VIA CRUSIS DE LOS ENFERMOS

7

INICIO

Queridos hermanos, nos disponemos a iniciar el vía crucis de nuestro señor Jesucristo, por los enfermos del mundo, de nuestra comunidad, vecinos, amigos y enemigos, recordando a cada paso, su camino hacia su crucifixión, en la cual pagó con su muerte y resurrección el perdón de nuestros pecados.

Todos tenemos nuestro propio Vía Crucis que andar.  Todos tenemos nuestro camino personal de seguir a Jesús.  Es un mismo camino y es también un camino diferente para todos, porque cada uno estamos llamados a seguirle desde nuestra propia realidad.

Nos da miedo el Vía Crucis, porque todos tenemos miedo al dolor.  Todos sentimos nuestros rechazos a la Cruz.  Sin embargo, el camino de la Cruz, más que un camino de dolor y sufrimiento debiera ser un camino de esperanza.  La Cruz de Jesús no es la Cruz que invita a la muerte sino la Cruz que invita a la vida.  Es el camino de lo nuevo.  Juan Pablo II llama a la Cruz “la cuna del cristiano”.  Y las cunas, más que de muerte hablan de vida, de futuro, de esperanzas.

Nadie como el que sufre comprende la realidad del camino de la Cruz, porque nadie como él sabe cuánto pesa el madero del dolor y de la enfermedad.  Nadie como él vive colgado de la esperanza de que esto termine.  Pero también nadie como el enfermo sabe comprender la realidad de Jesús camino del Calvario.  Mientras los sanos miramos, desde la acera, a Jesús caminando bajo la Cruz, el enfermo lo ve desde su propia experiencia.

El Vía Crucis que ofrecemos a nuestros enfermos no quiere ser una llamada a la pasividad frente al dolor.  No quiere ser una resignación sin esperanza.  Al contrario, quiere llevar un poco de luz, allí donde el sufrimiento ha cubierto con sombras su vida.  Este Vía Crucis quiere ayudar al enfermo a poner luz donde hay oscuridad, a poner esperanza donde el cansancio de la enfermedad invita a la desesperanza.  Y sobre todo, quiere ser una invitación a sufrir, no en la soledad, sino en compañía de Jesús.  Jesús se hace enfermo con el enfermo y el enfermo se siente identificado con Jesús.

Querido enfermo, no soy yo quien debo darte consejos en tu enfermedad.  Pero si puedo poner en tu camino a Alguien que si sabe mucho de dolores y es capaz de comprenderte mejor que nadie: Jesús crucificado.  No te fijes tanto en sus dolores, fíjate más bien en cuánto amor y cuánta vida brotan de ese dolor.  La Pasión de Jesús, como decía San Pablo de la Cruz, es un “mar de dolor”, pero inmediatamente, en ese mar de dolor él veía “un mar infinito de amor”.  La Pasión como la revelación del amor de Dios al hombre.

Por la señal, de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos señor dios nuestro.

En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amen. 

la mejor manera de prepararnos para iniciar este vía crucis es comenzar reconociendo nuestros pecados, por eso vamos a rezar el pésame.

 pésame Dios mío,  me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un dios tan bueno y tan grande como Tú.

Antes querría haber muerto que haberos ofendido y propongo firmemente no pecar mas y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amen.

señor Jesús: los enfermos de esta comunidad, venimos aquí dolientes a acompañarte en tu doloroso caminar a tu penoso vía crucis hacia tu crucifixión, no solo están los enfermos aquí presentes, sino también vecinos, amigos, familiares de aquellos cuya enfermedad les impidió venir, te suplicamos señor por ellos, por su fe, y las de quienes rezan por ellos, para que tú los sanes. y den testimonio de gratitud, hacia tu gesto misericordioso.

Sánalos señor, por intercesión del inmaculado corazón de tu madre, la virgen María, hacia tu sagrado corazón. Sánalos señor.
QUERIDOS HERMANOS: 

Nos encontramos hoy aquí reunidos para reflexionar juntos la pasión, muerte y resurrección de Jesús, poniendo frente a nosotros la realidad sufriente de los rostros de las personas enfermas que actualmente cargan con su pena camino de la cruz, iniciemos pues, este camino con el firme propósito de retomar la enseñanza que nos dejó Jesús, de compasión y ayuda por los enfermos, para que una vez comprometidos, seamos portadores de la esperanza en la resurrección del señor. Señor escucha a nuestros enfermos, que te imploran por su salud: 

Oración de Sanación

Padre Santo, en el Nombre de Jesucristo y con la intercesión de la Santísima Virgen María, de los santos ángeles, de los santos, de la Madre María, de San José, te presentamos a los enfermos en el alma, en la mente, en el cuerpo y en el espíritu y te pedimos para todos ellos y también para nosotros que nos sanes. Todo lo pedimos de acuerdo a tu Santa Voluntad, Padre Santo, en el Nombre de Jesús, por los méritos de su Divina Infancia, por su Sangre Preciosa, por sus santas llagas, por su Resurrección que todo sea para tu gloria. Creemos en tu poder y te pedimos, oh buen Jesús que la fuerza del Espíritu Santo sea liberada ahora y que todos seamos curados.

En el Nombre de Jesús y con la intercesión de María, Rosa Mística, de los santos ángeles, de los santos y benditas ánimas del purgatorio, te pedimos, Padre Santo que nos sanes de toda herida profunda en nuestros corazones, de todo resentimiento y rechazo, de toda carencia de amor, de depresión y de soledad, sánanos de toda carencia afectiva. Sánanos de toda frustración, fracaso, complejo y trauma, de odios, de divisiones, de envidia, de hipocresía, de ira, rabia.

  Llena Señor en nosotros, cualquier vacío que pudiera existir con tu presencia santa y danos tu ternura. Danos tu libertad y tu amor. Danos tu paz.

En el Nombre de Jesús y con la intercesión de nuestra Madre Celestial María, Madre de la Iglesia, de los santos ángeles y santos del cielo, te pedimos Padre Santo que nos sanes de cualquier vicio que pudiéramos tener.

Sánanos de todo miedo, temor, nerviosismo, angustia, ansiedad, e inseguridad, del orgullo y de toda soberbia. Sánanos de depresión, psicosis, obsesiones, de toda inestabilidad emocional y mental, decepción, desengaño, amargura, de rebeldía, de toda idolatría y superstición, de toda enfermedad mental, y de cualquier falta de perdón.

En el Nombre de Jesús y con la intercesión de la Santísima Virgen María, Virgen de Lourdes, de los santos ángeles, de los santos y benditas ánimas del purgatorio, Padre Santo te pedimos que nos liberes de toda atadura genética de cosa proveniente de nuestros antepasados. En el nombre de Jesucristo te pedimos, que cortes Padre Santo, en este momento cualquier atadura de pecado transmitida por nuestros antepasados, así como cualquier maldición heredada.

En el Nombre de Jesús y con la intercesión de la Santísima Virgen María, Virgen de Lourdes, de los santos ángeles, de los santos y benditas ánimas del purgatorio, te pedimos Padre Santo, que nos sanes físicamente de toda enfermedad conocida o desconocida, de toda enfermedad curable o incurable. Sánanos especialmente de cáncer, de toda enfermedad glandular, de obesidad, anorexia, asma, artritis, artrosis, hígado, páncreas, vesícula, vaso, enfermedades circulatorias, de la sangre, de la presión arterial, de enfermedades en la piel, de alergias, de enfermedades respiratorias, de enfermedades estomacales, de nervios, de ansiedad, de stress, de anemia, de sida, Te pedimos especialmente por:

 Gracias Padre Santo por escuchar nuestras plegarias, sabemos que tu estas actuando con tu poder y que todo lo puedes. Señor en ti confiamos y en ti esperamos. Te damos gracias por todo lo que has hecho, por lo que estas haciendo y por lo que seguirás haciendo en nuestras vidas.

Gracias, Gracias, Gracias por cada detalle que sale de tu Mano generosa de Padre, Hermano y Amigo ! Gracias Señor ¡¡..

Amén.

 Oración :

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra! Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a vuestro maternal corazón, para pediros que derraméis a manos llenas el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros.

Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuchéis: pero acordaos, os diré con vuestro siervo San Bernardo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Vos haya sido abandonado de Vos. ¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima! Ya que Dios obra por vuestra mano curaciones sin cuento en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor, guardad también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo… Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios. Pero mucho más alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios prisionero por nosotros, en los Sagrarios. Amén.

Virgen de Lourdes, rogad por nosotros.

Consuelo de los afligidos, rogad por nosotros.

Salud de los enfermos, rogad por nosotros.

 

INICIO DEL VIA CRUCIS

Nos encontramos hoy reunidos para reflexionar juntos la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, poniendo frente a nosotros la realidad sufriente de los rostros de las personas enfermas que actualmente cargan con su pena camino de la cruz. Iniciemos pues, este camino con el firme propósito de retomar la enseñanza que nos dejó Jesús de compasión y ayuda por los enfermos, para que una vez comprometidos, seamos portadores de la esperanza en la Resurrección del Señor.

Primera Estación :Jesús condenado a muerte

Estacion1_Jesus_condenado_a_muerte-742x1024

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

El señor es azotado y sentenciado a muerte. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo y los dolores de su santísima madre.

“El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser condenado a muerte y resucitar, al tercer día”. (Lc 9, 22)

Señor, Nos parecemos.  Recién me doy cuenta de que en algo somos iguales tú y yo.  Tú condenado a muerte.  Yo condenado a vivir con esta enfermedad en mi cuerpo, que también me duele en el alma.  Los dos corremos la misma suerte y andamos el mismo camino.

Desde que te veo a ti condenado a muerte, ya no me atrevo a preguntarle más a Dios sobre el porqué de mi enfermedad.

Yo me creía bueno, y por tanto con derecho a una buena salud.  Pero al verte a ti, inocente, condenado a la muerte, ¿qué derechos me asisten a mí para quejarme de mi dolor?

Quiero compartir junto contigo la misma suerte y también la misma misión.

Señor, te pido que me des la capacidad de decir sí a mis sufrimientos, como tú dijiste sí a tu condena a muerte.

Señor Jesús, que fuiste ultrajado ante el pueblo, coronado de espinas y condenado a muerte, te ruego que logre yo dominar mi soberbia, con tu ayuda, para que, sufriendo con humildad las afrentas de esta vida, logre gozarte en la vida eterna.
El dolor incomprensible nos une íntimamente con nuestro señor y nos asemeja a él.

Manuel es un enfermo de sida.  Está condenado a muerte. Ha experimentado el desprecio y el abandono de sus amigos y hasta de su familia,  lo han juzgado y condenado a una muerte quizá más atroz que la misma enfermedad,  en Manuel, Jesús ha sido condenado de nuevo. Hay en torno nuestro muchos hermanos a quienes la sociedad ha condenado. Jesús te espera en cada uno de ellos, en el más próximo, y te pregunta: ¿tú también me condenas?, Señor Jesús, perdónanos por las veces en que hemos despreciado a nuestros hermanos por su apariencia, raza, creencia, o errores.

Te pedimos valor para aceptar cuando hemos fallado y fuerzas para cambiar,  no permitas que sigamos condenando injustamente.

Señor, por los enfermos de sida, graves y terminales, te rogamos piedad.

María, salud de los enfermos, ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen.  

Gloria al padre, Gloria al hijo y Gloria al espíritu santo, 
como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amen. 

JACULATORIA

Por soportarlo todo en santo silencio, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

2.Segunda Estación Jesús carga con la Cruz

Estacion2_Jesus_cargado_con_la_cruz-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos. Todos: porque por tu santa cruz redimiste al mundo. El señor carga con la cruz a cuestas, alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo.  y los dolores de su santísima madre.

“Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevó y nuestros dolores los que soportó.  Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.  El ha sido herido por nuestros pecados, molido por nuestras culpas”. (Is 53, 4-5)

También aquí nos parecemos tú y yo, Señor.  Tú llevas la Cruz sobre tus espaldas.  Yo pongo mis espaldas sobre esta mi cruz.  Tú llevas la Cruz.  A mí me lleva mi cruz.  Y los dos caminantes por la vida pegados a la cruz.

A veces quisiera desapegarme de ella, tirarla lejos, no volver a verla más.  Pero cuanto más la rechazo más me duele.  Pienso que la única manera de hacerla menos pesada es quererla, abrazarla, convertirla en mi propio camino.

Estoy convencido que el dolor no se vence dándole de patadas, sino luchando por superarlo, y si no se puede, aceptarlo como tú lo aceptaste.

Señor, te pido que me des la gracia de ser más fuerte que la cruz que llevo en mi cuerpo de enfermo.

Señor que con la cruz cargaste el peso de nuestros pecados, te ruego que me abraces a la cruz de la penitencia, para abrir mi corazón a tu redención. Dios está particularmente cerca de los que sufren. el papá de los mellizos Zárate, es alcohólico. Esta escena se repite varias veces al mes. la situación es a todas luces injusta. No hay razón para que aquellos niños deban soportar esta carga. En nuestro barrio, quizás no muy lejos de tu puerta, vive alguien que carga una cruz demasiado pesada. Puede tratarse de tu propia familia, puede tratarse de ti mismo. Es Jesús que sigue llevando la pesada carga de la cruz. ¿Qué haces para aligerar la cruz de cristo? señor Jesús, perdónanos por las veces en que hemos sido nosotros mismos quienes no cumplimos con nuestras obligaciones y dejamos que carguen la cruz los más inocentes.
te pedimos por todas las personas que no han podido reconocer su enfermedad, dales fuerza para no seguir fallando en el cumplimiento de sus obligaciones.

Señor, por los enfermos alcohólicos, te rogamos tu ayuda, consuelo y esperanza para sus familiares.

María, salud de los enfermos, ruega por ellos. 

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen. 

JACULATORIA 

Por tu cruz y tus clavos, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

 

3.- Tercera Estación : Jesús cae por primera vez bajo la Cruz

Estacion3_Jesus_cae_por_primera_vez-742x1024

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Jesús cae por primera vez. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo  y los dolores de su santísima madre.

“fue oprimido y él se humilló y no abrió la boca.  Como un cordero al deguello fue llevado, y como oveja ante los que la trasquilan está muda, tampoco abrió la boca”.  (is 53, 7)

Señor, pensaba que solamente yo era débil.  no siento alegría por tu debilidad.  pero sí siento la alegría espiritual de verte a ti tan parecido a mí.

Tampoco tú quisiste aparentar ser un forzudo a quien la cruz no le duele.  veo que también tu eres tan humano como nosotros.  la verdadera fortaleza ante el dolor es no dejarse aplastar por él sino ser capaz de cargar con él.

Cuando sienta que el desaliento, el cansancio y el aburrimiento o la impotencia quieran adueñarse de mí, tu caída bajo la cruz será para mí un aliento para luchar y salir de mi depresión.

Señor, quiero pedirte por todos mis hermanos enfermos, por todos aquellos que como yo se cansan de su enfermedad, para que encuentren en ti una palabra de aliento.

Señor que caíste en tierra, fatigado por el peso de la cruz, te ruego que me levante yo de la culpa y que este firme en el cumplimiento de tu voluntad. el dolor, aceptado con amor y resignación, es una reparación de los pecados propios y ajenos, nos acerca a la cruz de cristo. Juan Carlos ha sido invitado por algunos amigos a iniciarse en el vicio de la droga. Por primera vez en su vida se ha drogado, él se sentía muy triste, confundido y no sabía lo que hacía, ahora se ha quedado verdaderamente solo, ya nadie le dirige la palabra.
Pero, la pregunta es ¿lo seguirá haciendo? nosotros podemos estar en situaciones similares.
Pero no por haber caído esa primera vez tenemos que seguir soportando algo que no deseamos. Jesús te pregunta, cuando te resulta algo adverso, ¿haces lo posible por seguir en pie?

señor Jesús, no permitas que continuemos caídos, ven en nuestro auxilio para que pidiéndote perdón de corazón y perdonándonos a nosotros mismos, continuemos nuestro camino hacia ti

Señor, te pedimos por los que caen en la drogadicción, para que reciban ayuda hospitalaria y concédeles amor y cariño. María, salud de los enfermos todos: ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, al hijo y al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

JACULATORIA

Por tu paciencia inmensa, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

4.-Cuarta Estación : Jesús se encuentra con su Madre

Estacion4_Jesus_se_encuentra_con_su_madre-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos.

Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús encuentra a su madre, maría santísima. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo y los dolores y lágrimas de su santísima madre.

“Y a ti misma una espada te atravesará el alma”.  (Lc 2, 35)

Señor, a veces uno no sufre tanto por el hecho mismo de sufrir, sino porque se siente estorbo y fastidio que hace sufrir a los demás.  Yo creía que eso sólo me pasaba a mí.  Ahora veo que esa fue también tu historia.

No sólo sufrías tú, cargado con tu Cruz, sino que eras ocasión de dolor para el corazón de tu Madre.  Tu dolor, de alguna manera también hería y santificaba el corazón de la Madre.

Pareciera que esto me alivia un poco.  Yo no quiero sentirme un estorbo.  Prefiero pensar que en mis sufrimientos, también los demás encuentran su propio camino de gracia.  Si yo me parezco a ti en mi dolor, quiero que los demás se vean a sí mismos como los representantes de tu Madre.

Señor, te pido por aquellos que me cuidan y atienden.  Que en mis sufrimientos encuentren ellos el camino que los lleva a ti.

Madre mía, por el cruel dolor que traspasó tu corazón al ver a tu hijo abatido y desfigurado por todos los hombres, te ruego que sepa siempre reconocer mis culpas.
El dolor tiene secretos e inefables consuelos, nos inspira un amor más sincero y puro hacia Jesús.

Elena es una madre soltera. Conservar a su hijo le ha valido el rechazo de muchas personas, incluso tuvo que dejar la casa de sus padres. Ella sabía lo que le iba a costar dejar que este niño naciera, y sin embargo, a pesar del dolor que supondría aceptó emprender este camino de dolor junto con su hijo. Aceptar a cristo puede significar, en ocasiones, compartir con él el dolor. Por eso frecuentemente preferimos rechazarlo, sin querer ver que al final, la alegría será mayor.

Señor Jesús, perdónanos por las veces en que no hemos apoyado a las mujeres solteras embarazadas en su camino por defender la vida de sus hijos.

Señor, por las madres solteras que no rechazaron a su hijo por nacer, y le dieron la vida, que el inmaculado corazón de tu madre las proteja. María, ejemplo de las Madres, Ruega por ellas.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen. 

 JACULATORIA

Por tu gran misericordia, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor Peque Ten Piedad y Misericordia De Nosotros.

 

 5.Quinta Estación : El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz

Estacion5_Jesus_es_ayudado_por_Simon_de_Cirene-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos. Porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

El cireneo ayuda a Jesús a cargar la cruz. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo y los dolores y lagrimas de su santísima madre.

“cuando lo llevaban, echaron mano de un cierto simón de Cirene, que venía del campo y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús”.(lc 23, 36)

un hombre cansado, ayudando a llevar la cruz a otro más débil aún.  el camino de la vida no es competencia de fuertes, sino solidaridad de los débiles. Ahora veo claro que el camino de la vida no es competencia de poderes, sin comunión en las debilidades.

Es maravilloso descubrir que los débiles, los que nos consideramos ya inútiles, también servimos para algo.

También los enfermos podemos ser una ayuda para otros que como nosotros llevan una vida de sufrimiento y nos necesitan.  También los enfermos podemos ser apoyo para los sanos.

Señor, ¿cómo podría yo hoy prestar mi ayuda a otros tan débiles como yo?, que hoy pueda sonreír a los demás, para hacerles más llevadera su carga.

Señor Jesús, que quisiste que en la persona del cireneo todos te ayudásemos a llevar tu cruz, te ruego que me permitas abrazar la cruz de cada día con abnegación, para que siguiendo tus pasos consiga la vida eterna. El dolor nos une a nuestro señor y nos asemeja a él. El señor Manuel ha venido de su pueblo hasta la capital en busca de un trabajo digno, pero en el trayecto sufrió un gravísimo accidente. el se encuentra solo en el hospital, mucha gente pasa sin siquiera mirarle; sin embargo, uno de los parientes que visitan a otros enfermos, se ha percatado de esto y reserva un poco de su tiempo para conversar con Manuel.

Señor Jesús, perdónanos por las veces en que hemos pasado indiferentes ante el dolor de los demás. Ayúdanos a saber donar nuestro tiempo para aminorar el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos enfermos.

Señor, te pedimos por los enfermos abandonados en los hospitales, para que nuestra visita les de consuelo y los aliente a una pronta recuperación.

María, salud de los enfermos, ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

 JACULATORIA

Por soportarlo todo en santo silencio, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros.

 

6. Sexta Estación : La Verónica limpia el rostro de Jesús

Estacion6_Veronica_limpia_el_rostro_de_Jesus-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos porqué por tu santa cruz redimiste al mundo.

La verónica limpia el rostro de Jesús, alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo y los dolores y lagrimas de su santísima madre.

“nosotros los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro propio agrado”.  (rom 15, 1)

a veces, las cosas sencillas tienen un gran valor.  la verónica limpió tu rostro sucio por la sangre y el polvo.  cuántas veces la gente que me atiende viene y lava mi rostro, me quita el sudor.  casi nada.  y sin embargo siento que mi cara queda más fresca, y como que la fiebre se aligera.

tú dejaste estampado tu rostro en aquella tela con que la caridad de una mujer limpiaba tu cara.  yo quisiera que cuantos vengan a hacerme algún servicio regresen con más paz en su corazón y con más alegría en el alma.

que cuantos me visitan, al irse, lleven en su corazón el don de mi sonrisa agradecida y un poco más de paz en su espíritu.

Señor: que cuantos sirven a los enfermos te reconozcan a ti en nuestros sufrimientos.

Jesús fatigado, cansado, ultrajado, a quien la verónica limpió su rostro desfigurado por el dolor, polvo y bofetadas, te suplico estampes en mi alma tu santísima imagen y me otorgues la gracia de conservarla siempre. Laura y Sofía son dos chicas estudiantes del colegio parroquial que se han anotado como voluntarias para visitar enfermos. Ellas han descubierto mediante esta labor, que pueden llevar alegría y esperanza al compartir la buena nueva de cristo a nuestros hermanos enfermos, lavándolos y limpiarles su rostro diariamente..

Señor Jesús ayúdanos a comprometernos a llevar tu palabra a todos los que no te conocen o que conociéndote se han olvidado de ti, especialmente a nuestros hermanos enfermos.

Señor, para los enfermos necesitados y faltos de auxilio, te rogamos tu compasión señor. María, salud de los enfermos, ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, Gloria al hijo , Gloria al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

 JACULATORIA

Por dejarnos la verdadera imagen de tu rostro, perdón señor piedad, si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

7. Séptima Estación : Jesús cae por segunda vez bajo la Cruz

Estacion7_Jesus_cae_por_segunda_vez-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos.  porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús cae por segunda vez. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo y los dolores y lágrimas de su santísima madre.

“Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, más no aniquilados.  Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”.(2 Cor 4, 8-10)

Señor el camino se hace largo y las fuerzas son cada vez más débiles.  El tiempo para el que sufre es un sufrimiento más.  Uno se va cansando de todo.  El cuerpo ya no da para más.  Todas las posturas son incómodas.  La Cruz nos parece cada vez más dura.

Tú besas por segunda vez el polvo del camino.  Y yo una vez más siento que algo me grita dentro:  ¡hasta cuándo voy a estar así! Comienzo a perder la fe en las medicinas y en los médicos y hasta siento una rebeldía contra Dios.

Señor, te admiro porque tú no protestas contra  los que te cargan la Cruz ni tampoco contra tu debilidad.  Que yo no proteste contra mis sufrimientos, ni contra los que me atienden.  Y sobre todo, que no proteste contra ti.

Señor Jesús, que caíste por segunda vez, abrumado por el peso de nuestros pecados, te suplico me hagas conocer la gravedad de mis culpas y me des tu gracia para convertirme cada día más.

El volver a caer nos produce un gran dolor, el cual nos purifica y nos fortalece en la virtud., Jaime y pablo, son dos jóvenes que sufren de alcoholismo. De tal forma ha avanzado esta enfermedad en ellos, que vuelven a caerse en este vicio todos los días, cuando nos encaminamos a nuestro trabajo, los vemos tirados en la esquina de nuestra casa, ebrios  y vemos parada a su lado varias botella de vino consumidas.  Señor Jesús, perdónanos por las veces en que nos hemos burlado de ellos, siendo indiferentes, seguimos de largo, y no los hemos encaminados a algún grupo de rehabilitación  como de alcohólicos anónimos

Señor, por los enfermos que tienen recaídas, y sufren intensos dolores, te rogamos que se los alivies. María, salud de los enfermos todos: ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros prdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

 JACULATORIA

Gloria al padre, Gloria al hijo , Gloria al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen. 

 

Por la cruz tan pesada,  por nuestras culpas, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

 

8. OCTAVA ESTACIÓN : JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

Estacion8_Jesus_consuela_a_las_piadosas_mujeres-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos. porqué por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús encuentra a las mujeres piadosas de Jerusalén. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo  y los dolores y lágrimas de su santísima madre.

“Le seguía una multitud de pueblo y de mujeres, que se dolían y se lamentaban por él”.  (Lc 23, 27-32)

Señor, eres maravilloso, incluso cargado con la Cruz.  Eres capaz de olvidarte de ti, olvidarte del peso de la Cruz, olvidarte de tus flaquezas y debilidades, para preocuparte de los demás.

¿Crees que es el momento de pensar en esas mujeres que se quedan a la vera del camino?  ¿Crees que es el momento de consolar a los que sufren a tu lado?

Una de mis grandes tentaciones, es utilizar mi dolor para que todo el mundo se preocupe de mí, piense en mí, esté a mi servicio.  Es la tentación del egoísmo.  Es la tentación de convertir mi dolor en mi carta de derechos frente a los demás.  Yo sé que mi único derecho es ayudar y servir a los demás.

Señor, dame la gracia de no caer en la tentación del egoísmo de utilizar a los demás a mi servicio.  Dame la gracia de olvidarme de mí y preocuparme de los demás.

Maestro, que viendo a las piadosas mujeres sufrir en el calvario, les enseñaste que llorasen sus pecados, concédenos que lavemos nuestras culpas y perseveremos siempre en ti. Señor mío, dios mío, tú eres la verdad definitiva, espero de ti, tu misericordia, para mi vida de enfermo doliente y sufriente. Doña Pancha, es una anciana que se ha quedado sola porque ha perdido a todos sus seres queridos, después de la pérdida de un bebé y de su hija, vino la muerte de su marido.

Con todo esto y a pesar de que se ha visto reducida en sus movimientos por una artritis que muchas veces le hace llorar del dolor, ella ha conservado la fe y la alegría de vivir, ha sabido escuchar a cristo y se ha identificado con él, ofreciendo sus sufrimientos por sus pecados y los de los demás. Señor Jesús, ayúdanos a ser fuertes y a identificarnos contigo para que te sigamos en el camino de la cruz y aprendamos a ofrecer nuestros sufrimientos por los demás. Guía intenciones:
por los enfermos incomprendidos y dolientes, que ofrecen sus sufrimientos y dolores a ti, concédeles, la sanación de sus dolores y enfermedades.

María, salud de los enfermos: ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.  

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen.  

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

 JACULATORIA

Por tu amor incondicional, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque tened piedad y misericordia de nosotros.

9. NOVENA ESTACIÓN  : JESÚS CAE POR TERCERA VEZ BAJO LA CRUZ

Estacion9_Jesus_cae_por_tercera_vez-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos. porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

El señor cae por tercera vez. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo y los dolores y lágrimas de su santísima madre.

“Pues llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y que no viene de nosotros”.(2 Cor 4, 7)

Señor, muchas veces siento rabia conmigo mismo, porque me siento dependiente de todos.  Los necesito para todo.  Y eso me hace sentir muy mal.  Sé que en el fondo es mi orgullo que me grita dentro porque no quiero aceptar mis limitaciones de enfermo.

Y ahora te veo a ti, caído en tierra, una vez más.  Una vez más tienen que ayudarte a levantarte, a ponerte en pie.  Una vez más, necesitas de los otros para poder andar tu camino.  Una vez más necesitas de la mano y la fuerza de los otros para no quedarte en el camino.  Y no protestas ni gritas contra tu impotencia y flaqueza.  Al contrario, agradeces la mano que se tiende.

Señor, que sepa aceptar con cariño, con amor los servicios que con tanta generosidad me brindan los míos.  Que sienta más su amor que mi propia necesidad.

Maestro, que viendo a las piadosas mujeres sufrir en el calvario, les enseñaste que llorasen sus pecados, concédenos que lavemos nuestras culpas y perseveremos siempre en ti. Señor mío, dios mío, tú eres la verdad definitiva, espero de ti, tu misericordia, para mi vida de enfermo doliente y sufriente. Doña pancha, es una anciana que se ha quedado sola porque ha perdido a todos sus seres queridos, después de la pérdida de un bebé y de su hija, vino la muerte de su marido.

Con todo esto y a pesar de que se ha visto reducida en sus movimientos por una artritis que muchas veces le hace llorar del dolor, ella ha conservado la fe y la alegría de vivir, ha sabido escuchar a cristo y se ha identificado con él, ofreciendo sus sufrimientos por sus pecados y los de los demás.

Señor jesús, ayúdanos a ser fuertes y a identificarnos contigo para que te sigamos en el camino de la cruz y aprendamos a ofrecer nuestros sufrimientos por los demás.
por los enfermos incomprendidos y dolientes, que ofrecen sus sufrimientos y dolores a ti, concédeles, la sanación de sus dolores y enfermedades.

María, salud de los enfermos todos: ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 
Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte,  Amén. 

Gloria al padre, al hijo y al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen. 

JACULATORIA  

Por tu amor incondicional, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad. 

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

 

10.-DÉCIMA ESTACIÓN : JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDOS

Estacion10_Jesus_es_despojado_de_sus_vestiduras-742x1024

 

Te adoramos, cristo, y te bendecimos. porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

El señor cae por tercera vez. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo.  y los dolores de su santísima madre.

“Ni ofrezcáis vuestros miembros como armas de injusticia al servicio del pecado; sino mas bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida, y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios”.  (Rom 6, 13-14)

¡Despojado de todo!  Despojado de tus derechos.  Despojado de tu inocencia.  Despojado de tu vida.  Y ahora, despojado hasta de los trapos polvorientos que cubren tu cuerpo.  A la muerte no se lleva nada.  Para morir todo estorba.  Estorban las fuerzas.  Estorba el poder.  Estorba la riqueza.  Hasta los trapos estorban.

Cada día que se prolonga esta mi enfermedad tú, Señor, me vas despojando de todo.  Ya no mando en mi casa.  Otros administran lo mío por mí.  Ya no tomo las decisiones, otros las toman por mí.  Cada día me van sobrando más las cosas de que disponía.

Señor, que mis sufrimientos que no me dejan, me vayan despojando de mí mismo, de mis orgullos, de mis pecados, de mis rebeldías, para que cada día esté más dispuesto a lo que tú quieras de mí.

Paciente Jesús, por tu sufrimiento al quedar desnudo delante de todo el pueblo, te ruego no me dejes seducir por los placeres de este mundo.

Mira, padre eterno, no mi pobre vida llena de pecado, sino a tu hijo que me salvó con su misericordia. Cuántas veces hemos despojado a los demás de su fama, de su tranquilidad, de sus derechos, de su inocencia, de sus ilusiones. Un joven de 20 años cayó paulatinamente en malas amistades que le llevaron a frecuentar prostíbulos.
Acaba de realizarse un examen médico y le han dado la terrible noticia de que está enfermo de sida. Se encuentra solo y desesperado porque tanto sus amigos como su familia le han dado la espalda.

Señor Jesús, perdónanos por las veces en que no hemos sido fuertes para decirle no a las compañías que nos invitan al mal, no nos dejes caer en la tentación de dejarnos llevar por las falsas alegrías que nos conducen a la ruina.  para los enfermos que cargan en su conciencia graves faltas, te rogamos tu perdón e indulgencia, señor.

María, salud de los enfermos, Ruega por ellos.

Padre Nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, al hijo y al espíritu santo, 
como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

JACULATORIA 

Por soportar y entregarlo todo,  perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad.

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

11. UNDÉCIMA ESTACIÓN : JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ

Estacion11_Jesus_es_clavado_en_la_cruz-742x1024

 

Te adoramos, cristo, y te bendecimos.  porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

El Señor es clavado en la cruz. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo. y los dolores y lagrimas de su santísima madre.

“Con Cristo estoy crucificado y, vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí”.  (Gál 2, 20)

Señor, ya no eres tú quien lleva la Cruz.  Ahora te han clavado a ella.  Irás a donde te lleve tu Cruz.  Clavadas las manos, que ya no pueden extenderse a otras manos para estrecharlas.  Clavados los pies, que ya no pueden caminar a ninguna parte.  Unos clavos y unos maderos son los únicos dueños de tu cuerpo y de tu vida.  ¡Qué poca cosa basta para crucificarnos!

Ya no sé cuánto tiempo llevo clavado en esta cama.  Ya he olvidado el tiempo que llevo clavado a esta silla de ruedas.  Mis manos ya no tienen fuerza para nada.  Y mis pies casi ya no me sirven de nada.  Ya no voy a ninguna parte por mí mismo sino que me llevan.  Todo me lo tienen que hacer los demás.  Total que estoy crucificado como tú.

Señor, gracias porque esta cama no se queja y me aguanta tanto tiempo.  Gracias por esta silla de ruedas que es la que camina por mí y no se queja.  Tú crucificado en mí y yo crucificado contigo.
Jesús misericordioso, que sufriste,  te extendieron en la cruz y clavaron tus pies y manos en ella, te ruego no extienda yo mis pies a maldad alguna, sino que viva gozosamente crucificado en tu santo servicio.
Jesús, hijo del dios vivo, socorre a este hermano tuyo, a quien has redimido con tu preciosa sangre. Una señora sola y enferma de diabetes, llora por la amargura que le causa la indiferencia de la gente, más ahora que se encuentra tan grave por las complicaciones de su enfermedad.
Ella se ha pasado la vida criticando a cuanta persona se le cruzó de frente y ahora vive ese mismo calvario. ¿cuántas veces matamos con nuestros comentarios y seguimos sin medir el daño que hemos causado?

Señor Jesús, perdónanos por las veces en que hemos criticado y ofendido a los demás, danos el valor para cambiar nuestra actitud y concédenos la gracia para saber acercarnos a pedir perdón.

Te rogamos por nuestros enfermos de diabetes, para que brille en ellos la luz de tus ojos.

María, salud de los enfermos, Ruega por ellos.

Padre Nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen.

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen.

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

JACULATORIA

Por tu crucifixión, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad.

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

12.DUODÉCIMA ESTACIÓN : JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Estacion12_Jesus_muere_en_la_cruz-742x1024

Te adoramos, cristo, y te bendecimos.  porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús, muere en la cruz. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo y los dolores de su santísima madre.

“O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? … Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante”. (Rom 6, 3-5)

Señor, llegaste al final del camino.  Un final inesperado y que no te corresponde.  Tú te merecías otra muerte.  No la de un crucificado.  Y sin embargo, es tu única muerte.  La muerte por fidelidad al Padre.  La muerte por fidelidad al Reino.  La muerte por fidelidad a la causa del hombre.

Yo no sé si esta mi enfermedad será de muerte.  A uno nunca le dicen la verdad.  Prefieren tenerle a uno engañado.  ¿Engañado de qué? ¿Engañarle a uno para que muera sin enterarse?  Quiero parecerme a ti también en el morir.  Si ha llegado mi hora, que se haga la voluntad del Padre.  ¿Qué más da morir de esta o aquella enfermedad?

Lo único que te pido, Señor, es que también mi muerte sea signo de fidelidad a mi fe bautismal, signo de mi fidelidad a la Iglesia.
Señor amado, que fuiste crucificado entre ladrones y levantado a la vista de todo el mundo padeciendo la muerte por redimirnos, te ruego señor mío que alcance la salvación que me trajiste y que a ti te amé, a ti quiera y por ti muera.

Señor Jesús que en nuestra última hora elevemos nuestra mirada hacia ti, para que tú nos asistas y nos lleves a la casa del padre.

El padre salvador es paralítico a causa de un accidente, lo único que es capaz de mover son los músculos de los hombros, el cuello y el rostro.

El padre es una persona feliz a pesar de su incapacidad. Desde su silla escucha y consuela a muchas personas. Desde su situación de enfermo el padre enseña el sentido de la vida a muchas personas que lo han perdido. Hay diferencia entre dar la vida y que se la arrebaten a uno. Quien entrega la vida lo hace con paz y su sacrificio da fruto, genera vida para otros.

Jesús y el Padre salvador nos dan vida con su entrega: uno clavado en una cruz, el otro a una silla de ruedas.

Señor Jesús, ayúdanos a ser fieles a tu palabra y que sepamos compartir con nuestros hermanos la dicha de seguirte en el camino a la cruz.

María, salud de los enfermos Ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 

Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, al hijo y al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen. 

JACULATORIA

Por tu pasión y muerte, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad.

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

13. Décimo tercera Estación :Jesús bajado de la Cruz a los brazos de su Madre

Estacion13_Jesus_es_bajado_de_la_cruz-742x1024

 

Te adoramos, cristo, y te bendecimos.  porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús es bajado de la cruz. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo.  y los dolores y lágrimas de su santísima madre.

“Hijo, ¿porqué nos has hecho esto?  Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.  Y El les dijo:  ¿Y por que me buscábais?  ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”.  (Lc 2, 48-49)

Señor, a la hora de tu muerte no estabas solo.  Allí estuvo ella.  Tu Madre.  Ella te recibió en sus entrañas de virgen por obra del Espíritu Santo, en la encarnación.  Y ella te recibe ahora en sus brazos, bajado muerto de la Cruz.  Es tan bello que alguien nos ame hasta darnos la vida… Y es tan bello que alguien nos ame hasta recibir nuestros despojos de muertos en sus brazos calientes de Madre…

Que cuando yo muera, Señor, tenga la dicha de morir en brazos de mi Madre María y de esta otra mi Madre que es la Iglesia.  Quiero que también entonces mi Madre la Iglesia que me concibió en su seno por el Bautismo, ahora me arrope con su fe, su amor y su esperanza.

Señor, a la hora de mi muerte que mi último suspiro sea un acto de fe en ti, un acto de fe en mi Madre la Iglesia.

Madre de misericordia, por la pena que padeciste cuando pusieron en tus brazos a tu amado hijo muerto. Te suplico me alcances verdadero arrepentimiento por mis culpas. María, madre de dios y madre nuestra, acuérdate de nosotros, se nuestra abogada.

Una mujer con muchas virtudes se encuentra abatida. Ella comenzó por estar a disgusto con todo y llevarle la contraria a todos, ahora no puede ver ni sus propias virtudes, a todo le encuentra un pero, ha caído en una fuerte depresión y le grita a cuanta persona se le atraviesa en su camino.

Señor Jesús, perdónanos por las veces en que no hemos confiado en ti y nos hemos dejado abatir por los problemas, sin querer ver todas las virtudes que nos has dado. Te pedimos muy especialmente por todas las personas que han caído en depresión o neurosis, dales las fuerzas necesarias para que puedan salir de esa situación y sigan su camino de encuentro contigo.

A las madres y demás familiares que lloran la desaparición de sus seres queridos, concédeles señor lágrimas de esperanza cristiana.

María, salud de los enfermos, ruega por ellos.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. 

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen. 

JACULATORIA

Por tu divina madre, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros!!

Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros. 

14.DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN : Jesús puesto en el santo sepulcro

Estacion14_Jesus_es_sepultado-742x1024

 Te adoramos, cristo, y te bendecimos. porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús es sepultado. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo. y los dolores de su santísima madre.

“Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, … su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios”.  (Rom 6, 8-11)

Ahora recuerdo lo que tú mismo dijiste un día:  “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda solo y no da fruto, pero si muere dará mucho fruto”.  Tú eres ese grano sepultado en la tierra.  Un grano que ya está brotando en nueva vida.  El domingo por la mañana, cuando las piadosas mujeres vayan a tu sepulcro, ya habrás brotado.  La muerte se habrá hecho vida y el crucificado habrá resucitado.

Me cuesta morir.  Me cuesta ser grano, porque aún estoy creyendo que esta vida que vivo es la única y verdadera vida.  Pero quiero pedirte que me hagas tú mismo, grano que muere, para que sea grano que brota y vive la nueva vida de resucitado contigo.

Señor, que mi esperanza sea más fuerte que mis miedos.  Que mi deseo de resurrección sea más grande que mis miedos a morir.
señora y madre nuestra, por la pena que sufriste al colocar a tú hijo en el santo sepulcro, te suplico que ablandes mi corazón y lo llenes de un amor grande para todos los hermanos.
Jesús, maría y josé, asístanme en mi última agonía. Rolo y chela son dos jóvenes a quienes la vida les ha jugado una mala pasada, o más bien muchas. Han intentado muchas soluciones, y todas han fallado.
Ya no pueden más. Cristo resucitado es la verdadera y única solución para el problema de la vida. Hay muchas puertas falsas. El alcohol, las drogas, la diversión por la diversión, y otras. Todos constituyen un intento desesperado por encontrar un camino. Si dejamos a cristo sepultado, cualquier solución que encontremos nos llevará, tarde o temprano a la muerte.

para todos los difuntos, te rogamos señor, cristiana sepultura.

María, salud de los enfermos ruega por ellos.

 Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo.

 Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen.

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, jesús. 

Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen.

 Gloria al padre, al hijo y al espíritu santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen.

Por el dolor de tu santísima madre, perdón señor, piedad, si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad.

Señor peque ten Piedad y misericordia de nosotros.

15. DÉCIMO QUINTA ESTACIÓN : Jesús Resucita

Resurreccion_de_Jesus-742x1024

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24,5-6).

Unas piadosas mujeres fueron al sepulcro de Jesús muy temprano.  El anuncio de la resurrección convierte su tristeza en alegría. Jesús está vivo y nosotros vivimos en Él para siempre. La resurrección de Cristo inaugura para la humanidad una renovada primavera de esperanza.

Jesús, enséñame a mantener siempre la esperanza.

Jesús había dicho antes de morir. “A mí la vida nadie me la quita, yo la entrego y la retorno cuando yo quiera”. Esas palabras se cumplieron al tercer día de la muerte y sepultura de Jesús. Por su propia fuerza, Jesús, hijo de Dios, une su alma a aquel cuerpo torturado y muerto y se aparece a sus amigos a los apóstoles y a unas 500 personas más.

Es por eso que la Resurrección de Jesús es el centro de la fe cristiana, pues si Cristo no hubiera resucitado, vana es nuestra fe y vana es nuestra esperanza.

Hoy como en los tiempos de Jesús de Nazareth, hay personas que no creen en la vida, en el mañana y menos en el reino de Dios, por lo que hay quienes viven dedicados a satisfacer necesidades superfluas y darle gusto solo a sus pasiones, hay personas que viven solo para consumir o para matar, matar y matar.

Además, hay quienes niegan el trabajo de Mujeres y hombres que aspiran a la equidad. “Hay quienes niegan las voces de hombres y mujeres que reclaman sus derechos”.

Hay quienes rechazan casi siempre a los pequeños e insignificantes y humildes, que son los que mejor entienden a Dios. Pero la resurrección de Jesús alienta nuestros esfuerzos para tener personalmente una vida renovada, para crear nuevas estructuras sociales basadas en el derecho, en la justicia de Dios, en la verdad y en el amor.

El sepulcro de Cristo no es el final de su historia.

Cristo el Señor vino para darnos la vida y su vida no podía concluir en el vacío de una tumba. Con su resurrección él dio un sentido a nuestra cruz y dio un sentido a nuestra muerte.

El Calvario tiene un final; los sufrimientos cesan, las lágrimas son enjugadas, la muerte es vencida.

Hemos sido creados para la vida.

Hemos sido creados para la luz.

Hemos sido creados para el cielo.

Hemos sido creados para Dios.

Señor,  tu muerte  nos  abrió  la  esperanza  de   la resurrección. Tú nos prometiste la vida eterna.

Has que  vivamos de  acuerdo  a esta Gracia que nos  regalaste, buscando  siempre amarte  y  amar  a aquellos que nos diste  por  hermanos.  Muchas veces  también, te sentimos sepultado por nuestras enfermedades.

Ayúdanos a no quedarnos sumergidos en nuestros dolores, sino que sepamos comprender que el sufrimiento es camino a la gloria, como para ti el sepulcro fue la puerta para la resurrección. Danos fuerzas señor para que seamos testigos de esperanza,  entre quienes nos rodean  y acuérdate de todos aquellos valientes misioneros, hombres y mujeres, que asumen la responsabilidad de llevar tu esperanza a todos los pueblos del mundo.

Señor Jesús, tú que has llevado al mundo decadente en tu pasión, concédenos trasformar la riqueza que hemos recibido de un amor tan grande en una vida nueva.

Amén.

Padre nuestro que estas en los cielos santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amen. 

Dios te salve maría, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa maría madre de dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, amen. 

 JACULATORIA

Gloria al padre, al hijo y al espíritu santo, Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amen. 

Por tu divina madre, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú bondad

¡¡Señor peque ten piedad y misericordia de nosotros!!.

ORACIÓN

+++01bibie

Esta noche hemos acompañado en la fe a Jesús, en el recorrido del último trecho de su camino terrenal, el más doloroso, el del Calvario. Hemos escuchado el clamor de la muchedumbre, las palabras de condena, las burlas de los soldados, el llanto de la Virgen María y de las mujeres. Ahora estamos sumidos en el silencio de esta noche, en el silencio de la cruz, en el silencio de la muerte. Es un silencio que lleva consigo el peso del dolor del hombre rechazado, oprimido y aplastado; el peso del pecado que le desfigura el rostro, el peso del mal. Esta noche hemos revivido, en lo profundo de nuestro corazón, el drama de Jesús, cargado del dolor, del mal y del pecado del hombre.

¿Que queda ahora ante nuestros ojos? Queda un Crucifijo, una Cruz elevada sobre el Gólgota, una Cruz que parece señalar la derrota definitiva de Aquel que había traído la luz a quien estaba sumido en la oscuridad, de Aquel que había hablado de la fuerza del perdón y de la misericordia, que había invitado a creer en el amor infinito de Dios por cada persona humana. Despreciado y rechazado por los hombres, está ante nosotros el «hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, despreciado y evitado de los hombres, ante el cual se ocultaban los rostros» (Is 53, 3).

Pero miremos bien a este hombre crucificado entre la tierra y el cielo, contemplémosle con una mirada más profunda, y descubriremos que la Cruz no es el signo de la victoria de la muerte, del pecado y del mal, sino el signo luminoso del amor, más aún, de la inmensidad del amor de Dios, de aquello que jamás habríamos podido pedir, imaginar o esperar: Dios se ha inclinado sobre nosotros, se ha abajado hasta llegar al rincón más oscuro de nuestra vida para tendernos la mano y alzarnos hacia él, para llevarnos hasta él. La Cruz nos habla de la fe en el poder de este amor, a creer que en cada situación de nuestra vida, de la historia, del mundo, Dios es capaz de vencer la muerte, el pecado, el mal, y darnos una vida nueva, resucitada. En la muerte en la cruz del Hijo de Dios, está el germen de una nueva esperanza de vida, como el grano que muere dentro de la tierra.

En esta noche cargada de silencio, cargada de esperanza, resuena la invitación que Dios nos dirige a través de las palabras de san Agustín: «Tened fe. Vosotros vendréis a mí y gustareis los bienes de mi mesa, así como yo no he rechazado saborear los males de la vuestra… Os he prometido la vida… Como anticipo os he dado mi muerte, como si os dijera: “Mirad, yo os invito a participar en mi vida… Una vida donde nadie muere, una vida verdaderamente feliz, donde el alimento no perece, repara las fuerzas y nunca se agota. Ved a qué os invito… A la amistad con el Padre y el Espíritu Santo, a la cena eterna, a ser hermanos míos…, a participar en mi vida”» (cf. Sermón 231, 5).

Fijemos nuestra mirada en Jesús crucificado y pidamos en la oración: Ilumina, Señor, nuestro corazón, para que podamos seguirte por el camino de la Cruz; has morir en nosotros el «hombre viejo», atado al egoísmo, al mal, al pecado, y haznos «hombres nuevos», hombres y mujeres santos, transformados y animados por tu amor. Amén.

Oración 

+++01cc

Jesús tomó su Cruz y se encaminó al Calvario. Desfiló por las angostas calles de Jerusalén.

Las gentes lo miraban.Y su Madre, María, lo veía también.Caminaba junto a las mujeres piadosas que seguían sus pasos, sus caídas, su sufrimiento.En ese camino lo encontró la Verónica. Y enjugó su rostro herido, con su propio velo.Y Jesús le regaló su rostro impreso en la tela, agradecido a su compasión.
Y llegó al fin del camino, que era la muerte en la Cruz.la humanidad.También por mí.Cristo me redimió, Cristo me salvó.Yo no estaba allí.Veintiún siglos después, ocupo en el mundo el lugar elegido por la Divina Providencia. El lugar y el momento.Y me siento en deuda con quien dio la vida por mí.Por eso, cada vez que la enfermedad me visite, sentiré que estoy sanando las heridas del Salvador.Cada vez que la limitación me prive, sentiré que estoy limpiando el Rostro del Salvador.Cada vez que un dolor moral me apriete, sentiré que estoy aliviando los sufrimientos de las espinas del Salvador.Cada vez que el cansancio debilite mis fuerzas para seguir mi camino, estaré besando los pies lastimados del Salvador, que seguían caminando hacia el sacrificio final.

Por todos. Por mí, también. Amén.

Oración.

+++01bibie

Te suplico, Señor, que me concedas, por intercesión de tu Madre la Virgen, que cada vez que medite tu Pasión, quede grabado en mí con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por mí y tus constantes beneficios. Haz, Señor, que me acompañe, durante toda mi vida, un agradecimiento inmenso a tu Bondad. Amén.

Virgen Santísima de los Dolores, mírame cargando la cruz de mi sufrimiento; acompáñame como acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario; eres mi Madre y te necesito. Ayúdame a sufrir con amor y esperanza para que mi dolor sea dolor redentor que en las manos de Dios se convierta en un gran bien para la salvación de las almas. Amén.

Oración.

navi_posad21

Jesús, Señor, Dios de bondad, Padre de misericordia, aquí me presento delante de Vos con el corazón humillado, contrito y confuso, a encomendaros mi última hora y la suerte que después de ella me espera.

Cuando mis pies, fríos ya, me adviertan que mi carrera en este valle de lágrimas está por acabarse; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mis manos trémulas ya no puedan estrechar el Crucifijo, y a pesar mío le dejan caer sobre el lecho de mi dolor; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mis ojos, apagados con el dolor de la cercana muerte, fijen en Vos por última vez sus miradas moribundas; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mis labios fríos y balbucientes pronuncien por última vez vuestro santísimo Nombre; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mi cara este pálida y cause ya lástima y terror a los circunstantes, y los cabellos de mi cabeza, bañados con el sudor de la muerte, anuncien que está cercano mi fin; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mis oídos, próximos a cerrarse para siempre a las conversaciones de los hombres, se abran para oír de vuestra boca la sentencia irrevocable que marque mi suerte para toda la eternidad; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mi imaginación, agitada por horrendos fantasmas, se vea sumergida en mortales congojas, y mi espíritu, perturbado por el temor de vuestra justicia, a la vista de mis iniquidades, luche con el ángel de las tinieblas, que quisiera precipitarme en el seno de la desesperación; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mi corazón, débil y oprimido por el dolor de la enfermedad, esté sobrecogido del horror de la muerte, fatigado y rendido por los esfuerzos que hubiere hecho contra los enemigos de mi salvación; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando derrame mis última lágrimas, síntomas de mi destrucción, recibidlas, Señor, en sacrificio de expiación, para que muera como víctima de penitencia, y en aquel momento terrible, Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mis parientes y amigos, juntos a mí, lloren al verme en el último trance, y cuando invoquen vuestra misericordia en mi, favor; Jesús misericordioso, tened compasión de mi.

Cuando perdido el uso de los sentidos, desaparezca todo el mundo de mi vista y gima entre las últimas agonías y afanes de la muerte; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando los últimos suspiros del corazón fuercen a mi alma a salir del cuerpo, aceptadlos como señales de una santa impaciencia de ir a reinar con Vos, entonces: Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Cuando mi alma salga de mi cuerpo, dejándolo pálido, frío y sin vida, aceptad la destrucción de él como un tributo que desde ahora quiero ofrecer a vuestra Majestad, y en aquella hora: Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

En fin, cuando mi alma comparezca delante de Vos, para ser juzgada, no la arrojéis de vuestra presencia, sino dignaos recibirla en el seno amoroso de vuestra misericordia, para que cante eternamente vuestras alabanzas; Jesús misericordioso, tened compasión de mí.

Oración.

oracion2

Oh Dios mío, que condenándonos a la muerte, nos habéis ocultado el momento y la hora, haced que viviendo santamente todos los días de nuestra vida, merezcamos una muerte dichosa, abrasados en vuestro divino amor. Por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con Vos, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración.- 

images

Señor, Jesús, caminando contigo el mismo camino del sufrimiento, uno se siente más aliviado.  El dolor sigue siendo el mismo.  Pero tu presencia lo hace más llevadero.  Al terminar mi Vía Crucis, yo sigo clavado en mi cruz de la enfermedad, pero siento que me duele menos.  Porque tu presencia y tu compañía ponen luz y esperanza en mi camino.  Sé que tú no me descolgarás de mi cruz, como tampoco tú quisiste bajar de la tuya. Pero ya es bastante saber que mi dolor no te es ajeno sino que tú mismo has querido compartirlo.  Te pido, Señor, que así como tú compartes mi dolor me enseñes a compartir tu esperanza pascual.  Juntos, por el mismo camino de la Cruz, pero juntos también camino de la pascua.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amen.

Oración:

++81a
El Valor del Sufrimiento
A  nadie le gusta sufrir. Tampoco le “gustó” a Jesucristo. Sin embargo lo abrazó por amor. En el Huerto de los Olivos exclamó: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.» Mateo 26, 39. He aquí el inestimable valor del sufrimiento: abrazarlo libremente por amor, en unión con Jesucristo; Sufrir para ser fiel al camino del amor.

Hay muchas formas de sufrimiento que afectan al cuerpo. Sin embargo, los sufrimientos mayores son los del corazón: conflictos familiares, disgustos entre personas que se aman… Tarde o temprano todos sufrimos, todos tenemos así la oportunidad de ofrecernos a Dios en comunión con Cristo. Por eso los hermanos que están postrados por enfermedad pueden dar más fruto, salvar más almas y hacer más bien que muchos otros con numerosos apostolados activos pero con menos amor.

Jesucristo sufrió hasta el extremo en la cruz por amor a nosotros. Esta es la clave: Por Amor. Todo, absolutamente todo, hemos de vivirlo, de abrazarlo por amor. Así nos redimió Jesús. Es cierto que cada palabra y acción de Jesús es parte de su obra salvadora. Pero fue especialmente por medio de sus sufrimientos en la Cruz que fuimos librados del pecado.

El sufrimiento es una oportunidad para unirnos a Cristo y cooperar en la redención del mundo. De nada vale el sufrimiento por sí mismo. Lo que vale es la entrega amorosa que hacemos de él a Dios. Es por eso que el sufrimiento es una gran oportunidad y sería terrible desperdiciarla.

La cruz, la señal del cristiano, es signo de nuestra entrega al sufrimiento por amor. Nos recuerda a Cristo, que se entregó por nuestra redención. Nosotros, siendo su Cuerpo, hemos de sufrir en unión a Él, que es nuestra Cabeza. Hacemos la señal de la cruz para recordar este compromiso. Todo lo que hacemos debe ser “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” y todo por amor, abrazando nuestra cruz.

“Desde la cruz se contempla mejor el cielo”
El sufrimiento tiene un gran valor cuando lo abrazamos por amor. Ante el dolor podemos unirnos a la cruz de Cristo o reaccionar con rebelión y culpar a Dios. El sufrimiento tiene un gran valor: expía el mal, une al sacrificio de Jesucristo como expresión de amor y confianza en Él y ofrece a Dios un sacrificio de alabanza. El sufrimiento unido a los padecimientos de Cristo nos asemeja a Él, que libremente abrazó la cruz por amor. Dice San Pablo:

Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. -Colosenses 1,24

Solo a la luz de la fe podemos confiar en Dios y crecer en medio de los sufrimientos. Le invito a meditar:

Sufrimientos abrazados libremente por amor
Frecuentemente el cristiano es llamado a tomar el camino que más cuesta, el camino donde hay sufrimiento. Lo motiva la fidelidad al amor y el compromiso al cumplimiento del deber. Amar siempre  exige sufrimiento. Jesús escogió el amor hasta la muerte. Tenemos la opción de renunciar a esa exigencia pero entonces dejaríamos de amar. Podemos tomar el camino fácil del egoísmo y del placer o podemos optar por el camino del amor que requiere renunciar al pecado y a la mediocridad. El sufrimiento es entonces una libre opción tomada por amor. El camino del amor es estrecho y pocos van por él, porque no quieren sufrir. Es así que la mayoría abandona a Jesús.

“El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre”

Sufrimientos inevitables
También hay sufrimientos que no se pueden evitar: enfermedades, injusticias contra nosotros… También en estos casos podemos adquirir mérito porque somos libres para vivirlo con amor y unirnos a los sufrimientos de Cristo. Ante el sufrimiento podemos cooperar con Su obra redentora o podemos rebelarnos. Vemos el ejemplo de los dos ladrones crucificados con Jesús. Ninguno de los dos podía evitar su cruz. Pero si debían decidir cómo vivirla. Para uno, aquella agonía fue ocasión de llenarse de resentimiento y odio inútil. Para el otro, sin embargo, fue el momento de encontrarse con Jesús, abrir su corazón y encontrar su salvación.

El amor nos mueve a compadecernos de los que sufren y hacer lo posible por eliminar los males que causan sufrimientos: la injusticia, la pobreza, la enfermedad… Seremos juzgados según nuestra respuesta al sufrimiento de nuestros hermanos.

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis…” Mateo 25,34-35

El apostolado del sufrimiento
Jesús nos enseña a sufrir por amor. Ayudamos al prójimo en la proporción en que hacemos bien a su alma y no hay mayor bien para las almas que las gracias obtenidas por medio de la oración unida al sacrificio libremente ofrecido.

No hay nada más valioso y que de más fruto que el sufrimiento entregado al Padre unido al de Jesús. Por eso la cooperación con Dios en la salvación de la humanidad está al alcance de todos. Dios no necesita que hagamos grandes cosas según nuestra idea de lo que es grande. Lo que si quiere de nosotros es que le entreguemos nuestro corazón, nuestra vida, con todas sus situaciones de gozo pero también de sufrimiento. ¿Por qué es tan valioso el sufrimiento? Porque es el momento de mayor oportunidad de confiar y de unirnos a Jesús por amor. La mayor prueba del amor se da cuando se sufre por el amado.

Juan Pablo II, hablando del sufrimiento dijo:

Los enfermos y los que sufren están en el mismo centro del Evangelio. Predicamos a Cristo crucificado, lo que significa que predicamos una fuerza que surge de la debilidad. Cuando los enfermos están unidos con Cristo, la fuerza de Dios entra en sus vidas» hasta tocar el mundo.

El sufrimiento humano puede mostrar la bondad de Dios». Es posible, reconoció, que «la experiencia del sufrimiento desanima y deprime a mucha gente, pero en las vidas de otros puede crear una nueva profundidad de humanidad: puede traer nueva fuerza y nueva intuición. El camino para comprender este misterio es nuestra fe».
-JPII, 30 oct. 1998

Es por eso que el Santo Padre tanto valora el apostolado del sufrimiento. No debemos esperar hasta que nos venga una grave enfermedad para ejercerlo. Este apostolado está abierto a todo quien tenga fe y amor. Por la fe apreciamos la nobleza del sufrimiento ya que Jesucristo se hizo hombre y nos salvó sufriendo hasta la muerte. Por el amor hacemos de cada sufrimiento un sacrificio. Es más, quién mucho ama llegará hasta gozarse de sufrir por el amado.

Es cierto que la Sangre de Cristo es más que meritoria para lograr la salvación. Pero Él ha querido que esta salvación se reciba por medio de la cooperación de los pecadores. Es por eso esencial que unamos nuestra cruz personal con la de Nuestro Señor.

Debemos decir con San Pablo “Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Colosenses 1:24).

Damos por finalizado este Vía Crucis por los enfermos.

Que la bendición del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre todos nosotros y nuestras familias y nos acompañe siempre.
Amén.