19 Un ayuno rutinario

El ayuno es costumbre más judía que cristiana. Incluso, si apuramos un poco, es rito maniqueo más que profético. «Sello de la boca», porque la materia y los alimentos son impuros. Los grandes profetas judíos entendieron y explicaron maravillosamente el sentido verdadero del ayuno (Is. 58; Am. 5,21-25; 05-6,6; Mi. 6,8…). Y Jesús, nuestro Maestro, nos enseñó con su doctrina y su praxis que lo que entra por la boca no mancha al hombre; que no se debe ayunar en un banquete de bodas, cuando el novio está presente; que se debe ayunar en cambio de todo egoísmo, de toda injusticia, de toda avaricia, de toda maldad (Mc. 2,18-22; 7,15-23).

Si el ayunar fuera un mérito, tendríamos que canonizar a todos los hambrientos de la tierra. No es el comer o el ayunar lo que importa, sino el espíritu con que se come o se ayuna. Jesús ayunó como el mayor de los ascetas y compartió la mesa de los ricos y los pobres, de los justos y pecadores, hasta granjearse el calificativo de «comilón y borracho» (Mt. ll,l9). Yo puedo alabar a Dios si me privo de un alimento y puedo alabar a Dios si tomo un alimento, y alabo mejor a Dios si comparto el alimento. Un vaso de agua bebido y agradecido es un acto virtuoso; un vaso de agua esparcido en tierra como ofrenda a Dios es también un acto virtuoso, pero no necesariamente más que el primero. Y aún existe otra alternativa mejor: dar ese vaso de agua al prójimo que lo necesita. Ese vaso sí que lo bebe Dios.

Sea éste nuestro ayuno. No el ayuno que me impone una ley, sino el que me pide la caridad. Sólo ayuna bien el que ayuna desde el amor y para amar. El miércoles de ceniza ayunan los cristianos. Habría que ver qué tanto por ciento. Pero este espectáculo produce desazón. ¿A qué se reduce ese día de ayuno? ¿Por qué y para qué y cómo ayunamos? ¿Para cumplir o para hacer obras buenas? ¿Para imitar a Cristo en el desierto? No sé si ganaremos méritos, ¿pero ganan algo los pobres con nuestro ayuno? ¿Dejan de ayunar por eso los hambrientos del mundo? Porque éste es el problema; si el hambre es el mayor castigo y el mayor pecado de nuestro tiempo, ¿no resulta ridículo y hasta burlesco el que ayunemos un día, para seguir tranquilos, sintiéndonos buenos cristianos?

Ayunemos desde la solidaridad. Hoy sólo se puede hablar de ayuno gritando la injusticia en que vivimos. Hoy sólo se puede ayunar luchando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor, la impotencia y la rabia de los millones de hambrientos. Ayunar es amar. El ayuno que Dios quiere sigue siendo el de partir tu pan con el hambriento; el privarte no sólo de los bienes superfluos, sino aún de los necesarios en favor de los que tienen menos; el dar trabajo al que no lo tiene o ayudar a solucionar el problema del paro; el curar a los que están enfermos de cuerpo o de espíritu; el liberar al drogadicto o prevenir su caída; el denunciar toda injusticia; el dar amor al que está solo y a todo el que se te acerca.

Ayunar es amar. No demos importancia a la comida de la que se priva un satisfecho. Damos importancia a la comida que posibilitamos a un hambriento. No importa quedarnos nosotros un día sin comer. Sí importa dar a Dios un día de comer. Sea, pues nuestro ayuno voluntario el impedir los ayunos obligados de los pobres. Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.

También concedo otra legitimación del ayuno. Sea el ayuno signo de nuestra libertad y protesta contra la tiranía del consumismo: Bienvenido este miércoles de ceniza si me entrena en la lucha permanente contra las seducciones consumistas. Ayunemos para saber decir no a la oferta seductora de la manzana paradisíaca o televisiva. No quiero ser puro cliente del mercado. Ayunemos para la libertad. Y ayunemos para la austeridad. Ayunemos para nuestra paz; por aquello de que no es más feliz el que más tiene y más consume, sino el que más es y menos necesita.

(_CARITAS/87-1)

SOLIDARIDAD

«Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros… Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande».

AYUNO-SOLIDARIO:

«Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye su alimento, sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Así pues, hermanos, cuando ayunemos, coloquemos nuestro sustento en manos del pobre».

CONSUMO/IDOLATRIA IDOLATRIA/CONSUMO:

-Una lección de austeridad

Es la primera lección de este breve cursillo antropológico. No se trata de discutir sobre ritos, comidas y bebidas. Sabemos bien que «el Reino de Dios no es comida ni bebida» (Rm. 14,17); que «no somos menos porque no comamos, ni somos más porque comamos» (ICor. 8,8); y que «el no tomes, no gustes, no toques, son cosas destinadas a perecer» (Col. 2,21-22). Se trata de valorar la austeridad como un camino de libertad y de amor, o,lo que es lo mismo, como un medio para conseguir más humanidad.

Esta enseñanza de la austeridad nos viene hoy a contrapelo. La religión que impera actualmente en la mayoría de los países es el consumismo. Sus invitaciones son irresistibles y sus razones son poderosas. «Consume y sé feliz». El consumo es necesario, porque calienta los motores económicos. El consumo satisface las necesidades y los deseos. El consumo significa progreso y alto nivel de vida.

-La peor de las drogas

Pero esta religión del consumismo es idolátrica, y por lo tanto engañosa y cruel. Engañosa, porque la satisfacción de los deseos -casi siempre provocados artificialmente- no engendra felicidad y, a veces, ni siquiera placer; lo que produce desencanto e insatisfacción. Cruel, porque el ídolo consumista castiga con la esclavitud y la dependencia. Es la peor de las drogas. En vez de vivir, te des-vives. Corres locamente, como el galgo en el canódromo, detrás de una liebre llena de serrín. Cruel también porque esta ansiosa persecución de las cosas engendra enormes injusticias y desigualdades sociales. «No se trata de una liberación de nuestras carencias, sino de nuestro consumo en el que acabamos por consumirnos nosotros mismos»

canción del alma

Contra la ley del consumo el miércoles de ceniza nos predica austeridad. Nos enseña que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita; que no es más libre el que más consume, sino el que más comparte; que no es más hombre el que más engorda, sino el que más crea. La felicidad no es producto de consumo, sino canción del alma; no entra de fuera adentro, sino que sale de dentro afuera.

-LLamada de atención

Ayunar y abstenerse de comer carne. Más que una ley es una llamada de atención, un signo pedagógico. Ayunamos para la libertad y el amor, para liberarnos de las cosas y compartirlas. Si no es así, mejor que no ayunes, porque ese ayuno legalista serviría para tu propia autojustificación. Si te conformas con ayunar, crees que llegas al límite del cumplimiento, cuando no has empezado ni el catón; crees que agradas a Dios, cuando no eres más que un esclavo de la ley. El yugo y la carga de Jesús no son ayuno y cenizas. El ayuno y la ceniza que Dios quiere ya están claros desde Isaías. Te lo traduzco hoy en los siguientes decálogos:

El ayuno que Dios quiere

  • que no hagas gastos superfluos,
  • que tus inversiones las pongas en el banco del tercer mundo y en la cuenta corriente de los pobres,
  • que prefieras pasar tú necesidad, antes que la pase el hermano,
  • que ofrezcas tu tiempo al que te lo pida,
  • que prefieras servir a ser servido,
  • que tengas hambre y sed de justicia,
  • que te comprometas en la lucha contra toda marginación,
  • que veas en todo hombre a un hermano,
  • que veas en el pobre y todo el que sufre un sacramento de Cristo,
  • que esperes cada día una nueva humanidad.

La abstinencia que Dios quiere

  • que no seas esclavo del consumo, los juegos, las modas,
  • que te abstengas de tanta TV. y tanto vídeo,
  • que frecuentes menos los bares, discotecas y lugares parecidos,
  • que no seas esclavo ni del sexo ni de nada,
  • que te abstengas de toda violencia,
  • que respetes todo ser vivo,
  • que te abstengas de palabras ociosas y necias,
  • que te alimentes de la palabra de Dios,
  • que comas la carne de Dios.

La ceniza que Dios quiere

  • que no te consideres dueño de nada, sino humilde administrador,
  • que no te gloríes de tus talentos, sino que con ellos edifiques a los demás,
  • que no te creas santo o te creas algo, porque santo y grande sólo es Dios,
  • que no te deprimas ni te acobardes, porque Dios es tu victoria,
  • que aprecies el valor de las cosas sencillas,
  • que valores más la calidad que la cantidad,
  • que vivas el momento presente, sin tantos miedos y añoranzas,
  • que estés abierto siempre a la esperanza,
  • que ames la vida y la defiendas,
  • que no temas la muerte, porque siempre es Pascua.

EL VERDADERO AYUNO

Debe ir unido con el amor al prójimo y comporta una búsqueda de la verdadera justicia (Is. 58, 2-11)

Alcanza su sentido pleno, cuando nos asimila “a la Cruz de Cristo”. Es el significado específico del ayuno pascual

Lo expresa bellamente ·Agustin-SAN: “Ayunemos, pues, humillando nuestras almas ante la proximidad del día en que el Maestro de la humildad se humilló a si mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz. Imitemos su crucifixión sujetando a la cruz, con los clavos de la abstinencia, nuestras pasiones desenfrenadas” (sermón 208 sobre la Cuaresma) .

-AYUNAR SIN AYUNAR

Podemos “cumplir la ley a la letra”. Pero no su espíritu. Podemos, “ayunando, no ayunar”. Oigamos a · SANJUAN-CRISOSTOMO-: “Cuando ayunéis os decía que podíais muy bien hacerlo sin ayunar; hoy os digo que se puede ayunar igualmente no ayunando. Quizás os parezca enigmático este lenguaje; voy a daros enseguida la clave. ¿Cómo es posible, ayunando, no ayunar? Así ocurre cuando, renunciando al alimento, no renuncia uno a sus pecados. ¿Cómo es posible, no ayunando, ayunar? Así es cuando uno usa el alimento sin usar el pecado. Este ayuno es mucho mejor que el otro. Y no sólo mejor, sino además más fácil”

El ayuno que Dios quiere

Un día de ayuno, amigos, es como el guardar un minuto de silencio. No tiene un valor práctico, sino simbólico. Un minuto de silencio no arregla problema alguno, pero crea solidaridad. Nos privamos durante un minuto del habla, para manifestar rechazo, dolor, indignación, compasión. Es como un ayuno mental. Que cesen las palabras, pero que hablen los hechos; que calle el entendimiento, pero que grite el corazón. No hay nada más elocuente que un minuto de silencio. Un minuto de silencio puede ser un minuto de escucha, un minuto de reflexión, un minuto de compromiso, un minuto de amor.

-Ayunar es amar

Un día de ayuno debe ser también un día de amor y una semilla de esperanza. Cada día de ayuno debiera traducirse en un paso contra el egoísmo, un esfuerzo de comprensión, un compromiso por la justicia, un trabajo por la paz, una violencia de amor.

Ayunar es convertirse

Un día de ayuno no nos convierte, pero nos hace consciente de la necesidad de convertirnos; no soluciona el problema del hambre, pero nos solidariza con los hambrientos; no nos libera del consumo, pero nos inicia en el ejercicio de la libertad. Es como una breve y multiplicada huelga de hambre. Es protesta contra la injusticia, es llamada a la conversión, es grito profético. Se castiga uno a sí mismo, para que otros no sean castigados. Se hace parar al estómago, para que trabaje el espíritu. Se priva uno de alimentos, para que nos privemos de los vicios.

Ayunar es dejarse arrebatar por el hermano

Siguiendo las enseñanzas de Jesús, sus discípulos, nosotros, no tendríamos que ayunar, porque a los amigos del novio no se les ocurre ayunar cuando el novio está con ellos. Se nos permitirían si acaso tres días de ayuno por los tres días que el esposo nos fue arrebatado. Y podemos ayunar cuantas veces nos sea arrebatado el esposo: en cada hermano injustamente condenado o cruelmente asesinado o en cada hermano que dejamos morir o abandonamos en su soledad.

Nuestro ayuno no es una imposición, es una necesidad. ¿Es que no se te han quitado nunca las ganas de comer? Pues, enhorabuena, amigo, por tu buen estómago. Es lo que más admiro del rico Epulón, capaz de comer espléndidamente delante de un hambriento. Normalmente, cuando te conciencias de tanto sufrimiento injusto, se te quitan las ganas de llevarte bocado a la boca.

-Nuestro ayuno es signo de solidaridad

Queremos unirnos voluntariamente a todos los que ayunan necesariamente. Queremos comulgar con los hambrientos del mundo y comprometernos en la lucha por su liberación. «El ayuno que yo quiero es éste…; partir tu pan con el hambriento…»

Nuestro ayuno es signo de justicia

Estamos viviendo en un mundo cruel, donde a unos se le hincha el estómago de comer y a otros el vientre de no comer; donde un 25% de epulones banquetea espléndidamente y un 75% de Lázaros debe conformarse con las migajas. Así que muchas de nuestras comidas tienen el amargo sabor de lo robado.

-Nuestro ayuno es signo de libertad

Me libero de las leyes tiránicas del instinto y del consumo. No me dejo seducir por las ofertas deslumbrantes del comercio. No quiero vivir para consumir. Quiero vivir para amar. Quiero vivir en el amor.

-Signo de amor

En el fondo, nuestro ayuno, todo ayuno verdadero, es un signo de amor. Se ayuna para amar y solamente para amar. Al empezar la cuaresma, un día de ayuno. Sea un día de silencio, un día de oración, un día de amor. No te costará demasiado. Será para ti como una exigencia de solidaridad.

 

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