiendo nuestras vidas sino sobre nuestros hombros. No es dificil mirar a Jesús, y sin preguntarle nada, que de antemano nos responda: no me pidáis que os quite la cruz…pedidme que Dios os dé la fuerza necesaria para poder llevarla.

En Jerusalén, los judíos imponen a Jesús una pesada e ignominiosa cruz, que era considerada entonces como el instrumento de suplicio propio del último de los hombres. Jesús recibe con gozo esta cruz abrumadora; apresúrase a recibirla, la abraza con amor y la lleva con dulzura.

Así nos quiere suavizarla, aliviarla y deificarla en su sangre.

En el Santísimo Sacramento del altar los malos cristianos imponen a Jesús una cruz mucho más pesada e ignominiosa para su Corazón. Constitúyenla las irreverencias de tantos en el santo lugar; su espíritu, tan poco recogido; su corazón, tan frío en la presencia del Señor, y su tan tibia devoción. ¡Qué cruz más humillante para Jesús tener hijos tan poco respetuosos y discípulos tan miserables!

Aun ahora Jesús lleva mis cruces en su Sacramento, pónlas en su Corazón para santificarlas y las cubre con su amor y besos, para que me sean amables; mas quiere que las lleve también yo por Él y se las ofrezca; se allana a recibir los desahogos de mi dolor y sufre que yo llore mis cruces y le pida consuelo y auxilio.

¡Cuán ligera se vuelve la cruz que pasa por la Eucaristía! ¡Cuán bella y radiante sale del Corazón de Jesús! ¡Da gusto recibirla de sus manos y besarla tras Él! A la Eucaristía iré, por tanto, para refugiarme en las penas, para consolarme y fortalecerme. En la Eucaristía aprenderé a sufrir y a morir.

¡Perdón, Señor, perdón por todos los que os tratan con irreverencia en vuestro sacramento de amor! ¡Perdón por mis indiferencias y olvidos en vuestra presencia! ¡Quiero amaros; os amo con todo mi corazón!

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión! Es cierto que te he cargado con las cruces de mis iniquidades; pero yo te prometo aliviararte con mi respeto, alabanzas, al amor y reparaciones a ti en el Sagrario, y con la aceptación amorosa de todas las cruces que te dignéis mandarme.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí. 

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

III. JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

Estacion3_Jesus_cae_por_primera_vez-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Jesús cae por primera vez bajo el peso de la cruz. Tu Salvador yace por tierra; su rostro divino, encanto de los cielos, confundido con el asqueroso polvo.

A Jesús en la Eucaristía no le faltan mortales caídas. Muchas veces habrá tenido que descender, por fuerza de la obediencia a sus ministros; a ti, mal dispuesto a recibirle. Jesús se ha visto entonces obligado a unir su Corazón Santísimo contigo, tierra sucia y hedionda, charca de vicios. ¡Qué humillación, qué caída, qué amor de Jesús!

También hoy, el hombre, sigue cayendo  bajo el poder de tantas cosas que lo exprimen y le hacen doblar la rodilla en el suelo y clavar la vista en la tierra. Hoy, tal vez más que nunca, el ser humano va siendo aplastando bajo la gran cruz de muchas de sus decisiones desacertadas. ¡Cuántas  cosas nos alejan de Dios y del Espíritu Evangélico! No es triste caer. Lo penoso es quedarnos hundidos.

Tan agotado de sangre se vio Jesús después de tres horas de agonía y de los golpes de la flagelación, tan debilitado por la terrible noche que pasó bajo la guardia de sus enemigos, que, tras algunos momentos de marcha, cae abrumado bajo el peso de la cruz.

¡Cuántas veces cae Jesús sacramentado por tierra en las santas partículas sin que nadie se dé cuenta!

Mas lo que le hace caer de dolor es la vista del primer pecado mortal que mancilló mi alma,

¡Cuánto más dolorosa no es la caída de Jesús en el corazón de un joven que le recibe indignamente en el día de su primera Comunión!

Cae en un corazón helado, que el fuego de su amor no puede derretir; en un espíritu orgulloso y fingido, sin poder conmoverlo; en un cuerpo que no es más que sepulcro lleno de podredumbre. ¿Así por ventura hemos de tratar a Jesús la primera vez que se nos viene tan lleno de amor? ¡Oh Dios! ¡Tan joven y ya tan culpable! ¡Comenzar tan pronto a ser un judas! ¡Cuán sensible es al Corazón de Jesús una primera Comunión sacrílega!

¡Gracias, oh Jesús mío, por el amor que me mostrasteis en mi Primera Comunión! Nunca lo he de olvidar. Vuestro soy, del mismo modo que Vos sois mío; haced de mí lo que os plazca.

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Cómo me angustio, Dueño mío, al considerar vuestra caída bajo el peso de la Cruz y las incontables que habéis sufrido, con tanta paciencia, viniendo sacramentado a mi corazón.

Perdonadme, Señor, y ya me apresuro a levantaros con mi arrepentimiento y a consolarte con el firme propósito de jamás acercarme a la Mesa de los Ángeles sin una fervorosa y digna preparación.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

IV. JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Estacion4_Jesus_se_encuentra_con_su_madre-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

María encuentra al Hijo de sus entrañas en la calle de la amargura. ¿Cómo lo ve? Sangre, lodo y esputos velan su encantadora Faz. Agudas espinas ciñen sus sienes; su cuerpo es una fuente de sangre.

La Madre sufre el más cruel de los martirios, contemplando de esta suerte a su Hijo

Divino.  El Sagrario es frecuentemente calle de amargura para María; ahí contempla a su Jesús de nuevo perseguido, llagado, agonizante por los crímenes de sus mismos hijos , Aquella que, durante nueve meses, llevó en su seno a Cristo llamado a ser eucaristía se encuentra, frente a frente con El,  camino del calvario.

También nosotros, cada vez que invocamos el nombre de María, podemos abrirnos al encuentro personal de Aquel que todo lo da para que aprendamos la lección de que, en el amor y en el perdón,  se encuentra la mayor expresión de entrega.

María acompaña a Jesús en el camino del Calvario sufriendo un verdadero martirio en su alma; porque cuando se ama se quiere compadecer.

Hoy en el Corazón Eucarístico de Jesús encuentra en el camino de sus dolores, entre sus enemigos, hijos de su amor, esposas de su Corazón, ministros de sus gracias, que, lejos de consolarle como María, se juntan a sus verdugos para humillarle y blasfemar y renegar de Él. ¡Cuántos renegados y apóstatas abandonan el servicio y el amor de la Eucaristía tan pronto como este servicio requiere un sacrificio o un acto de fe práctica!

¡Oh Jesús mío, quiero seguiros con María, mi madre, por más que os vea humillado, insultado y maltratado, y deseo desagraviaros con mi amor!

ORACIÓN

Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!  Virgen dolorosa y Madre tiernísima, cese vuestro llanto, cese vuestra agonía. El verdadero culpable y verdugo, así como de Jesús, os ofrece sus lágrimas y su dolor, y os promete no olvidar vuestras penas, amaros con todo el corazón y, unido a Vos, amar sin medida a vuestro Hijo en la Eucaristía

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

V. EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A CARGAR CON LA CRUZ

Estacion5_Jesus_es_ayudado_por_Simon_de_Cirene-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Los sayones obligaron al Cirineo a llevar la Cruz del moribundo Salvador, no porque la compasión los moviera a ello, sino para tener el infernal capricho de contemplarlo crucificado en el Gólgota

Desde el Tabernáculo, Jesús está continuamente pidiendo un Cirineo que lo consuele y repare con amor y servicio las ingratitudes de sus hijos. «¿No habrá un alma que quiera sacrificarse por mí? Busco una víctima para mi Corazón, ¿dónde la hallaré?

La eucaristía, en la vida del seguidor de Jesús, se convierte en ayuda puntual y necesaria para ascender y poder llegar a la perfección cristiana. Jesús dejó que, parte del peso del gran madero, fuese compartido por Simón el de Cirene. Cristo, por su eucaristía, se convierte en nuestro personal Cirineo: Nos empuja. Nos anima. Nos levanta para que sea más fuerte el pan de los ángeles que las contrariedades y losas de los hombres.

Jesús aparecía cada vez más rendido bajo su peso. Los judíos, que querían que muriese en la cruz, para poner el colmo a sus humillaciones, pidieron a Simón el Cirineo que tomase el madero. Se negól, y fue obligado para que tomara este instrumento que tan ignominioso le parecía. Mas aceptó al fin y mereció que Jesús le tocara el corazón y lo convirtiera.

En su Sacramento Jesús llama a los hombres y casi nadie acude a sus invitaciones. Convídales al banquete eucarístico y se echa mano de pretextos mil para desoír su llamamiento. El alma ingrata e infiel se niega a la gracia de Jesucristo, el don más excelente de su amor; y Jesús se queda solo, abandonado, con las manos llenas de gracias que no se quieren: ¡Se tiene miedo a su amor!

En lugar del respeto que le es debido, Jesús no recibe, las más de las veces, más que irreverencias.. Ruborízase uno de encontrarlo en las calles y se huye de Él así que se le divisa. No se atreve uno a darle señales exteriores de la propia fe.

¿Será posible, divino Salvador mío? Demasiado cierto es, no puedo menos de sentir los reproches que me dirige mi conciencia. Sí, he desoído muchas veces vuestro amoroso llamamiento, aferrado como estaba a lo que me agradaba; me he negado cuando tanto me honrabais invitándome a vuestra mesa, movido por vuestro amor. Pésame de lo más hondo de mi corazón. Comprendo que vale mucho más dejarlo todo que omitir por mi culpa una comunión, que es la mayor y más amable de vuestras gracias. Olvidad, buen Salvador mío, mi pasado y acoged y guardad vos mismo mis resoluciones para el porvenir.

ORACIÓN 

Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión! Si hasta ahora he sido vuestra cruz, de hoy para siempre seré vuestro Cirineo; he oído vuestras angustias quejas y me determinan a deciros desde lo íntimo de mi alma: «Yo quiero sacrificarme por Vos, víctima vuestra quiero ser; dadme vuestra cruz, dadme vuestro amor, nada más os pido».

PADRENUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

 

VI    LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

Estacion6_Veronica_limpia_el_rostro_de_Jesus-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

 La Verónica enjuga con su velo el rostro de Jesús. No la retraen de acto tan piadoso, la ferocidad de los verdugos ni el temor de aparecer ella sola como la única que no se avergüenza del divino Sentenciado a la muerte en cruz.

Aunque pocas, no faltan almas abrasadas de amor por la Eucaristía; almas que, hollando el infierno, el funesto «qué dirán» del mundo y su propia flaqueza, tienen su morada en el Sagrario y ahí, como otras Verónicas, dulcifican las amarguras de Jesús con sus constantes reparaciones ,  Alma mía, ¿no envidias morada y ocupación tan santas?

Participar en el modo de vida de Jesús sugiere andar por caminos nuevos y con una conciencia lúcida, limpia y recta. Salir al paso del Señor, entrar en comunión con El, supone hacer un pequeño esfuerzo para que, nuestro interior, quede tan limpio como su rostro quedó en el encuentro con la Verónica. Que la eucaristía deje en lo más hondo de nuestras entrañas el vivo retrato de un Jesús que sigue vivo y peregrino en medio de nosotros. La eucaristía blanquea todos los días, no el semblante del que la celebra, sino el alma y los corazones de aquellos que la frecuentan.

El Salvador ya no tiene rostro humano; los verdugos se lo han cubierto de sangre, de lodo y de esputos. El esplendor de Dios se encuentra en tal estado, por lo cubierto de manchas, que no se le puede reconocer. La piadosa Verónica afronta los soldados; bajo las salivas ha reconocido a su salvador y Dios, y movida de compasión enjuga su augusta faz. Jesús la recompensa imprimiendo sus facciones en el lienzo con que ella enjuga su cara adorable.

Divino Jesús mío, bien ultrajado, insultado y profanado sois en vuestro adorable Sacramento. Y ¿dónde están las verónicas compasivas que reparen esas abominaciones? ¡Ah! ¡Es para entristecerse y aterrarse que con tanta facilidad se cometan tantos sacrilegios contra el augusto Sacramento! ¡Diríase que Jesucristo no es entre nosotros sino un extranjero que a nadie interesa y hasta merece desprecio!

Verdad es que oculta su rostro bajo la nube de especies bien débiles y humildes; pero es para que nuestro amor descubra en ellas por la fe sus divinas facciones. Señor, creo que sois el Cristo, Hijo de Dios vivo, y adoro bajo el velo eucarístico vuestra faz adorable, llena de gloria y de majestad; dignaos, Señor, imprimir vuestras facciones en mi corazón, para que a todas partes lleve conmigo a Jesús, y a Jesús sacramentado.

Oración

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión! Bien conocéis y sufrís hondamente mi debilidad y bajeza al obrar a impulsos de mis pasiones y del respeto humano. ¡Cuántas veces, a la sombra de qué dirán, os he abandonado y he renegado de Vos! ¿Qué hacer ahora? Venceré mis pasiones, pisotearé el respeto humano y viviré mis pasiones, pisotearé el respeto humano y viviré con Vos en el Sagrario.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

VII. JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Estacion7_Jesus_cae_por_segunda_vez-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Jesús cae por segunda vez en tierra. Sus dolores son más intensos que en su primera caída. Con qué dificultad se levanta; le falta el alimento. Y a medida que decrece su fortaleza, multiplicase el encarnizamiento de sus verdugos. A golpes y fuertes sacudidas, como si tu Dios fuera una bestia, lo obligaban a proseguir

Así de crueles y humillantes son las segundas caídas de Jesús Hostia, al ser recibido sacrílegamente por aquellos corazones que han gustado las delicias de su amor, y a quienes incontables veces ha dado el abrazo y el ósculo del perdón. ¿Has sido tú del número de estas almas verdugos?

La eucaristía es fuente y cumbre de vida cristiana. En ella recogemos los mejores deseos y el aliento del Espíritu para calcar nuestra vida en la de Jesús Maestro. Con ella damos gracias a Dios por tantas cosas que alcanzamos y que son signo elocuente de su presencia. Sucumbimos en nuestros propósitos; a veces es difícil seguir adelante en aquello que prometimos pero, la eucaristía, camino hacia la Pascua definitiva,  nos ayuda siempre a mirar –no tanto hacia atrás- cuanto al horizonte que nos espera: el triunfo con Jesús

A pesar de la ayuda de Simón, Jesús sucumbe por segunda vez a causa de su debilidad, y esto le depara una ocasión para nuevos sufrimientos. Sus rodillas y manos son desgarradas por estas caídas en camino tan difícil, y los verdugos redoblan de rabia sus malos tratos.

¡Oh, cuán nulo es el socorro del hombre sin el de Jesucristo! ¡Cuántas caídas se prepara el que se apoya en los hombres!

¡Cuántas veces cae por la Comunión hoy el Dios de la Eucaristía, en corazones cobardes y tibios, que le reciben sin preparación, le guardan sin piedad y le dejan marcharse sin un acto de amor y de agradecimiento! Por nuestra tibieza es Jesús estéril en nosotros.

¿Quién se atrevería a recibir a un grande de la tierra con tan poco cuidado como se recibe todos los días al Rey del Cielo?

Divino Salvador mío, te ofrezco un acto de desagravio por todas las comuniones hechas con tibieza y sin devoción. ¡Cuántas veces habéis venido a mi pecho! ¡Gracias por ello! ¡Quiero seros fiel en adelante! ¡Dadme vuestro amor, que él me basta!

ORACIÓN

 ¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!  He abusado de vuestro amor paciente; me he escudado con vuestra misericordia para ofenderos con más saña y libertad. Perdón, mil veces perdón, y haced que vuestras misericordias las aproveche en lo venidero para reparar, con todos mis actos, los sacrilegios que sufrís en el Santísimo Sacramento.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

VIII. JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

Estacion8_Jesus_consuela_a_las_piadosas_mujeres-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Jesús consuela a las hijas de Israel. ¡Oh, caridad incomparable del Salvador! Hallase sumergido en el mar amargo de todas las angustias y de todos los dolores, y, no obstante, como que olvida sus propios tormentos para consolar a las afligidas mujeres que lloran por Él.

No de otra suerte, sino como Consolador divino, aparece Jesús en el Sagrario. A los que sufren, a los que lloran, a los fatigados por la cruz, a todos sin excepción llama y dice:

«Venid a Mí y yo os aliviaré». Ve, alma mía, vuela al Corazón de Jesús que te espera en su prisión de amor. Él te dará paz, consuelo, fortaleza y perseverancia.

 El silencio de algunos en un mundo que cabalga entre el bien y el mal, que es tensado entre la injusticia y la injusticia o interpelado por la falsedad y la verdad, es roto por la voz valiente y decidida  de aquellos que saben escuchar una Palabra desciende del cielo. La Eucaristía, en itinerario hacia la Semana Santa, es la propuesta del Señor animándonos a llorar y a ser solidarios con tantos hermanos nuestros que gritan sin ser escuchados y gimen sin ser consolados

Consolar a los afligidos y perseguidos era la misión del Salvador en los días de su vida mortal, misión a la que quiere ser fiel en el momento mismo de sus mayores sufrimientos. Olvidándose de sí, enjuga las lágrimas de las piadosas mujeres que lloraban por sus dolores y por su Pasión, ¡Qué bondad!

En su Santísimo Sacramento, Jesús no cuenta con casi nadie que le consuele del abandono de los suyos, de los crímenes de que es objeto. Día y noche se encuentra solo. ¡Ah, si pudieran llorar sus ojos, cuántas lágrimas no derramarían por la ingratitud y el abandono de los suyos! Si su Corazón pudiera sufrir, ¡qué tormentos padecería al verse desdeñado hasta por sus mismos amigos!

Y aun siendo esto así, tan pronto como venimos hacia Él, nos acoge con bondad, escucha nuestras quejas y el relato con frecuencia bien largo y harto egoísta de nuestras miserias, y olvidándose de sí nos consuela y reanima. ¿Por qué habré yo, Divino Salvador mío, recurrido a los hombres para hallar consuelo, en lugar de dirigirme a Vos? Ya veo que esto hiere a vuestro corazón, celoso del mío. Sen en la Eucaristía mi único consuelo, mi único confidente: con una palabra, con una mirada de vuestra bondad me basta. ¡Ameos yo de todo corazón y haced lo que os plazca!

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión! Consoladme, Jesús mío; Vos no ignoráis mis necesidades y mis angustias; y enseñadme, como a las hijas de Jerusalén, a llorar primero mis pecados que se ha multiplicado sobre los cabellos de mi cabeza, para llorar después con un corazón muy puro, vuestra sacratísima pasión

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

IX. JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Estacion7_Jesus_cae_por_segunda_vez-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Jesús cae por tercera vez en tierra. Si su omnipotencia y el deseo omnipotencia y el deseo infinito de padecer aún más por ti, no lo animaran, no hubiera podido levantarse.

Tan lastimosa fue la caída de tu Salvador. ¡Se levanta por fin! Contempla la cumbre del Calvario, y agonizante, pero gozoso sigue subiendo.

Estas terceras caídas, mortales y doloras sobre toda ponderación, las sufre Jesús en la Eucaristía al descender al criminal corazón de las personas que le están especialmente consagradas. «Si mi enemigo me ultrajase, lo sufriría ciertamente, pero que tú, hijo mío, quien se sienta conmigo a la Mesa; que tú me ultrajes, ¡ah!, no lo puedo sufrir».

Cien veces que nos proponemos  los  seres humanos no caer…cien veces que caemos bajo el peso de nuestras propias contradicciones. El Señor, con el leño sobre sus hombros, en cada eucaristía nos hace una transfusión de vida divina. No son las caídas continuas del discípulo de Cristo las que nos alejan de El,  sino el acostumbrarnos, como tantas veces lo hacemos, a vivir bajo la pesada cruz de  la  mediocridad, la oscuridad y la tibieza.

¡Cuántos sufrimientos en esta tercera caída! Jesús cae abrumado bajo el peso de la cruz y apenas si a fuerza de malos tratos logran los verdugos levantarle.Jesús cae por tercera vez antes de ser levantado en cruz como para atestiguar que le pesa el no poder dar la vuelta al mundo cargado con su cruz.

Jesús vendrá a mí por última vez en viático antes de que salga también yo de este valle de destierro. ¡Ah, Señor, concededme esta gracia, la más preciosa de todas y complemento de cuantas he recibido en mi vida!

¡Pero que reciba bien esta última comunión, tan llena de amor!

¡Qué caída más espantosa la de Jesús, que entra por última vez en el corazón de un moribundo, que a todos sus pecados pasados añade el crimen de sacrilegio y recibe indignamente al mismo que ha de juzgarle, profanando así el viático de su salvación!

¡En qué estado más doloroso no se ha de ver Jesús en un corazón que le detesta, en un espíritu que le desprecia, en un cuerpo de pecado entregado al demonio! ¡Es el infierno de Jesús en tierra!

¿Y cuál será el juicio de esos desdichados? Sólo pensarlo causa temblor. ¡Perdón, Señor, perdón por ellos! Os ruego por todos los moribundos. Concededles la gracia de morir en vuestros brazos después de haberos recibido bien en viático.

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!  Os agradezco con vuestro mismo amor infinito la paciencia que me habéis tenido: ¡Cuánto me amáis y a qué precio tan subido me habéis rescatado! A vuestro ejemplo, os prometo levantarme siempre que tenga la desgracia de caer, subir gozoso el Calvario que me preparéis y reparar con especialidad las ofensas que recibís de vuestras almas predilectas.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

X. JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Estacion10_Jesus_es_despojado_de_sus_vestiduras-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Bárbaramente, arrancan a Jesús sus vestiduras, renovando todas sus llagas y exacerbando todos sus dolores. Pero sobre todo considera, alma mía, la afrenta que recibe tu Redentor y la vergüenza que sufre al quedar desnudo ante la soldadesca. ¡Cómo satisface por las deshonestidades! Mil cruces le hubieran sido menos duras que esta ultraje a su santidad.

Contempla la desnudez de Jesús en el Sagrario. ¡Qué pobreza! Los palacios de los hombres están recubiertos de oro y seda, mientras que el olvidado Tabernáculo carece, a las veces, aún de los blancos pañales de Belén. Es más pobre que la pobre choza del mendigo.

Vivir, en toda su intensidad la Eucaristía, es compartir la suerte de Aquel que en obediencia a Dios todo lo dio (sufriendo) y de todo fue arrancado. Atender su Palabra es abandonar caminos equivocados,  desprendernos de aquellos disfraces que distorsionan la grandeza que llevamos dentro. Contemplar y vivir la eucaristía es  ver a un Señor que, antes de subir a la cruz, es presentado como vino en Belén por primera vez al mundo: desnudo y despojado de toda riqueza

¡Cuánto no debió sufrir en este cruel e inhumano despojamiento!

¡Arráncasele los vestidos pegados a las llagas, las cuales vuelven a abrirse y desgarrarse!

¡Cuánto no debió sufrir en su modestia viéndose tratado como se tendría vergüenza de tratar a un miserable y a un esclavo, que al menos muere en el sudario en el que ha de ser sepultado!

Jesús es despojado aún hoy de sus vestiduras en el estado sacramental. No contentándose con verle despojado, por amor hacia nosotros, de la gloria de su divinidad y de la hermosura de su humanidad, sus enemigos le despojan del honor del culto, saquean sus iglesias, profanan los vasos sagrados y los sagrarios, le echan por tierra. Es puesto a merced del sacrilegio, Él, rey y Salvador de los hombres, como en el día de la crucifixión.

Lo que Jesús se propone al dejarse despojar en la Eucaristía es reducirnos a nosotros al estado de pobres voluntarios, que no tienen apego a nada, y así revestirnos de su vida y virtudes. ¡Oh Jesús sacramentado, sed mi único bien!

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión! Me avergüenzo y arrepiento de mis impurezas, causa de vuestra afrentosa desnudes, y os pido, por esta vuestra pena, imprimáis en mi alma un odio constante e inmenso a vicio tan detestable y bestial. Desnudadme de todo apego a las criaturas y cubridme con el ropaje de vuestra gracia, para abrigaros con él siempre que tenga la felicidad de recibiros en mi pecho.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

XI. JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Estacion11_Jesus_es_clavado_en_la_cruz-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Jesús es clavado en la Cruz. Le mandan los verdugos se tienda sobre ella y obedece al punto. «Jesús fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz». Taladran después con gruesos clavos sus santísimos pies y manos. Contempla, alma mía, a tu Padre; te espera con los brazos abiertos.

El amor tiene como clavado a Jesús en la Eucaristía. «Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos»… «Mis delicias son estar con vosotros, hijos de los hombres». Y la obediencia de Jesús en este Sacramento, ¡qué incomprensible es! Aunque el sacerdote sea otro Judas, lo obedece ciegamente ¡Qué responderás de tu falta de sujeción, de tu habitual desobediencia a tus superiores?

Ascender al calvario acompañando al Señor, es intentar componer un acorde lo más perfecto posible en nuestra existencia con las notas que El nos marca en el Evangelio. Celebrar la eucaristía es hacer memoria de aquellas horas santas e históricas de Jesús. Fue clavado para que el hombre entendiese la gran locura de Dios: el amor de Dios por el hombre es capaz de cualquier cosa. La eucaristía nos anima y nos educa a ver la cruz, no como un adorno cincelado en oro o plata, sino el árbol desde donde nos cae gratuitamente a todos el fruto de la redención

¡Qué tormentos los que sufrió Jesús cuando le crucificaron! Sin un milagro de su poder no le hubiera sido posible soportarlos sin morir.

Con todo, en el calvario Jesús es clavado a un madero inocente y puro, mientras que en una comunión indigna el pecador crucifica a Jesús en su cuerpo de pecado, cual si se atara un cuerpo vivo a un cadáver en descomposición.

En el calvario fue crucificado por enemigos declarados, mientras que aquí son sus propios hijos los que le crucifican con la hipocresía de su falsa devoción.

En el calvario solo una vez fue crucificado, mientras aquí lo es todos los días y por millares de cristianos.

¡Oh divino Salvador mío, os pido perdón por la inmortificación de mis sentidos, que ha costado expiación tan cruel!

Por vuestra Eucaristía, queréis crucificar mi naturaleza e inmolar al hombre viejo, uniéndome a vuestra vida crucificada y resucitada. Haced, Señor, que me entregue a vos del todo, sin condición ni reserva.

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!  Para enseñarme a obedecer, Vos, nuestro Dios, os sujetáis a vuestros verdugos, y yo, vilísima criatura a Vos mismo desobedezco, como otro ángel rebelde. Pero, Salvador y modelo mío, ya no será así; os prometo sujetarme pronta, voluntaria y ciegamente a todos mis superiores, sean quienes fueren.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

XII. JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Estacion12_Jesus_muere_en_la_cruz-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

 Jesús muere en la Cruz: «E inclinando su cabeza, entregó su espíritu». Alma mía, contempla, si puedes, tu obra. No los sayones, sino tus propios pecados, han arrancado la vida a tu Salvador. ¿Aunque no estás satisfecha? Jesús no puede hacer nada más por ti: su inmaculada Madre, su sangre, su vida, todo te han entregado.

 La muerte de Jesús se repite sin cesar en nuestros altares. Bajo las especies de pan y de vino es inmolado por el Sacerdote y ofrecido al Padre como Hostia de propiciación por los pecados. También aquí se entrega totalmente a sus hijos: cuerpo, sangre, alma y divinidad; todo se da a quien lo quiere recibir. Jesús, en el Sagrario, ¿qué más puede hacer por ti?

No hay triunfo sin esfuerzo, ni herida sin dolor. El calvario era y sigue siendo un monte para todo aquel que quiera entender, mirar y comprender la salvación de Dios: la Palabra clavada nos habla escandalosamente, como en Belén también un día lo hizo, del amor que Dios nos tiene. Nos descoloca. Nació en la soledad de una noche y murió solitario en la hora de nona.

La eucaristía es presencia real y misteriosa de un Jesús que muere y resucita, que habla y se presenta con la misma actualidad con la que lo hizo en aquellos que vivieron codo con codo sus días de pasión y de gloria.

Jesús muere para rescatarnos; la última gracia es el perdón concedido a los verdugos; el último don de su amor, su divina Madre; la sed de sufrir, su último deseo; y el abandono de su alma y de su vida en manos de su Padre, el último acto.

En la Sagrada Eucaristía continúa el amor que nos mostró Jesús al morir; todas las mañanas se inmola en el santo sacrificio y va los que le reciben a perder su existencia sacramental. Muere en el corazón del pecador para su condenación.

Desde la Sagrada Hostia me ofrece las gracias de mi redención  y el precio de mi salvación. Pero para poderlas recibir, muera yo junto a Él y para Él, según es su voluntad.

Dadme, Dios mío, la gracia de morir al pecado y a mí mismo, gracia de no vivir más que para amaros en vuestra Eucaristía.

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!  Yo, inhumano, os he dado la muerte, y Vos, misericordiosísimo, me habéis dado la vida y vida eterna. «¿Qué devolveré al Señor por todos sus beneficios?» Aquí estoy, Señor, dispón de mí según vuestra divina voluntad. Mas no sé ni puedo deciros.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

XIII. JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

Estacion13_Jesus_es_bajado_de_la_cruz-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

Bajan de la Cruz el cuerpo divino del Salvador y lo depositan en los brazos de su afligidísima Madre, ¿No conocéis a vuestro Hijo, Señora? Es el mismo «hermosísimo entre los hijos de los hombres que llevabais a vuestros pechos virginales». Su amor lo ha desfigurado. Y tú eres, alma mía, el reo y eres también el verdugo.

 El sacerdote puede bajas algunas veces a Jesús, Hostia del Sagrario donde ha sido ultrajado, al corazón de verdaderos amantes; de almas que saben como María, compadecer a su Dios y lavar y ungir su destrozado cuerpo con lágrimas de arrepentimiento y con besos de amor. Sé tú, alma mía, no ya verdugo, sino del número dichoso de estas almas reparadoras.

Subir para bajar y bajar para subir. Es el doble movimiento de la Pascua que nos espera. Subió Jesús al madero y, con él, nos abrió la puerta a la Resurrección. La eucaristía, día tras día, nos enseña que el Señor sigue bajando para hacernos escalar a las más altas cotas de generosidad y de entrega, de perdón y de sacrificio, de humildad y de reconciliación, de fe y de esperanza ¿Seremos capaces de ver la otra cara de la cruz o nos quedaremos enganchados en la simple astilla de madera que produce sufrimiento y llanto?

Jesús es bajado de la cruz y entregado a su divina Madre, quien le recibe entre sus brazos y contra su corazón, ofreciéndolo a Dios como víctima de nuestra salvación.

A nosotros nos toca ahora ofrecer a Jesús como víctima en el altar y en nuestros corazones para nosotros y para los nuestros. Nuestro es, pues Dios Padre nos le ha dado y El mismo se nos da también para que hagamos uso de Él.

¡Qué desdicha el que este precio infinito quede infructuoso entre nuestras manos, a causa de nuestra indiferencia! Ofrezcámoslo en unión con María y pidamos a esta buena Madre que lo ofrezca por nosotros.

ORACIÓN

¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, perdón, misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!  Virgen dolorosa, yo quiero reparar mi crimen y así mitigar vuestro quebranto. Para conseguirlo, adoptadme por hijo, hacedme participante de vuestros dolores y dadme con largueza vuestra compasión y amor siempre que tenga la felicidad de recibir a vuestro Jesús en la Eucaristía, para consolarlo y amarlo dignamente.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

XIV. JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO

Estacion14_Jesus_es_sepultado-742x1024

V. TE ADORAMOS, OH CRISTO Y TE BENDECIMOS.

R. QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.

La Santísima Virgen deja el cuerpo de su Hijo en el sepulcro y ahí deja también su purísimo y lacerado corazón, como guardia fiel que cuida el más rico de los tesoros. María tiene que volver al a ciudad deicida. «¡Grande como el mar es su quebranto!»…. «¡Oh, vosotros que cruzáis por el camino de la vida, atended y ved si hay dolor semejante a su dolor!»

 El Sagrario es, ¡ay!, por el abandono en que se halla, un sepulcro para el Corazón amante de Jesús. Ahí está Él, por el amor infinito que te tiene, real y verdaderamente presente, de día y de noche y siempre esperándote. Alma mía, enciérrate con Jesús en el Sagrario, haz ahí tu morada eterna. Jesús es tu tesoro, tu corazón, tu bienaventuranza.

Hay que morir para vivir y, aunque muchos se empeñen en lo contrario, hay que vivir para aprender a morir. Es la gran lección que, magistralmente, Jesús nos enseña en este vía crucis. Por Dios y por el hombre ¡todo! Sin Dios y sin el hombre ¡nada!

La eucaristía es el sacramento de la presencia de un Dios que en la aparente debilidad de la especie del pan y del vino nos ayuda a fructificar y a prepararnos para el auténtico banquete que nos espera: el cielo

En cada eucaristía quedan sepultados millones de granos de fe, que como la mostaza, serán un día grandes árboles en los que anidarán para siempre y felizmente  los hijos que creyeron y esperaron en las promesas de Jesús en la tierra.

¿Vivimos cada eucaristía como un aperitivo de aquello que nos espera por gustar en compañía de Dios el día de mañana?

Jesús quiere sufrir la humillación del sepulcro; es abandonado a la guarda de sus enemigos, haciéndose prisionero suyo.

Mas en la Eucaristía aparece Jesús sepultado con toda verdad, y, en lugar de tres días, queda siempre, invitándonos a nosotros a que le hagamos guardia; es nuestro prisionero de amor.

Los corporales le envuelven como un sudario; arde la lámpara delante de su altar lo mismo que delante de las tumbas; en torno suyo, reina silencio de muerte.

Al venir a nuestro corazón por la comunión, Jesús quiere sepultarse en nosotros; preparémosle un sepulcro honroso, nuevo, blanco, que no esté ocupado por afectos terrenales; embalsamémosle con el perfume de nuestras virtudes.

Vengamos, por todos los que no vienen, a honrarle, adorarle en su sagrario, consolarle en su prisión, y pidámosle la gracia del recogimiento y de la muerte al mundo, para llevar una vida oculta en la Eucaristía.

ORACIÓN  

¡Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, perdón misericordia; yo soy el verdugo en vuestra Pasión!

Recibid, en reparación de mis crímenes que claman venganza al Cielo, mi última y la más fervorosa y humilde de mis promesas: llorar mis pecados, nunca más ofenderos, vivir con Vos en el Tabernáculo y trabajar cuanto pueda, por vuestra gloria Corazón Eucarístico de mi Dios, si tengo que separarme del Sagrario por mis deberes,concededme el inmerecido don de que mi alma jamás se separe de este divino Nido, testimonio el más elocuente del infinito amor que me tenéis. Ahí en el Sagrario, quiero vivir eternamente.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

AVEMARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

GLORIA

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Amén

Jesús, pequé: Ten piedad y misericordia de mí.

Bendita y alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su santísima Madre, triste y afligida al pie de la cruz. Amén, Jesús.

ORACIÓN FINAL

Amabilísimo Redentor mío, con el alma transida de dolor os he seguido, paso a paso, en vuestros sufrimientos infinitos; he visto vuestro rostro ensangrentado, vuestras sienes heridas, vuestros hombros surcados, vuestra espalda desgarrada, vuestros pies y mano atravesados, vuestro Corazón abierto de par en par, y todo vuestro cuerpo exangüe y sin parte sana: desde la coronilla de la cabeza hasta la planta de los pies, sois una llaga y «más parecéis gusano que hombre».

 Mis pecados, con furia infernal, os han destrozado a Vos, Víctima inocentísima y divina.  A la vez que os contemplaba en el Pretorio, en la Calle de la Amargura y en el Gólgota, os veía también en el Sagrario, y puede descubrir, Jesús mío, que aquí, donde no debíais de tener sino gratitud, el servicio y la alabanza de vuestros hijos, tenéis de ellos y particularmente de mí, cruces, espinas, clavos, azotes, hiel y vinagre de nuestras frialdades, ultrajes, sacrilegios y mil otras abominaciones que sólo Vos, de paciencia y misericordia infinitas, podéis tolerar.

¡Ah!, cuánto me pesa haberos ofendido y con qué profunda e inmensa gratitud quiero corresponder a vuestras fineza. Ahora, especialmente, os agradezco las gracias que en este santo ejercicio me habéis otorgado, y las resoluciones que me habéis, hecho formar; dadme vuestro auxilio poderosos para cumplirlas fielmente.

No tengo, Señor, sino este miserable corazón, pero animado de muy buenos deseos, os lo entrego para siempre. Recibidlo con agrado y dignaos imprimir en él, os ruego nuevamente, vuestra Pasión, vuestras virtudes, un odio a muerte al pecado, y hombre y sed insaciables de vivir con Vos en el Sagrario y de recibiros así diaria como dignamente.

Y Tu, Madre mía, Reina de los Mártires, aceptad una vez más mi tierna compasión y no me olvidéis. Asisteme en mi postrera agonía y, en vuestras manos, presentad mi alma a Jesús. Así sea.

ORACION

Creemos que con este drama tuyo, Cristo, no sólo se ha desarrollado una escena de dolor y de deshonra sino que se ha cumplido algo más profundo.

Parece que precisamente allí donde se tocan los brazos de tu cruz están las grandes abcisas, las grandes paralelas, las grandes líneas constituyentes de los destinos humanos.

Hay una ley de justicia que desde las profundidades de Dios se precipita sobre Tí, Cristo víctima, hay una condena que desde los abismos del mal te obliga a morir.

Las dos leyes se cruzan y en vez de neutralizarse entre sí conspiran en precipitarse sobre Tí, Cristo, y en hacer de Tí un cordero inmolado por los pecados del mundo.

Y Tú, Cristo crucificado, tienes los brazos abiertos porque en la cruz se encuentran no sólo la justicia y el pecado, sino también el amor.

“Por nosotros y por nuestra salvación bajó sobre esta tierra”; es la apertura del cielo que fulgura con amor sobre el mundo, lo ama y llega allí.

Amén.

Volvamos nuestra mirada

Al corazón Eucarístico de Cristo y digamos:

Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

  • Que sea bendito por su amor y obediencia hacia el Padre.
  • Que sea bendito por su predilección hacia los pecadores.
  • Que sea bendito por su pasión y su muerte en la Cruz.
  • Bendita sea la preciosísima Sangre.
    • Bendita se la sangre del cáliz derramada para el perdón de los pecados.
    • Bendito sea el cáliz de bendición que nos hace comulgar con la sangre de
    • Cristo.
    • Bendita sea la sangre de la nueva y eterna alianza.Amen

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén